Artista
inquieto y auténtico, que busca sus estímulos buceando en las raíces
de su Isla, porque "lo mío es cantar y he tenido la dicha de
compartir mi vida con mi país". Gracias a Pedrito Calvo como a
muchos otros, el trepidante son y el romántico bolero se mantienen
en el imaginario popular del cubano de hoy. Por eso la semana que
pasó la presentación de Pedrito Calvo: 50 años, producto de
la EGREM que incluye un CD y un DVD fue un hito que quedó registrado
en nuestra vida cultural.
En su carrera, Pedrito convirtió en clásicos El negro no tiene
ná, Marilú y otros números de Juan Formell, Se acabó
el querer, de su autoría y otras obras incluidas en el
audiovisual. Y con su banda, La Nueva Justicia, ha prolongado la
cosecha que cultivó a lo largo de 27 años con Los Van Van.
En medio de la presentación, el artista evocó sus pasos en la
música y su compromiso ciudadano: el temprano triunfo en 1957 en La
Corte Suprema del Arte, las estadías en la Ritmo Oriental, y la
orquesta de Quelo Revé, y la tarde del 16 de abril de 1961 en que
vestido de miliciano levantó su fusil en 23 y 12 para avalar junto a
Fidel la proclamación del carácter socialista de la Revolución
cubana. Y, como para demostrar que su voz está dispuesta para todo,
cantó el clásico Quiéreme mucho, de Gonzalo Roig, a dúo con
la prometedora Jacqueline Bell.
Valen las palabras con las que el colega Pedro de la Hoz,
responsabilizado con introducir este valioso material de la EGREM,
resumió el alcance de la huella de Pedrito: "Es un hombre
carismático, por su sincera jovialidad, su desinteresada entrega y
la coherencia entre imagen y proyección social. Pero también habrá
que contar con otros dos muy poderosos argumentos: su fidelidad a la
raíz de la música cubana y su sentido de pertenencia a una tradición
a la que ha sabido dar continuidad con creatividad".