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El coraje intelectual
PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu
Semanas atrás, cuando los
intelectuales de la provincia habanera efectuaron su plenaria
preparatoria hacia el VII Congreso de la UNEAC, el mismo énfasis
puesto en la necesidad de transformar cualitativamente la inserción
de los mejores valores artísticos y literarios en los medios de
difusión, se desplazó hacia la problemática medioambiental.
El reconocido autor de narraciones para niños y jóvenes, Omar
Felipe Mauri, llamó la atención sobre cómo en ese territorio, que
ocupa el segmento más estrecho de la Isla, se advierte un proceso de
salinización de las fuentes hídricas, retrocede la línea de mangle
que protege la costa sur y hay vertimientos de desechos. "No nos
podemos cruzar de brazos —concluía—; el arte y la cultura pueden
educar al ser humano en los valores de la naturaleza y su cuidado".
En su momento, un grupo de escritores y artistas espirituanos no
se limitaron a señalar carencias y distorsiones en las fiestas del
San Juan trinitario y pérdidas de orientación en la trama de la
Feria Nacional de Arte Popular que comparten con Ciego de Ávila,
sino que alzaron sus voces para decir que con ellos se podía contar
para encauzar tales acontecimientos.
Ahora mismo, en una conversación entre colegas en el Palacio de
las Convenciones, una veterana teatrista reflexionaba sobre una
vivencia personal. Unos meses atrás, de visita de trabajo en
Barcelona, vio a una muchacha, que fue una de sus más aventajadas
alumnas, prestando servicios en un restaurante: "Ella era una de las
más dotadas y cumplidoras, tuvo extraordinarios rendimientos
académicos. Recibió una carta de invitación para un proyecto sin
mucho vuelo y se fue quedando. Creo que le dio cierta vergüenza
cuando nos encontramos. Yo sentí, sin embargo, que en algo habíamos
fallado con ella".
No es difícil divisar los vasos comunicantes entre las
situaciones antedichas. Apuntan hacia insatisfacciones de la vida
espiritual de muy diverso signo, pero no cabe duda que resulta
estimulante saber que existen esas preocupaciones, y mucho más, que
se revela una necesidad de acción, de meterles el cuerpo a los
problemas, de reflexionar y proponer soluciones.
Ese grado de compromiso, prevaleciente a lo largo del proceso de
discusión y análisis del VII Congreso de la UNEAC, que hoy termina,
pero que comenzó desde que el año pasado, por estas fechas, se libró
su convocatoria, es un rasgo distintivo de la intelectualidad cubana
de nuestro tiempo.
A diferencia de quienes creen que el narcisismo y la
autocomplacencia son inherentes a la condición intelectual, la
vanguardia artística y literaria en nuestro país, más que pedir para
sí, reclama y auspicia espacios de participación, y sin estridencia,
pero con un elevado sentido del deber, ha asumido su
corresponsabilidad en la búsqueda de soluciones a problemas de muy
diversa índole, que van, como se ha visto, desde la promoción de una
cultura de la naturaleza hasta la formación ética y humanista de los
talentos emergentes.
Inútilmente, desde cercanas y lejanas orillas, no han faltado
quienes hubieran querido un rumbo diferente de este Congreso.
Antonio Gramsci, el gran filósofo italiano, les respondería: "El
modo de ser del nuevo intelectual ya no puede consistir en la
elocuencia motora, exterior y momentánea de los afectos y de las
pasiones, sino que el intelectual aparece insertado activamente en
la vida práctica, como constructor, organizador, persuasivo
permanentemente¼ "
Para ello se necesita mucho coraje intelectual. Es el que estamos
viendo. |