Vallejo entre los grandes

LIMA.— El poeta peruano César Vallejo, quien entró a la inmortalidad hace 70 años, está entre los mayores de nuestra lengua, como T.S. Eliot o Ezra Pound para el habla inglesa, Guillaume Apollinaire para la francesa y Gottfried Benn para la alemana, aseguró el presidente de la Academia Peruana de la Lengua, Marco Martos.

César Vallejo en 1929.

El destacado poeta y académico peruano señaló como virtud de Vallejo —muerto en París, a los 46 años, el 15 de abril de 1938— la de "decir cosas conocidas por todos de una forma original".

"Vallejo habla a todas las personas. Gente que no tiene ninguna experiencia poética queda transfigurada por él. Podría decir que es el primer autor a lo largo de varios siglos que pone la literatura del Perú en un nivel universal", expresó.

En muchas partes del mundo se le evocó como un innovador del lenguaje que abogó por la "humanización del hombre". Tras una aproximación a la estética modernista en Los heraldos negros, publicada en Lima en 1919, Vallejo giró hacia un lenguaje totalmente nuevo en Trilce, un libro deslumbrante y difícil que escribió, en gran parte, durante su injusta prisión de 120 días en una cárcel de la ciudad norteña de Trujillo.

El poeta viajó en 1923 a París, ciudad en la que murió y donde abrazó la ideología comunista, que le sirvió para ahondar en su preocupación por la "humanización" del hombre sin convertir sus versos en panfletos políticos. "La poesía de Vallejo es una aventura creadora muy radical", dijo el crítico literario peruano Ricardo González Vigil.

Cuando en 1931 se trasladó a Madrid, porque a la policía francesa "no le gustaba que un extranjero participara en las reuniones del Partido Socialista", se relacionó también con Federico García Lorca y los escritores de la Generación del 27.

Un año antes de su muerte Vallejo participó en el Congreso de Escritores Antifascistas, una experiencia que dio origen a su poemario España, aparta de mí este cáliz, una obra de gran profundidad inspirada en defensa de la República española.

Una prueba de su vigencia fueron los homenajes que recibió en ciudades tan distantes como Montevideo o Praga, así como la influencia que ha tenido en escritores como el Nobel sudafricano J. M. Coetzee o cantautores que van de los cubanos Noel Nicola y Silvio Rodríguez al español Joaquín Sabina. (SE)

 

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