Una
reliquia que linda con la curiosidad histórico-literaria emergió de
los valiosos archivos del Instituto de Literatura y Lingüística, para
devenir en edición facsimilar de un libro publicado en Cuba hace ocho
décadas.
Copia original mecanografiada, firmada por el autor en La Habana el
13 de julio de 1926, se encuentra en los fondos de la institución.
Extraída de un cofre, pensaría cualquiera. Tras una labor preparativa
en la que el trabajo digital tuvo tanta importancia como el esmero en
el cuidado de la reimpresión, vio la luz de nuevo la novela La
gallega, de un inquieto periodista, profesor y escritor, Jesús
Masdeu Reyes, nacido en la oriental ciudad de Bayamo, el 19 de
noviembre de 1887.
Algún que otro alumno de él en la Escuela de Periodismo Manuel
Márquez Sterling, entre 1940 y 1956, lo recuerda como hombre esbelto,
de pelo claro entrado en canas, inteligente, elegante, cortés, y sobre
todo, incesante buscador de todo lo que pudiera ser noticia, reflexión
o anécdota para nutrir su quehacer en las letras, sin permanecer ajeno
al tema social y político de su época. Enrique Núñez Rodríguez, quien
se contaba entre sus amigos, dejó escrito: "Era un viejo lobo de
redacciones cuando lo conocí (¼ )"
Su vida fue intensa en el plano cultural. Como cronista (colegiado
número 625 según aparece en el Directorio Profesional de Periodistas
de Cuba), fue colaborador de Bohemia, El Día, Heraldo de Cuba, El
País, La Discusión, El Comercio, Pueblo, Excelsior y Diario de la
Marina.
De su pluma salieron las novelas La raza triste (1924),
Ambición (1931) y Reyes sin nación y otras —algunas
inéditas— manuscritas y/o mecanuscritas preservadas en el Archivo
General de la Sección de Archivos de la Biblioteca Fernando Ortiz, del
Instituto de Literatura y Lingüística José Antonio Portuondo Valdor:
Los vencidos (1912), El ensueño de los míseros (1912),
Rutanio (1912), Mi mujer (1924), La querida
(1926), Ambición (1927) y El miedo y la voluntad (fecha
de publicación no precisada).
Homenaje al dolor de las madres españolas y de todas las mujeres
que han vivido la tristeza nostálgica del hijo que no volvió nunca,
citó Masdeu en la dedicatoria de La gallega.
Novela que con sus 80 años a cuestas, sin grandes lucimientos
literarios, pero prolija en dibujar las desdichas de muchas emigradas
de la península ibérica que venían a Cuba encumbradas por el sueño de
una vida mejor, resulta, a fin de cuentas, más que un lamento, una
denuncia a la segregación sufrida por miles de exiliados en la Cuba de
entonces, pero que puede resultar también un retrato de sociedades de
hoy en otras parte del mundo. Y en primer lugar, el desgarramiento de
la mujer en un tiempo en que era cortado de raíz todo asomo de luchas
por sus derechos.
La historia de la joven e inocente campesina española Llorca que
sirve de criada en La Habana en casa de ricos, admira a su poco
virtuosa patrona, y padece en la calle un ambiente sórdido que la
lleva a quedar embarazada para soportar luego el rechazo y el
desempleo.
Reeditada por el Instituto de Literatura y Lingüística con la
cooperación de la Agencia Española de Colaboración Internacional,
La gallega es, como explica en el prólogo la doctora Zaida Capote,
"una lección de humanidad que la novela vuelve a darnos, ochenta años
después, cuando aún, por increíble que parezca, tragedias como la de
Llorca pueden repetirse".