|
El combate de Ramón de Las Yaguas
Una victoria para Santiago
Belarmino Castilla Más
(Aníbal) Comandante del Ejército Rebelde
La Huelga General del 9 de Abril se concibió con apoyo armado con
el propósito de contrarrestar la represión que imponía la tiranía.
Belarmino
Castilla (Anibal) y Antonio Enrique Lussón, en el Segundo Frente.
El más importante de los grupos de apoyo a la huelga en Santiago de
Cuba atacó el cuartel de Boniato, comandado por René Ramos Latour con
33 combatientes más 11 al mando del teniente Idalberto Lora que se
emboscaron en el crucero de Villa Nenita (Cuabitas) para enfrentar el
refuerzo procedente del Moncada, a solo cinco minutos.
Dejemos que sea el propio Daniel quien resuma el combate en
fragmentos de su carta del día 10, dirigida a la Dirección Nacional, a
través de Vilma.
Att. Déborah
Haciendo un notable esfuerzo a fin de producir un hecho de
resonancia antes de la convocatoria de la huelga, logré seleccionar
una fuerza bien armada entre todos los hombres acuartelados¼
de ese modo a las 3:45 de la madrugada abrí fuego contra el cuartel de
Boniato, seguido por un fuego cerrado de ametralladoras¼
Comenzando el fuego y haciendo derroche de valor una escuadra¼
que me acompañaba y que hacíamos fuego por el frente izquierdo, el
cuartel era cruzado por nuestras balas.
A los 15 minutos ya la resistencia del enemigo iba decreciendo.
Esto lo hacen con la doble intención de esconderse mejor,
probablemente tirados en el suelo y esperar los refuerzos que habían
salido desde el Moncada con una tanqueta equipada con ametralladora 50¼
y un camión blindado con 30 ó 50 y un gran número de soldados armados,
sin embargo esto no intimidó al teniente Lora y los hombres bajo su
mando que les hicieron fuego¼ aunque en
definitiva tuvieron que retirarse¼ esto fue
suficiente para darnos tiempo preciso para poder retirarnos sin
dificultad¼
Por tanto preferí conformarme con la victoria sicológica que
representa el permanecer atacando un cuartel a 5 minutos del Moncada
durante una hora y media, hacerle un número de muertos o heridos y
retirarme sin una sola baja por parte nuestra.
Cuando Daniel escribió esta carta aún desconocía que había tenido
dos muertos, Antonio Robert y Armando Suárez Sotomayor, quienes se
habían quedado en el crucero de Boniato por si venía algún refuerzo de
la cárcel al cuartel. Dicho refuerzo disparó sobre ellos, les causó
heridas y después los remató.
La retirada desde Boniato se produce a través de la intrincada
sierra de la Gran Piedra. Tras incorporar el grupo alzado allí, al
mando del teniente Roberto Castilla, la naciente columna arribó en la
noche a la Idalia, al sudeste de la Gran Piedra, bajo un fuerte
aguacero.
Tras el fracaso de la huelga, a solicitud de la Dirección Nacional,
Daniel baja al llano a reincorporarse a su puesto de Jefe de Acción
Nacional del Movimiento y me entrega el mando de la Columna.
Antes habíamos decidido que el próximo objetivo a atacar sería el
cuartel de Ramón de las Yaguas. En la noche del 15 en difícil marcha,
llegamos a San Flor donde hicimos campamento. Aquí se nos incorporó el
grupo de escopeteros de Esmérido Rivera, alzado en la zona.
Poco después llegó el pelotón del capitán Manals, que había quedado
en el campamento de Boniato y debió realizar una difícil travesía.
Con esas fuerzas, procedimos a reorganizar la columna rebelde que
quedó como Columna 9 "José Tey", integrada por tres pelotones:
Vanguardia, al mando del capitán Nino Díaz; Centro, bajo las órdenes
del capitán Miguel A. Manals (Orlando Regalado se haría cargo más
tarde), y el 3, comandado por el capitán Manuel Jacas, más una
escuadra de la Comandancia, al mando de César Lara.
En la tarde del 21 de abril, la bisoña columna partió de San Flor y
después de larga y accidentada marcha por tupidos bosques, con alturas
superiores a los 1 000 metros, llegamos con el alba al abandonado
aserrío La Africana, situado a más de un kilómetro al sur de Ramón de
las Yaguas y allí hicimos campamento.
La columna partió el 26 en dirección al Ramón. Al amanecer del 27
llegamos a Campo Rico donde hicimos campamento. Dicen los
historiadores que al lugar le llaman la Ceiba del General, porque allí
acampó la tropa del General José Maceo, "el león de Baconao".
Llamé a los jefes de unidades a la Comandancia y utilizando un
croquis del cuartel que había hecho Antonio Enrique Lussón,
aprovechando que se llegó hasta su interior con el pretexto de
chequear la guía de la mercancía que tiraba por la zona, copié este en
el suelo e impartí las misiones para el combate.
Al siguiente, día 28 de abril, la columna marchó rumbo a su
objetivo. En la noche arribamos al Alto de Ampudia a un kilómetro del
Ramón. Allí, subido en pequeño muro dirigí una arenga a la tropa.
¼ "Combatientes: vamos a atacar el
cuartel del Ramón de las Yaguas con una fuerte guarnición. Los que
quieran quedarse pueden hacerlo sin ser sancionados. Al haber
fracasado la huelga hay que mantener alto los ánimos. Hace falta una
victoria para Santiago. ¡Libertad o Muerte!..."
Todos los revolucionarios se mantuvieron firmes.
El
ataque.
