Warapo, tranquilo y bien pegao

OMAR VÁZQUEZ
omar.vc@granma.cip.cu

Desde su surgimiento — con otro nombre— en la Universidad Central de Las Villas, Warapo se ha ido haciendo uno de los nombres principales de su generación en la zona del pop rock, con el sonido del Caribe en su raíz.

Foto: RAÚL LÓPEZKelvis y Amílcar, momento estelar.

En su evolución se advierte una depuración consecuente con la propuesta que anima a estos jóvenes: estar a la moda sin concesiones.

De modo que a diez años de su fundación, en un repleto Teatro Karl Marx, Warapo pudo rendir cuenta satisfactoriamente de su trayecto. Tal como expresó uno de sus fundadores —junto a Alexei González (director, arreglista y pianista) y Elder González (compositor, percusionista y cantante)—, el carismático Amílcar Pérez (voz líder): "El amor y la entrega que uno da tiene a la larga su recompensa". Fue el preámbulo de un concierto que rozó la excelencia desde el principio.

La agrupación interpretó temas de su más reciente producción discográfica Tengo nada (con cuatro nominaciones al Premio Cubadisco 2008), de su primer CD Mala vida (también de la EGREM), y estrenó obras junto a varios músicos y cantantes invitados que juegan en su misma cuerda.

Sumar a David Álvarez, el de Juego de Manos, en Oxígeno, con rica e ingeniosa improvisación, fue un momento especial que reivindicó una de las partituras señeras de Benito de la Fuente.

Similar escena se volvió a repetir con Kelvis Ochoa, en la interpretación de Tranquilo y pegao, quien introdujo buenos argumentos en el montuno.

Amílcar demostró también ser un fluido presentador, con sentido del humor, desde el inicial Y me dicen feo al que le agregó el pegajoso estribillo: "El que toma warapo por la madrugá, lo lindo se queda y lo feo se va¼ ". Tanda enriquecedora al estilo del grupo se apreció con los aportes de Isis Flores, Insurrecto, Tania Pantoja (tremenda energía), Dayani Lozano, Leony Torres e Israel Rojas, entre otros.

No se puede terminar la valoración sin un reconocimiento sin mencionar los diseños de Nachy Carmona, un artista que desde una indiscutible cubanía, sabe pulsar el curso de los tiempos.

 

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