Más de un millón de dólares ahorraron en los últimos años a la
economía nacional los especialistas del Laboratorio de Sanidad Vegetal
en la provincia cubana de Las Tunas, mediante la producción de
artrópodos benéficos.
Ese resultado se materializó con la introducción en los campos de
insectos depredadores y parasitoides para combatir plagas que afectan
a diversos cultivos agrícolas, en sustitución de pesticidas químicos
que tienen un alto costo en el mercado internacional.
Aparte de su efecto económico, la lucha biológica contribuye en el
empeño de Cuba por desarrollar una agricultura orgánica, sana y
sostenible, que no dañe al medio ambiente, como sucede con la
aplicación de productos de origen industrial.
Durante los siete años transcurridos del presente siglo esta forma
de contrarrestar las plagas agrícolas ha cobrado particular fuerza en
los ocho municipios de Las Tunas, territorio que dedica anualmente
cerca de 700 caballerías (unas nueve mil 300 hectáreas) al cultivo de
viandas y hortalizas.
Según un estudio realizado por las ingenieras Yenny Limonta y
Margarita Peña, en esa etapa el Laboratorio de Sanidad Vegetal tunero
produjo, por ejemplo, más de 120 millones de Trichogranma spp, un
parasitoide útil en la lucha contra insectos que atacan cultivos como
la yuca, el boniato y la col.
También se reprodujeron miles de ejemplares de Chrysopa spp y otros
depredadores benéficos que combaten a los áfidos, una plaga que es
responsable de aproximadamente el 30 por ciento de las pérdidas de los
rendimientos potenciales en diversos cultivos.
Para Las Tunas, a unos 670 kilómetros al este de La Habana, la
lucha biológica resulta de especial importancia, debido a que es entre
las 14 provincias cubanas la de menor promedio histórico de lluvias,
factor desfavorable que contribuye a incrementar las plagas agrícolas.