La Empresa Tabacalera Lázaro Peña, en La Habana, fue la primera
del sector agrícola en el país en eliminar el empleo de bromuro de
metilo y con ese fin introdujeron el uso de las bandejas flotantes
en los semilleros.
El bromuro de metilo es un nocivo elemento que contamina el suelo
por acidez y como dispara el gas acompañante a la atmósfera causa
daños a la capa de ozono.
Por esa razón figura entre las sustancias que afectan el entorno,
las que aparecen citadas en el Protocolo de Montreal y otros
convenios internacionales relacionados con la protección del medio
ambiente, los que plantean la eliminación del dañino desinfectante
en el mundo, antes de 2015.
En Cuba, el bromuro de metilo era empleado en el tabaco para
evitar plagas y enfermedades en las plantaciones, pero el país,
signataria de esos protocolos, se comprometió a erradicar su
aplicación previo a ese plazo.
La rama tabacalera, donde más extendida estaba su utilización,
cumplió el compromiso, ya que en el sector tenían estudios al
respecto para el tabaco de vega fina y la capa exportable que se
producen, fundamentalmente, en Pinar del Río y La Habana.
El factor para lograrlo radicó en la introducción de la
tecnología de bandejas flotantes o cepellones en los semilleros.
En esos recipientes se introduce un sustrato conformado por
materia orgánica, fertilizante y otros elementos, con los cuales se
forma un suelo descontaminado, donde se cultivan las posturas libres
de infección.
Las bandejas flotantes no requieren del empleo de bromuro de
metilo ni de ningún otro desinfectante, ellas ahorran un 70 por
ciento de agua respecto al sistema convencional de siembra en el
suelo, así como minimizan y humanizan el trabajo del hombre.
Posibilitan también el aplicar las dosis exactas de
fertilizantes, lo que permite economizar el 50 por ciento de estos
nutrientes