¿Adiós a la monarquía?

ARNALDO MUSA
musa.amp@granma.cip.cu

Nepal acaba de votar en unas elecciones por la formación de una Asamblea Constituyente, en la que la balanza se inclinó de forma holgada a favor del hasta no hace mucho insurgente Partido Comunista de Nepal (Maoísta), fundado en 1994 y cuya plataforma política se decanta por la formación de un Estado socialista en el que pervivan elementos de economía capitalista como paso intermedio al socialismo.

Prachanda.

La represión abierta a sus partidarios por el ejército, una propaganda adversa de los principales medios masivos de comunicación e intrigas alentadas por servicios de inteligencia exteriores para lograr alianzas de la derecha y la división de las fuerzas progresistas, no pudieron evitar el triunfo popular de la organización que inició en 1996 la lucha armada a favor de la República y la justicia social.

Además, el Partido Comunista de Nepal-Unificación Marxista Leninista (PCN-UML) no quiso llevar candidatura conjunta con los hoy ganadores en la inmensa mayoría de los distritos.

El control de la Asamblea Constituyente deberá llevar el fin de la monarquía que durante más de 200 años ha regido el país más pobre de Asia. El principio sustantivo de lo que debería ser una nueva república, tuvo lugar el 28 de diciembre último, cuando el Parlamento nepalés la aprobó, mediante un acuerdo de 27 puntos en el que el gobernante Congreso y otros partidos tradicionales aceptaban en su mayor parte los planteamientos del PCN (M).

UNA ACCIDENTADA MARCHA

Enclavado en la cadena montañosa del Himalaya, sus más de 27 millones de habitantes viven en 147 181 kilómetros cuadrados. Presenta un índice de probeza del 59%, una tasa de analfabetismo del 56% en hombres y del 85% en mujeres. Más allá de su industria textil primaria, es proveedora de obra casi esclava para las empresas transnacionales.

Para llegar a ello hubo que pasar por una insurrección armada iniciada hace 12 años por los maoístas, quienes llegaron a controlar una gran parte del país. Esto obligó al Gobierno a iniciar conversaciones que fracasaron ante la negativa del rey Gyanendra a que se celebraran elecciones para un Parlamento constituyente. En octubre del 2005, la dirección del PCN (M) decidió impulsar un acuerdo con otros partidos como el Congreso y el PCN-UML para conseguir la abolición de la monarquía.

En abril del 2006, tras grandes manifestaciones de protesta de todos los sectores políticos, brutalmente reprimidas por la policía, el monarca se vio forzado a restaurar el Parlamento. Fue entonces que una alianza política de siete partidos, sin los comunistas, formó un nuevo Gobierno, con la intención de calmar la agitación popular, pero ni así logró el apoyo de Estados Unidos y Gran Bretaña, que se mostraban contrarios a la anulación de los poderes del monarca y a una situación donde los comunistas emergieran como la principal fuerza política.

La diplomacia norteamericana aseguró al rey que su papel continuaría siendo central, mientras sus servicios secretos intentaban fortalecer al Partido del Congreso, financiaban medios de comunicación afines e impulsaban campañas de desprestigio contra el PCN (M), hasta el punto de organizar grupos paramilitares para asesinar a dirigentes comunistas.

La derecha no pudo conseguir sus objetivos y, tras las movilizaciones populares y los acuerdos de los siete partidos políticos con los maoístas, Gyanendra renunció a las funciones de jefe de Estado.

En ese mismo 2006, la guerrilla detenía la lucha armada y se incorporaba al Parlamento y a un gobierno provisional, mientras se abría un periodo de transición de seis meses hasta la elección de un legislativo constituyente.

La insurgencia confiaba en conseguir la proclamación de la república a corto plazo, mientras arraigaba aún más su prestigio entre los sectores más pobres de Nepal: el campesinado, los trabajadores urbanos y las minorías étnicas.

Hace menos de un año, el secretario general y fundador en 1994 del PCN (M) Pushpa Kamal Dahal, conocido como Prachanda, se dirigió por primera vez públicamente a centenares de miles de personas congregadas en Katmandú, la capital, para celebrar el inicio de la rebelión contra la monarquía y el inicio del proceso de paz, pero no fue hasta diciembre último que su partido, que había retirado a sus ministros, regresó al Gobierno provisional dirigido por Girija Prasad Koirala, luego de conseguir un compromiso sobre la creación de una república democrática y una mayor proporcionalidad en la elección de diputados: 240 electos directamente y 335 a través de las listas presentadas por los partidos políticos, junto a 26 nombrados por el Gobierno.

Finalmente, el 28 de diciembre pasado, el Parlamento aprobó una enmienda constitucional por la que Nepal pasaba a ser una República, con el voto favorable de 270 de los 329 diputados.

Aún falta mucho por hacer y enfrentar: desde las intrigas imperialistas hasta el represivo ejército de 100 000 hombres. Pero la amplia victoria electoral es un primer paso para crear bases de justicia social, al tiempo que le puede dar un definitivo adiós a la monarquía.

 

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