Entre los más de 50 mártires de la Revolución de la provincia de La
Habana caídos hace ahora medio siglo, figura el teniente del Ejército
Rebelde Pablo Noriega, caído en combate el ocho de abril de 1958.
Nacido en Quivicán, Noriega fue allí coordinador del Movimiento 26
de Julio y desarrolló numerosas acciones contra la tiranía, por lo
cual fue perseguido y guardó prisión en el Castillo del Príncipe.
Mario García Torres, compañero suyo y hoy presidente de la
Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana en ese municipio
habanero, lo calificó de modesto, sencillo y valiente, así como con
una gran confianza en Fidel.
Al salir de la cárcel por segunda vez, el revolucionario marchó a
la Sierra Maestra y se integró a la columna uno José Martí, dirigida
por Fidel, y murió combatiendo en el ataque al cuartel de San Ramón,
dirigido por el líder de la Revolución.
Sus restos reposan hoy en el cementerio de Quivicán, donde cada
ocho de abril se lleva a cabo una peregrinación hasta su tumba,
mientras que tienen lugar conferencias en diferentes centros y
matutinos especiales en las escuelas.
Llevan el nombre de Pablo Noriega la policlínica municipal, una
escuela secundaria básica urbana y una unidad básica de producción
cooperativa, entre otros colectivos.