Se trata de un "personaje" cuya presencia aquí resulta un
verdadero acontecimiento, pues procede de una de las más antiguas y
legítimas tradiciones titiriteras británicas y europeas, una añeja
historia sobre un héroe popular, desde siempre interpretada por
muñecos.
Al autor de la versión traída a Cuba, Konrad Frederick, lo
encontramos actuando en la escuela matancera Raúl Gómez García ante
los ojos asombrados de sus alumnos, tras instalar en solo minutos un
retablo transportado virtualmente en una mochila. El titiritero
inglés, quien relata cómo se presenta seis veces al día en plazas
públicas londinenses como el Covent Garden, mediante obras al estilo
de esta que trajo ahora, El show de Punch y Judy, vino por
iniciativa propia a este Taller Internacional de Títeres de
Matanzas, que por estos días reúne en escenarios yumurinos a
artistas de 12 naciones invitadas y 13 agrupaciones cubanas.
Ciertamente, ha sido bien acogido aquí el viejo Punch, muñeco que
ha recorrido Gran Bretaña durante siglos con su lenguaje escénico y
gestual que no requiere traducción, su humor negro algo agresivo,
pero tiernamente suavizado por su decodificación histriónica, y se
presenta ahora ante salas matanceras, escuelas y otros escenarios.
Punch, con su risa estridente, rostro bulón y joroba a lo
Quasimodo, junto a su esposa Judy, el niño, el cocodrilo, el payaso,
el verdugo y el sirviente, constituyen una suerte de historia-muelle
que puede ser adaptada por Frederick para adultos o niños, según sea
el público.
Entre las personalidades presentes en el taller también figuran
el profesor francés Alain Lecucq, director del grupo Papiertheatre y
del Festival Internacional de Mourmelon; sus colegas italianos
Fabricio Montecchi y Nicoletta Garioni, del grupo Gioco Vita; y Jug
Radivojevic, de Serbia, quien dirige una nueva mirada sobre la
Caperucita Roja por parte de su grupo Pinokio.
Entre las ofertas cubanas más sobresalientes de las últimas
jornadas figura Tres somos tres, dirigida por el Premio
Nacional de Teatro René Fernández, versión sobre el tema dotada de
una ágil movilidad escénica, diálogos ingeniosos, muñecos bien
diseñados, y un retablo sobrio y utilitario.