Roly se desencadena

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

foto:YORDANKA ALMAGUEREl trovador Roly Berrío, bien conocido por su capacidad de reinventarse en cada momento, mostró al público los frutos de su trabajo en los últimos años madurados a la sombra emocional de El Mejunje, santa sede de la joven trova cubana en Villa Clara, en un reciente concierto.

En el espacio Verdadero Complot, del Centro Hispanoamericano de Cultura, organizado por la Asociación Hermanos Saíz (AHS), Roly encendió las baterías de la canción cubana contemporánea por medio de estructuras rítmicas construidas sobre la base de un terreno de experimentación, en el que se funden las raíces populares, la poesía de los fundadores de la Nueva Trova, las armas de una visible actitud funky, la irreverencia de un escritor beat y un estilo performático.

Tras salir de las filas del grupo de teatro Blasón y del disuelto Trío en Serie, Roly ha mantenido una carrera contra viento y marea que lo llevó a colocarse entre los fundadores del Festival Longina, de la peña Trovuntivitis en El Mejunje —espacio que ha sentado cátedra en términos de valiente promoción cultural, derribando las barreras mentales de más de uno— y a obtener la Distinción por la Cultura Nacional.

A primera vista Roly Berrío (Santa Clara, 1972) ofrece la imagen de una persona tímida, de pocas palabras, pero cuando sube al escenario se transforma, explora los abismos interiores de sus seguidores, y aviva sus esperanzas a través de una relación interactiva, atributos que han impactado fuertemente en las legiones de trovadictos, tanto en la capital como en otras provincias del país.

En esta ocasión, como ya es habitual en sus sets, volvió a administrar dosis de enérgicas canciones que dibujan el perfil espiritual de un creador que vive al límite cada concierto y trasciende los roles estéticos del género. Un espectáculo en el que estableció un duelo consigo mismo y con los violinistas invitados, especialmente con William Roblejo, pero corrió el riesgo de disminuir la atención de parte de la audiencia por lo extenso de la presentación, aunque eso pudiera considerarse otra característica de sus entregas, en las que se vuelca hasta tratar de romper su propia marca.

Bernabeu, Solo salen de mí canciones, Contracorriente (Yamira Díaz), no sólo fueron sólidas credenciales de su repertorio, sino que revelaron la vitalidad de una zona de la trova que poco tiene que ver con vacíos discursos poéticos, ni con ciertas poses ornamentales.

Lo cierto es que Roly demostró, ante sala llena, que sigue siendo una de las manos que mecen la cuna de la joven trova cubana.

 

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