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El 20 de abril en la historia
Juan Nuiry
El 20 de abril tiene una honda significación en el proceso de la
lucha estudiantil en la década del cincuenta. Es como si la tradición
se hubiera dado cita en una misma fecha en años sucesivos.
Mario
Reguera, participante en las acciones del 13 de marzo, fue herido de
muerte hace 50 años durante un combate desigual contra la policía
batistiana.
En 1956 tiene lugar el asalto al estudio televisivo del Canal 4,
situado en San Miguel y Mazón, en el momento que salía al aire un
programa de un conocido vocero batistiano. Este sería el primero de
tres fatídicos saldos para las fuerzas revolucionarias.
En 1957 ocurren los sucesos de Humboldt No.7, donde son
cobardemente asesinados, producto de una vil delación, cuatro
destacados dirigentes estudiantiles: Fructuoso, Juan Pedro, Machadito
y Joe. En menos de un mes caían dos presidentes de la FEU, ambos
secretarios generales del Directorio Revolucionario.
En 1958, en desigual acción, batiéndose contra la policía
batistiana en la esquina de las calles Infanta y Estrella, en La
Habana, es herido de muerte Mario Reguera, participante en las
acciones del 13 de marzo de 1957.
Por la importancia de estos hechos, no sería posible abarcar las
tres fechas en un solo trabajo. En señalado aniversario, por ser poco
conocido, relataré las acciones llevadas a cabo en el Canal 4, aunque
lógicamente sin agotar el tema.
El primer semestre de 1956 lo constituyen meses de importantes
acontecimientos en la lucha contra la dictadura de Batista. A finales
de 1955 tuvieron lugar los históricos enfrentamientos y acciones
estudiantiles, bajo la dirección de José Antonio Echeverría, que
estremecieron al país. Desde México Fidel Castro había manifestado con
toda su autoridad y prestigio que en 1956 seríamos "libres o
mártires".
Cuba es un polvorín y la chispa en aquel entonces comenzó, como de
costumbre, por la tierra de los Maceo. Alumnos de todos los centros
docentes santiagueros se habían dado cita el jueves 19 de abril frente
al Tribunal de Urgencia de la capital oriental, para presenciar los
juicios en que los acusados eran varios estudiantes. El enfrentamiento
no se hizo esperar. Un poderoso contingente policiaco llega y arremete
con furia descomunal contra la multitud estudiantil. Hay cabezas y
brazos rotos. Un estudiante, gravemente herido, es sacado con urgencia
y otros tres son baleados, entre ellos Francisco Cruz y González
Pantoja. Muchos fueron brutalmente golpeados y otros detenidos y
acusados de desorden público.
La habana y todo el país también se estremecen
La alarma de aquellos trágicos sucesos se extendió por todo el
país. Las noticias llegaron rápidas a la colina universitaria. De
inmediato José Antonio convocó para el día siguiente, 20 de abril, en
horas de la mañana, a una asamblea general en la Plaza Cadenas. El
único asunto que se iba a tratar eran los acontecimientos ocurridos en
Santiago de Cuba.
Mientras que en las primeras horas de la mañana del 20 de abril los
estudiantes llegaban a la Universidad, a esa misma hora la fuerza
pública también tomaba impresionantes medidas. Se desviaba el tráfico,
se rodeaba la colina y se llevaba a cabo un envolvente operativo
policial en el cual todos portaban armas largas. Ocuparon posiciones
estratégicas, principalmente en Infanta y San Lázaro, con carros
perseguidoras. Al frente de todo esto el obeso jefe de la Policía,
brigadier Salas Cañizares. No obstante lo narrado, a las 10 de la
mañana acudía a la Plaza Cadenas una compacta masa estudiantil. El
momento era de tensión.
La prensa de la época dejó esta referencia, al recoger los hechos
de este modo: "A las 10:30 comenzó la asamblea general. Los dirigentes
de la FEU, acostumbrados a tales episodios, procedían serenamente.
Osmel Francis fue el primer orador. Seguido se presentó Fructuoso
Rodríguez, de alta y delgada figura. Luego Luis Blanca, dirigente de
Ingeniería. A continuación el vicepresidente de la FEU, Juan Nuiry. El
último en hablar fue el líder y presidente de la FEU José Antonio
Echeverría, el cual expresó: ‘En otras ocasiones hemos bajado cuarenta
estudiantes por la escalinata. Con gusto, una vez más, bajaríamos hoy
al frente de miles, como los que llenan esta Plaza, pero no hay
necesidad de exponerlos. Vamos a estremecer La Habana con nuestra
protesta’".
La confianza y autoridad de José Antonio se demostraba una vez más.
Pronto se fueron retirando todos los compañeros de la Plaza Cadenas,
hasta que volvió la calma. Terminada la asamblea, solo quedaron
aquellos que previamente habían sido convocados por José Antonio.
