Premiar el crimen

Asesinos convertidos en patriotas y condecorados en Estados Unidos por el Primer Ministro de la República Checa

ARSENIO RODRÍGUEZ

Una breve nota publicada el 29 de febrero del presente año en el diario Pravo, de la República Checa, bajo la firma del periodista Jiri Roskot y fechada en Washington, informaba que el primer ministro de esa nación europea, Mirek Topolánek, había condecorado a dos de sus compatrioras, residentes en Estados Unidos, con la Medalla del Premier checo.

El crimen cometido sigue impune, agravado porque los asesinos de estos jóvenes soldados checos, fueron premiados.

Hoy he materializado un sueño. Hice lo que siempre he deseado hacer, dijo el Premier. La medalla le permite condecorar de manera personal, privada, a quien crea, no importa que sean asesinos, como es el caso. De hecho no se trata de un sueño, como señalara Topolánek, sino de una pesadilla convertida en un inocente cuento donde criminales confesos y juzgados en ausencia se convierten en héroes y patriotas dignos de ser condecorados.

LOS ASESINOS

Se trata de los hermanos Josef y Ctirad Masin, quienes junto con Milan Paumer, formaban parte de un grupo que a fines de la década del cincuenta del pasado siglo asesinaron a seis personas durante un intento de salida ilegal de la entonces Checoslovaquia.

Como señalara el Partido Comunista de Bohemia y Moravia, Josef Masin participó en actos terroristas, que amenazaban vidas y bienes de ciudadanos de Bohemia Central, de Moravia y de Alemania en la mitad de los años cincuenta.

Los hermanos Masin nunca fueron amnistiados, porque sencillamente, el asesinato no se puede amnistiar. Ni siquiera al ex presidente Vaclav Havel, siempre dispuesto a cambiar la historia, según su gusto, se permitió una acción tan inmoral como esta, se destaca en la declaración partidista.

Como complemento a la decisión del político checo, se ha orquestado toda una bella historia que convierte la fuga y el asesinato en una acción heroica en contra del comunismo, y como tal, digna de ser reconocida con medallas y condecoraciones, aunque sean inventadas, como es el caso.

RASTRO DE SANGRE

Una vez conocida la simbólica condecoración, se inició en la República Checa un proceso de discusión todavía vigente, en especial entre los partidos de la oposición, aunque dos de las agrupaciones políticas que apoyan al actual gobierno, democristianos y verdes, se distanciaron de tan funesta decisión.

Petr Pithart, democristiano, quien por muchos años estuvo en el subcomité del Senado para las Condecoraciones Estatales, fue preciso: nunca estuve a favor de proponerle al Presidente de la República que condecore a estos dos; yo no voté por eso.

Otros fueron mucho más allá, como ocurrió en la región de Beroun, donde el fiscal Jaroslav Brehovsky, decidió presentar una denuncia penal en contra del jefe del Gobierno checo pues considera que al premiar a los hermanos Masin, Topolánek ha cometido un acto penal.

Por su parte, el socialdemócrata Jan Hamacek, presidente del Comité de Exteriores, declaró: los hermanos Masin utilizaron un medio bastante discutible en su lucha contra el régimen de entonces, mucho más si detrás de ellos quedaron seis víctimas.

Y también el ex ministro de Agricultura, Jaroslav Palas, opinó que el sendero marcado por los Masin está manchado de sangre de gente indefensa, y eso es algo que debe ser considerado.

Finalmente, por solo citar algunas de las muchas valoraciones, el presidente de la bancada de diputados comunistas, Pavel Kovacik, estimó que Topolánek se ha convertido en coautor del asesinato de gente inocente.

LEGALIZAR EL CRIMEN

No todas fueron críticas. El actual presidente del Senado, Premysl Sobotka (ODS), sí lo aprobó: Yo no tengo problemas con esas medallas. El Senado en varias ocasiones propuso al presidente Havel, e incluso al presidente Klaus que condecoraran a los hermanos Masin. En ese sentido, aplaudo la decisión del primer ministro.

Mientras que el senador Martin Mejstrik, un conocido anticomunista, enviaba una carta abierta de felicitación a los hermanos, porque al fin los condecoraron.

Los hermanos Masin disfrutan hace ya mucho de la acogida brindada por Estados Unidos, lo que no es casual, porque el cubano y otros pueblos conocen de la "generosidad" imperial con criminales a su servicio, no importa el delito que hayan cometido, lo que ha devenido práctica oficial desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

Este es un ejemplo de lo que las autoridades checas permiten, aprueban y bendicen, como parte de una política visceralmente anticomunista, que es capaz de hasta inventar medallas para premiar el crimen.

 

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