Esta vez fue por escrito y con su rúbrica, aunque quizás apremiado
por los trajines del descanso de fin de semana y los paseos con su
perrita Spot.
Pero mencionó de forma equivocada el 16 de septiembre de 1867 como
la fecha en la que los mexicanos lograron su independencia, cuando en
realidad esa gesta histórica se concretó en 1810.
Y para tropezar de nuevo con la misma piedra, en una corrección
posterior fue anulado el mes, pero no el año, cuando en realidad la
fecha de 1867 correspondía al fin de la intervención francesa en
México.
Tanto el Presidente como sus asesores parecen competir en eso de
desconocer o ignorar la historia, aunque se trate de un país como
México, al que Estados Unidos le arrancó el 51% del territorio.
W. Bush, no obstante, dijo en su disparatada proclama que la
conmemoración de la fecha —no sé a cuál se refería, si a la real o a
la inventada por él— debe ser una oportunidad de reconocer los
"fuertes lazos" de familias, economía y cultura entre ambas naciones.
Por supuesto, no mencionó para nada aquella época en que se produjo
la anexión de Texas, o la conquista por la fuerza de California, Nuevo
México o Arizona, y que obligó a configurar un nuevo mapa mexicano a
partir de 1848.
Tampoco Bush hizo alusión alguna al humillante muro de unos 1 000
kilómetros que Washington levanta en su frontera con la nación azteca.
Ni de las deportaciones de mexicanos desde Estados Unidos, que
aumentaron un 300% durante el año 2007. O las redadas contra los
inmigrantes y los miles que han perecido en su peregrinar hacia la
potencia vecina.
También ¿por qué no? el presidente norteamericano debió recordar la
aplicación del Tratado de Libre Comercio, que ha destrozado la
agricultura y la pequeña empresa mexicanas y hecho subir de forma
vertiginosa el precio de los alimentos, principalmente del maíz,
fundamental para la canasta familiar de ese país.