El
trovador Roly Berrío, bien conocido por su capacidad de reinventarse
en cada momento, mostró al público los frutos de su trabajo en los
últimos años madurados a la sombra emocional de El Mejunje, santa
sede de la joven trova cubana en Villa Clara, en un reciente
concierto.
En el espacio Verdadero Complot, del Centro Hispanoamericano de
Cultura, organizado por la Asociación Hermanos Saíz (AHS), Roly
encendió las baterías de la canción cubana contemporánea por medio
de estructuras rítmicas construidas sobre la base de un terreno de
experimentación, en el que se funden las raíces populares, la poesía
de los fundadores de la Nueva Trova, las armas de una visible
actitud funky, la irreverencia de un escritor beat y un estilo
performático.
Tras salir de las filas del grupo de teatro Blasón y del disuelto
Trío en Serie, Roly ha mantenido una carrera contra viento y marea
que lo llevó a colocarse entre los fundadores del Festival Longina,
de la peña Trovuntivitis en El Mejunje —espacio que ha sentado
cátedra en términos de valiente promoción cultural, derribando las
barreras mentales de más de uno— y a obtener la Distinción por la
Cultura Nacional.
A primera vista Roly Berrío (Santa Clara, 1972) ofrece la imagen
de una persona tímida, de pocas palabras, pero cuando sube al
escenario se transforma, explora los abismos interiores de sus
seguidores, y aviva sus esperanzas a través de una relación
interactiva, atributos que han impactado fuertemente en las legiones
de trovadictos, tanto en la capital como en otras provincias del
país.
En esta ocasión, como ya es habitual en sus sets, volvió a
administrar dosis de enérgicas canciones que dibujan el perfil
espiritual de un creador que vive al límite cada concierto y
trasciende los roles estéticos del género. Un espectáculo en el que
estableció un duelo consigo mismo y con los violinistas invitados,
especialmente con William Roblejo, pero corrió el riesgo de
disminuir la atención de parte de la audiencia por lo extenso de la
presentación, aunque eso pudiera considerarse otra característica de
sus entregas, en las que se vuelca hasta tratar de romper su propia
marca.
Bernabeu, Solo salen de mí canciones,
Contracorriente (Yamira Díaz), no sólo fueron sólidas
credenciales de su repertorio, sino que revelaron la vitalidad de
una zona de la trova que poco tiene que ver con vacíos discursos
poéticos, ni con ciertas poses ornamentales.
Lo cierto es que Roly demostró, ante sala llena, que sigue siendo
una de las manos que mecen la cuna de la joven trova cubana.