Un estudio de los impactos medioambientales en la Laguna de la
Leche en las últimas dos décadas y cómo prevenirlos, acometen alumnos
de Latinoamérica que estudian medicina en Ciego de Ávila.
El proyecto lo realizan docentes de la especialidad de Higiene y
Epidemiología, quienes preparan un diagnóstico integral del mayor lago
natural de Cuba y su repercusión en la calidad de vida y el quehacer
económico de Morón.
Se proponen además determinar el estado actual del acuatorio y
sugerir acciones encaminadas a eliminar o minimizar problemas de
contaminación para preservar los valores históricos y culturales del
lugar.
El estudio contribuirá a una mejor explotación del embalse desde el
punto de vista turístico, los deportes náuticos, la cría de peces y el
esparcimiento de grandes y chicos.
Los estudiantes son asesorados por especialistas de Recursos
Hidráulicos, Salud y el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio
Ambiente.
Antes de 1930 la Laguna de la Leche era relativamente dulce, pero
al construirse allí un canal para el transporte de azúcar, comenzó a
penetrarle el mar.
Esa situación y otros factores de índole económico provocaron que
la salinización allí aumentara en 1988 a valores extremos de 48 gramos
por litro, aunque después bajó a 1,5 por la aplicación de diversas
medidas.
Entre las acciones de conservación estuvieron el arreglo del canal
Chicola y la suspensión del vertimiento de desechos, pero en 2006
volvió a contaminarse al registrar más de 15 gramos de sal por cada
litro de agua.
Recursos Hidráulicos monitorea la evolución de la presa, cuyos
niveles de sal son de entre dos y cuatro gramos por litro de agua, es
decir, por debajo de los índices permisibles para el desarrollo
pesquero allí.
El embalse tiene 66 kilómetros cuadrados, capacidad para 120
millones de metros cúbicos y su fondo es de rocas calizas y
otros sedimentos que le dan un aspecto lechoso, cualidad por la cual
se llama Laguna de la Leche.