El destacado poeta y académico peruano señaló como virtud de
Vallejo —muerto en París, a los 46 años, el 15 de abril de 1938— la
de "decir cosas conocidas por todos de una forma original".
"Vallejo habla a todas las personas. Gente que no tiene ninguna
experiencia poética queda transfigurada por él. Podría decir que es
el primer autor a lo largo de varios siglos que pone la literatura
del Perú en un nivel universal", expresó.
En muchas partes del mundo se le evocó como un innovador del
lenguaje que abogó por la "humanización del hombre". Tras una
aproximación a la estética modernista en Los heraldos negros,
publicada en Lima en 1919, Vallejo giró hacia un lenguaje totalmente
nuevo en Trilce, un libro deslumbrante y difícil que
escribió, en gran parte, durante su injusta prisión de 120 días en
una cárcel de la ciudad norteña de Trujillo.
El poeta viajó en 1923 a París, ciudad en la que murió y donde
abrazó la ideología comunista, que le sirvió para ahondar en su
preocupación por la "humanización" del hombre sin convertir sus
versos en panfletos políticos. "La poesía de Vallejo es una aventura
creadora muy radical", dijo el crítico literario peruano Ricardo
González Vigil.
Cuando en 1931 se trasladó a Madrid, porque a la policía francesa
"no le gustaba que un extranjero participara en las reuniones del
Partido Socialista", se relacionó también con Federico García Lorca
y los escritores de la Generación del 27.
Un año antes de su muerte Vallejo participó en el Congreso de
Escritores Antifascistas, una experiencia que dio origen a su
poemario España, aparta de mí este cáliz, una obra de gran
profundidad inspirada en defensa de la República española.
Una prueba de su vigencia fueron los homenajes que recibió en
ciudades tan distantes como Montevideo o Praga, así como la
influencia que ha tenido en escritores como el Nobel sudafricano J.
M. Coetzee o cantautores que van de los cubanos Noel Nicola y Silvio
Rodríguez al español Joaquín Sabina. (SE)