Matanzas, ciudad sitiada por los títeres

Antonio Paneque Brizuela

MATANZAS.— Hay un sentido mutuo de pertenencia entre esta ciudad y los muñecos. Por un lado, a causa de su condición de principal plaza cubana en este quehacer y, por otro, porque, por esa misma razón, a veces pareciera que los títeres habitan la ciudad, la poseen. Y tal es su protagonismo que se les ha ocurrido invitar a su casa a otros colegas del planeta. Algunos de ellos un poco extraños, como mister Punch.

Mister Punch en escena.

Se trata de un "personaje" cuya presencia aquí resulta un verdadero acontecimiento, pues procede de una de las más antiguas y legítimas tradiciones titiriteras británicas y europeas, una añeja historia sobre un héroe popular, desde siempre interpretada por muñecos.

Al autor de la versión traída a Cuba, Konrad Frederick, lo encontramos actuando en la escuela matancera Raúl Gómez García ante los ojos asombrados de sus alumnos, tras instalar en solo minutos un retablo transportado virtualmente en una mochila. El titiritero inglés, quien relata cómo se presenta seis veces al día en plazas públicas londinenses como el Covent Garden, mediante obras al estilo de esta que trajo ahora, El show de Punch y Judy, vino por iniciativa propia a este Taller Internacional de Títeres de Matanzas, que por estos días reúne en escenarios yumurinos a artistas de 12 naciones invitadas y 13 agrupaciones cubanas.

Ciertamente, ha sido bien acogido aquí el viejo Punch, muñeco que ha recorrido Gran Bretaña durante siglos con su lenguaje escénico y gestual que no requiere traducción, su humor negro algo agresivo, pero tiernamente suavizado por su decodificación histriónica, y se presenta ahora ante salas matanceras, escuelas y otros escenarios.

Punch, con su risa estridente, rostro bulón y joroba a lo Quasimodo, junto a su esposa Judy, el niño, el cocodrilo, el payaso, el verdugo y el sirviente, constituyen una suerte de historia-muelle que puede ser adaptada por Frederick para adultos o niños, según sea el público.

Entre las personalidades presentes en el taller también figuran el profesor francés Alain Lecucq, director del grupo Papiertheatre y del Festival Internacional de Mourmelon; sus colegas italianos Fabricio Montecchi y Nicoletta Garioni, del grupo Gioco Vita; y Jug Radivojevic, de Serbia, quien dirige una nueva mirada sobre la Caperucita Roja por parte de su grupo Pinokio.

Entre las ofertas cubanas más sobresalientes de las últimas jornadas figura Tres somos tres, dirigida por el Premio Nacional de Teatro René Fernández, versión sobre el tema dotada de una ágil movilidad escénica, diálogos ingeniosos, muñecos bien diseñados, y un retablo sobrio y utilitario.

 

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