Al llegar al río me adelanté con los jefes de pelotón y tras subir
el paredón divisamos a unos 300 metros las luces del poblado. La hora
del ataque la había fijado para las 11:00 de la noche, pero con los
tropiezos de la marcha y el difícil cruce del río, cuando sonó el
primer tiro era cerca de la 1 de la mañana del 29. El americanito Doc
Soldini, emocionado, disparó su fusil mientras gritaba ¡Viva Cuba
libre! Se había perdido el factor sorpresa.
El pelotón 3, que debía recorrer una distancia más larga para
ocupar su posición, chocó con una posta cosaca e intercambiaron fuego.
El combatiente Francisco González, de solo 15 años, fue herido de
gravedad. Dos guardias fueron presos y se les ocuparon dos fusiles.
Por la derecha, el pelotón 1 al mando de Nino con Lora y Lussón,
avanzó ligero y atacó la posta cosaca de la valla. Los guardias de
allí se retiraron para el cuartel. El pelotón 2, del centro, al mando
del capitán Regalado, avanzó por el fondo del cuartel hacia la
caballeriza. Junto al mismo atacaba la escuadra de la comandancia.
El primer pelotón avanzaba disparando por el flanco derecho cuando
una ráfaga de la ametralladora calibre 30 enemiga hirió muy grave al
teniente Idalberto Lora en el vientre, el que fue sacado del combate
por Lussón y otros dos combatientes.
El jefe de la columna ordenó que se le llevara rápidamente a Noel
Estévez "el enfermero", quien había recibido la misión de mantenerse
cerca del río con dos camilleros y las mochilas con las medicinas.
Pero en ese instante el sargento Luis Calvo, de la escuadra de
escalamiento, había sacado con heridas graves al propio enfermero Noel
quien, disparando con su revólver, se había lanzado al combate y
llegado hasta el frente del cuartel.
Poco después, por un costado de mampostería del enclave enemigo, la
escuadra de escalamiento, al mando del teniente Tony Gómez, recostó la
pesada escalera a la pared y comenzó a lanzar sus cohetes Molotov
sobre el techo del cuartel que comenzó a incendiarse.
En tanto yo penetré con Regalado en la tienda contigua al cuartel.
De un barril de alcohol que había, con la ayuda de Manuel Garrido y
otros vaciamos botellas de cerveza y las llenábamos del inflamable
pasándolas por una cadena humana a la escuadra de escalamiento que las
lanzaba sobre el cuartel, avivando las llamas.
La tropa combatía con fogosidad y al ver las llamas conminaba a la
rendición a la guarnición enemiga, integrada por 18 guardias y unos 30
masferreristas, fuertemente armados.
Así, por ejemplo, el teniente Roberto Letusé, que disparaba con su
Thompson sobre el nido de ametralladoras, llegó tan cerca de los sacos
de arena que partículas de estos se le incrustaron en los ojos,
perdiendo la vista momentáneamente.
También Rolo Monterrey con su Madsen 30, disparaba incesantemente
encaramado en el muro del cuartel apoyado por Teobaldo Castillo y
Pepito Cuza. Herido en la frente, César Lara, disparaba frenético con
su M-1. Muchos otros sobresalieron como Eduardito Céspedes, Carlos
Fernández Gondín, Jorge Castilla...
Cerca de las 4 y 30 de la madrugada se desplomaba el techo del
cuartel envuelto en llamas. Los rebeldes hacían prisioneros a enemigos
que quedaban vivos. Otros sacaban armas y parque del fuego. El enemigo
tuvo 8 muertos, 13 heridos y 14 prisioneros. Otros lograron escapar
hacia La Maya donde llegaron al otro día desmoralizados.
Se capturaron 28 armas largas, una ametralladora calibre 30 de
trípode y un fusil ametralladora calibre 30 Browning, así como armas
cortas y 7 000 tiros de diferentes calibres y otros pertrechos.
Los rebeldes tuvieron 3 heridos muy graves y otros 12 entre graves
y menos graves.
Al amanecer, cuando la victoriosa tropa se retiraba, tras cruzar
una cerca con los heridos, una terrible explosión ensordeció a todos.
Una granada de piña que traía en la cintura el combatiente Juan
Bautista de Dios, al parecer había enganchado el pasador del seguro y
se había zafado.
El cuadro era dantesco, murieron 4 combatientes, entre ellos el
capitán Orlando Regalado, segundo jefe de la Columna, Juan Bautista,
Manuel del Toro y Francisquito González. Más tarde fallecieron de sus
graves heridas Idalberto Lora y Ramoncito Sarrabeitía, de solo 15
años. En total seis bajas mortales. Habíamos obtenido una gran
victoria aunque con elevado precio. seis héroes gloriosos regaron con
su sangre el suelo de la Patria. ¡Viven en nuestros recuerdos!
El día 2, en La Africana, recibí un mensaje del Comandante Raúl
Castro, Jefe del recién abierto Segundo Frente que decía: "Aníbal,
Daniel está aquí conmigo. En el Segundo Frente hemos logrado controlar
un amplio territorio, pero tenemos pocas armas buenas. Estamos
esperando la ofensiva de los casquitos y las lluvias de primavera. No
sabemos cuál de los dos llegará primero ¡vengan pronto!"
Tras una marcha de ocho días, la Columna arribó al Segundo Frente.
Raúl al mando de las fuerzas que allí tenía de la Columna 6 "Frank
País", más la columna 9 "José Tey," rechazó la ofensiva de verano y
obtuvo importantes victorias hasta el final de la guerra. Ambas
columnas con sus hombres, fueron la base para formar las demás del
Segundo Frente. |