Las muchachas de la Frontera

Jorge Luis Merencio Cautín

Alegres, locuaces, pero fuertes de convicción y recias de disciplina son las muchachas que en la Brigada de la Frontera, Orden Antonio Maceo, velan por el sueño de los cubanos.

Durante la preparación política.

Así son desde que en febrero de 1989 iniciara el Servicio Militar Voluntario Femenino en esta unidad de vanguardia, escuela para la forja del carácter, el orden, la disciplina, la responsabilidad individual, la exigencia y el amor a la Patria.

Aquí tenemos muchas razones para el regocijo: muy buenas condiciones de vida, espacios para la cultura y el deporte, la superación, el debate político, pero la principal es sabernos defensoras de la Patria desde la primera trinchera de combate, aseveran las soldados Katia Aruca y Gréter Alfonso.

Ambas muchachas, procedentes de la provincia de La Habana, integran un grupo de once estudiantes de Relaciones Internacionales que pasan en la Brigada de la Frontera el año previo al inicio de la carrera universitaria que cursarán.

Hacer guardia frente a un enemigo visible es una responsabilidad extraordinaria. Estamos orgullosas de cumplir esa misión, expresan Katia y Gréter, sobre quienes recae el encargo político de dirigir comités de base de la Unión de Jóvenes Comunistas.

La infantería, elemento clave en la formación militar de las combatientes.

Todas las tareas y misiones que se cumplen en la Brigada tienen como protagonistas a los jóvenes, por eso ser militante de la UJC aquí exige estar en la vanguardia entre vanguardias, sostiene la primer teniente Nereysis Samón, instructora política de una pequeña unidad.

Argumenta esta oficial que la exigencia en la preparación combativa y política, la disciplina, el orden interior, el cumplimiento de las variadas misiones y tareas, y la convivencia de los combatientes permiten que los que ingresen a la unidad no siendo militantes, egresen en su gran mayoría con esa condición.

Es de gran influjo el ejemplo de los militantes a los que no lo son y la labor en su preparación para el ingreso a la UJC, afirma la cienfueguera Gréter Carrazana, quien cumple en la Brigada de la Frontera su periodo de Servicio Militar Voluntario como cuadro de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media.

Carrazana y la guantanamera Yanisleydis Puebla, también militantes juveniles, se desempeñan como primeras tiradoras, categoría ganada por sus resultados en la preparación combativa y política, y que les posibilita instruir a las más noveles soldados en la ejecución del tiro, en la observancia del orden reglamentario y los mejores hábitos de convivencia.

Candidata a estudiante de Medicina Militar, Puebla ingresó en la UJC el 29 de octubre último, estando ya en la Brigada. "Ahora soy una joven mucho más madura, más preparada para la vida y para defender mi país", opina sobre el impacto de ese acontecimiento político.

Acogida a la Orden 18 del Ministro de las FAR y candidata a estomatóloga, Yusmelys Dueña, de La Escondida de Monte Ruz, dice que a la Brigada de la Frontera, con su magisterio y rigor, a los soldados y oficiales, y en especial a los compañeros de militancia, agradece consolidar su formación revolucionaria. "Me han ayudado mucho y juro no defraudarlos nunca".

Isora López, de Báguanos, Holguín, ingresó el 24 de enero último a la Brigada de la Frontera fascinada, según narra, por pertenecer a esa unidad y por hacerse oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

"Cuando solicité venir trabajaba como contadora en el policlínico Julio Antonio Mella. Atrás dejé una tarea importante, pero la de defender la Patria, desde la primerísima trinchera, es algo extraordinario. Me siento muy contenta", dijo esta representante de lo mejor de la juventud cubana.

 

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