Desde Francia, la Revolución de 1789 lanzaba su paradigma de
libertad, igualdad y fraternidad al resto del mundo. Hasta el actual
Haití, territorio dominado entonces por la nación europea, llegaron
los aires nuevos del Viejo Continente. En agosto de 1791, esclavos
de la parte francesa de La Española, capitaneados por Boukman, se
rebelaron. Tiempo después Toussaint Louverture se convertía en el
principal líder de los insurrectos.
Su abuelo había venido de África y Toussaint aprendió a leer y a
escribir mientras su dueño hacía de él su chofer en la hacienda.
En la cuestión militar, fue entrenado por los españoles. Cuando
entendió que España solo pretendía desestabilizar a los franceses,
pero no abolir la esclavitud, se rebeló y derrotó a sus antiguos
jefes. Fue ascendido a General de División en 1796.
Por donde él pasaba, confirmaba la emancipación de los esclavos e
instaba a que las plantaciones se pusieran en marcha nuevamente.
La pelea contra los británicos, también en el lado francés de la
isla, fue más difícil; pero en 1798 tuvieron que abandonar La
Española.
Toussaint, que llegó a ser gobernador de Saint Domingue, fue
capturado por el general Leclerc en 1802 y enviado a Francia. Allá
sería encarcelado.
Aunque Louverture, una de las figuras más importantes de la
Revolución, moría el 7 de abril de 1803, Jean-Jacques Dessalines
proclamaba, el 1 de enero de 1804, la independencia de Haití.
(SE)