Disparos de humildad

Ortelio González Martínez

Foto: Celso CruzCIEGO DE ÁVILA.— Randy Peña Herrera, lanzador de softbol de República Dominicana, cautivó a los presentes desde que se paró encima del diamante: dos metros y dos centímetros de estatura y 280 libras de peso eran los avales que exhibía a primera vista.

Los no pocos comentaristas de graderíos discutían y hablaban de que la recta debía caminarle entre 75 y 80 millas por hora.

Cuando presentó credenciales con sus disparos, se dieron cuenta de que estaban en presencia de uno de los serpentineros más rápidos entre los tantos que han pasado por el terreno de la Escuela Nacional de Softbol de esta provincia, sede de las competiciones de ese deporte dentro de la IV Olimpiada del Deporte Cubano.

"Tira duro de verdad", se limitó a decir Miguel Albán, director del equipo Centrales, conjunto que naufragó (1-6) ante las ráfagas del espigado moreno de 26 años de edad, ganador de siete liderazgos en pitcheo: juegos lanzados (5), ganados (4), juegos completos (2), lechada (1), inning (27), ponches (33) y bases por bolas (13).

"Cuba y su gente me gustan mucho, en algo nos parecemos. En el 2005, estuve en Santiago de Cuba y siempre quise volver. Se me dio la oportunidad y aquí estoy, con la selección nacional. Todo salió bien y nos llevamos el primer lugar, al igual que en el 2005, cuando vencimos a Venezuela.

"Había oído hablar de la calidad del deporte acá y del interés que el Estado pone para desarrollarlo, aunque el softbol no está en primer plano y es una lástima, porque tienen buenos jugadores."

Poco después de verse obligado a abandonar el box en el encuentro final, comentó que tiene buena recta, pero le falta ganar en experiencia y mejorar el control sobre otros lanzamientos.

Dijo que en una etapa anterior firmó como profesional en béisbol, pero su estado de salud se le interpuso, inclinándose después por el lanzamiento de disco, hasta que decidió seguirle los pasos al entrenador Wilson Chatman, quien le inculcó lo de ser lanzador de softbol, deporte donde manifiesta haber alcanzado las 85 millas por hora y encontrado la pasión de su vida.

Con nobleza reflejada en el rostro y ratificada en las palabras, asegura que cuando está encima de la tabla de lanzar no piensa en ponchar al rival. "Solo trato de que no me conecte y por eso pongo el máximo en cada lanzamiento, aunque en estos días me sentí indispuesto.

"Creo en el ser humano y en sus buenas acciones. Detesto la hipocresía y el engreimiento de los hombres", repitió más de una vez, mientras me comentaba la anécdota sobre aquel amigo de la niñez, después integrante de las Grandes Ligas Norteamericanas, quien le negó un guante para jugar.

"Me gustaría tener más encuentros con los cubanos. Sería beneficioso para ambos y estrecharíamos aún más los lazos de amistad."

 

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