Debemos pensar, concluyó la comisión que abordó el tema, no solo
en cómo conservar los valores existentes, sino también en cómo
producir una arquitectura y un urbanismo de calidad que mejore el
hábitat y con ello eleve el sentido de identidad y pertenencia de
nuestro pueblo. Las ciudades no deben verse como fuente de
problemas, sino como concentración de potencialidades.
En otro grupo de trabajo se consideró impostergable situar las
acciones culturales comunitarias que realiza el movimiento artístico
a la altura de la Batalla de Ideas, con el mismo nivel de prioridad
y financiamiento.
Como parte del panel que trató la promoción nacional del arte y
la literatura, los delegados se pronunciaron por estrechar los
vínculos con las instituciones para desalojar del ámbito televisivo
tendencias negativas como la "improvisación y la superchería" y
jerarquizar "lo que constituya verdadero arte".
El escritor Sigfredo Ariel abogó porque la televisión contribuya
a convertir los valores auténticos de la cultura en parte sustantiva
de la vida del pueblo, lejos de modas e intereses personales.
En ese sentido, el poeta Miguel Barnet sostuvo que uno de los
retos esenciales es construir una televisión entretenida y a la vez
que estimule la inteligencia y la sensibilidad, rasgos de las
mejores tradiciones de la identidad nacional. Para ello instó a los
intelectuales y artistas a estrechar las relaciones con el Instituto
Cubano de Radio y Televisión (ICRT) para desterrar las causas de la
trivialidad y la superficialidad.
La contrapartida institucional llegó en la voz de Froilán
Arencibia, vicepresidente del ICRT, quien opinó "se deben perder
ciertas zonas de prejuicio de los intelectuales y artistas con los
medios para ganar entonces en calidad de nuestras puestas en escena,
en lo que promovemos y hacemos".
Por su parte, la comisión que ventiló la enseñanza artística
elevó al plenario la sugerencia de que se considere a este tipo de
educación como parte del patrimonio vivo de la nación, puesto que
aún con las insuficiencias y carencias conocidas, constituye uno de
los logros más singulares de la cultura en las últimas décadas.
Habrá que resolver, eso sí, disímiles problemas que van desde la
falta de incentivos y facilidades para que los mejores talentos
profesionales sientan en la docencia una posibilidad de realización
personal y entrega social hasta entuertos burocráticos derivados de
la doble subordinación de las escuelas a los Ministerios de Cultura
y de Educación, sin obviar un asunto fundamental: el fortalecimiento
de una formación humanista y ética de los futuros artistas.
Sobre las perspectivas de desarrollo de estos últimos, se habló
en la comisión consagrada a la atención a los jóvenes escritores y
artistas. Al comentar el dictamen, el compositor Roberto Valera y la
ensayista Graziella Pogolotti coincidieron en que tendrán que
hallarse vías expeditas para la promoción de los valores emergentes
por los medios de comunicación y en los programas de las
instituciones culturales.