En el local de la Asociación de Estudiantes de Ciencias Sociales y
Derecho Público, un reducido número de compañeros nos agrupamos
alrededor de José Antonio, quien nos explicó su plan cuando dijo:
"Hoy, como manifesté, vamos a poner La Habana al rojo vivo, pero la
estrategia va a ser otra, burlando el cerco policíaco. Llevaremos a
cabo mítines relámpagos en lugares públicos, en cines, pero todo
comenzará de esta manera: a la 1:20, a menos de una cuadra de aquí
donde estamos reunidos, el canal 4 de la Televisión tiene el programa
Paso a la juventud, en el que habla todos los días el dirigente de la
juventud de Batista, Luis Manuel Martínez. Hay que tomar el estudio en
ese momento. Será una ocasión audaz y de sorpresa. Nuiry y Jimenito
entrarán apoyados por un comando seleccionado para garantizar que los
dos hablen en nombre del estudiantado cubano, en el lugar que lo
estará haciendo el vocero batistiano. El impacto será incalculable.
Los compañeros de apoyo deben garantizar la entrada y salida de Nuiry
y Jimenito. Ya saben lo que tienen que hacer". El mensaje estaba
claro, convertir, en ese asalto, el espacio batistiano en tribuna
revolucionaria.
Entonces, dirigiéndose a Jimenito y a mí, nos dijo: "Todos los que
van a participar están esperando afuera para salir para la acción. Así
garantizamos que solo lo conocerán los que van a participar". Acto
seguido, le impartió instrucciones a Jimenito para que, en compañía de
Gustavo Machín y Jorge Robreño, examinaran el edificio del Canal 4,
donde estos dos permanecerían durante los hechos en el último piso,
con el elevador inmovilizado, para prever una posible huida. Al salir
del local de la Asociación de Estudiantes, pudimos observar los
rostros sonrientes del resto de los compañeros.
Jimenito y yo entramos por un largo pasillo, escoltados por Juan
Pedro Carbó, José Machado (Machadito) y Tony Castell. Al final del
pasillo lateralmente había un cartel que decía: ESTUDIO. Entonces
entramos, pero cuál no sería nuestra sorpresa cuando nos dimos cuenta
de que era el local del control, con un gran cristal que lo separaba
del estudio, que era un lugar relativamente pequeño donde se estaba
transmitiendo el programa. Rápidamente reaccionamos ante lo ocurrido y
salimos en busca de la puerta correcta, la encontramos y entramos. Del
otro lado nos habían visto y estaban parapetados.
Al penetrar nosotros, los guardaespaldas de Luis Manuel, empezaron
a disparar, cuidándose del volumen de fuego que les hacían, por un
lado, Juan Pedro Carbó, y por el otro Tony Castell, por lo que se
produjo un verdadero tiroteo cruzado, en el que estábamos atrapados
Jimenito, los camarógrafos y yo. No puedo calcular cuánto duró esta
batalla. Los batistianos se batieron en retirada y salieron por una
puerta trasera que había al final del estudio.
De pronto Jimenito me dijo: "Juan, estoy herido". Al mirarlo,
observé su camisa manchada de sangre y un camarógrafo que luego supe
que se llamaba Jesús Vizoso, se me abalanzó y me dijo: "Yo también
estoy herido".
La orden de reprimir estaba dada
Varias perseguidoras anunciaban la llegada al lugar con sus
estridentes sirenas. Entonces, se ordenó la retirada, mientras que los
compañeros de afuera estaban batiéndose con las perseguidoras. Me
dirigí al camarógrafo y le dije que su herida no era grave, por lo que
yo pensaba que no era lógico que saliera con nosotros, pues eso podría
comprometerlo.
Enseguida lo comprendió y entonces salimos bajo un fuerte tiroteo
hacia la calle Ronda, para buscar la Universidad, por su cercanía.
Atravesamos la Universidad hasta la calle J y de ahí hacia el hospital
Calixto García.
La herida de Jimenito era grave y tendrían que intervenirlo
quirúrgicamente cuatro veces en cinco meses y dos más 17 años después.
Desde la Colina, Efigenio Ameijeiras, parapetado con un M-1,
acompañado por Fructuoso Rodríguez y Manolito Carbonell, mantuvieron a
raya a las perseguidoras, para permitir nuestra salida del lugar de
los hechos.
En el Campamento Militar de Columbia, a las pocas horas de ocurrido
lo anterior, Batista celebró una reunión con el alto mando militar y,
al final, manifestó significativamente: "Dondequiera que se originen,
incuben y azucen hechos como los de hoy, que obedecen a un plan
insurreccional, ahí llegará la represión".
Como colofón se produjo la violación de la autonomía universitaria
al día siguiente. El recinto se llenó de uniformes azules. Los agentes
policiales emplazaron ametralladoras de trípode en el Rectorado y se
diseminaron por todas las dependencias universitarias. No perdonaron
aulas, laboratorios ni locales.
Salas Cañizares declaró que "la universidad es jurisdicción de la
Novena estación (de policía) y entraremos aquí cada vez que se
produzca una alteración del orden".
En las oficinas del rector nada quedó sano: el espectáculo era
deprimente. Todo fue saqueado. Por el suelo se regaban togas y
birretes. Los símbolos de la bicentenaria casa de estudios estaban en
cualquier rincón. |