Foco rojo en la autopista nacional

Ofertas de dudosa procedencia

Juan Varela Pérez
juan.pvp@granma.cip.cu

Kilómetro 80 de la Autopista Nacional. Municipio de Nueva Paz. Día miércoles: 10:00 a.m. A esta hora, vendedores del "mercado por la libre" o también llamados "merolicos" ocupan lugar casi a la entrada de la unidad de servicios gastronómicos a la que choferes y viajeros han bautizado como el "primer conejito". El número irá en aumento según avance el día. Sábados y domingos son clave al incrementarse las posibilidades.

Fotos: Otmaro RodrÍguezLos llamados Conejitos, creados para dar una oferta variada y de calidad a la población, deben estar libres de estos vendedores ilegales. (En esta fotografía se usó el recurso de distorsionar las caras).

En cajas o sobre ellas exhiben mercancías de dudosa procedencia. Las bondades y virtudes de lo que ofertan crecen ante la afluencia de futuros clientes. Son miles las personas que a diario se trasladan desde o hacia la capital. Al llegar a este punto se hace, por lo general, un alto en el camino para estirar las piernas, almorzar o simplemente merendar.

Pasajeros y choferes reconocen que la unidad, abierta las 24 horas, mejoró en los últimos meses. Es mayor el surtido de productos, tanto en moneda nacional como en CUC y se observa más orden, limpieza y disciplina en el personal. Aunque sin ser lo perfecto predominan la agilidad y el buen trato en kioscos (los hay varios) y en el restaurante, ubicado en la segunda planta.

Fotos: Otmaro RodrÍguezEstos centros reúnen las condiciones para que los que viajen entre el oriente y el occidente del país reciban el servicio que merecen.

Pero este plausible empeño tiene un enemigo: la fea y desagradable imagen que incorpora una especie de "candonga" montada por quienes desafían leyes y advertencias.

Los reporteros de Granma fueron testigos de la forma en que actúan. La relación de lo que proponen es amplia. Pueden encontrarse discos compactos, equipos MP-3, tabletas de chocolate, sorbetos, paquetes de caramelos y galletas dulces, pastas alimenticias empaquetadas y otros renglones que pueden aparecer. Los hay de elaboración casera, pero la presentación y envoltura indican la procedencia fabril de la mayoría y su dudosa licitud.

Empleados de la unidad aseguran que las ofertas pueden variar según la época del año. La nada clara procedencia de sus productos les permite competir en precio con el listado oficial que rige para el Conejito.

Estos vendedores ¿de dÓnde proceden?

Los vendedores proceden de diferentes lugares, funcionan como especie de "asociación" con un original sistema de aviso. Mediante señales alertan la presencia de agentes de la autoridad o de cualquier dirigente. Con felina movilidad son capaces, en pocos minutos, de desmontar el escenario de operaciones y trasladar la mercancía hacia un lugar convenido. Allí esperan la señal que les devuelva la normalidad.

La administración del Conejito, según conocimos, rechaza este fenómeno y, hasta donde puede, lo enfrenta. Admite, en cambio, que precisa del apoyo permanente de las autoridades, única forma —como sucedió en la instalación similar de Aguada de Pasajeros— de romper el cerco y eliminar de raíz el desagradable espectáculo.

Las gestiones y denuncias se han reiterado. Se han organizado operativos que dejan sus huellas. Mas, al poco tiempo retornan. No faltan las amenazas para quienes los desafían. El administrador anterior fue víctima de una agresión física. Al actual, no exento de riesgos similares, le duele que alguien imagine al colectivo insensible ante el problema o lo que es peor, que esté de acuerdo. El tema provoca análisis frecuentes en busca de la solución definitiva y proteger la imagen del centro y también su gestión económica.

El Conejito de Aguada de Pasajeros no padece este mal. En esa unidad no se encuentran hoy, al menos visibles, tales vendedores. En pasadas etapas sucedía igual, pero el sistema de vigilancia actúa de forma permanente e impide que los violadores de la ley levanten cabeza.

¿Qué opinan estos "comerciantes"?

No pregunte tanto compadre, si le interesa compre y siga, respondió uno de ellos cuando alguien indagó acerca de la procedencia de las tabletas de chocolate.

Otro, en cambio, alabó la calidad de los discos compactos. Es una grabación muy profesional, dijo, y ofreció una explicación como lo haría un conocedor del tema.

Tengo MP-3, traído de afuera; es una maravilla, de marca, legítimo, y en solo 100 CUC es un regalo, dijo un joven de unos 25 años al supuesto cliente.

En todos hay dominio de lo que venden. Lo difícil es penetrar sus dos mundos: uno visible y otro invisible. Poseen el arte de ofrecer, ante los viajeros, la imagen de ser simples y nobles "luchadores", gente sin otro medio de subsistir. Un tiempo junto a ellos, al pie de las tarimas y ser testigos del modo de operar, es la única vía para conocer un poco mejor los manejos de este ambiente.

No cualquiera puede establecerse. Hay sus "reglas". Ocupar un espacio no parece fácil. Choferes de rutas interprovinciales, que detienen sus vehículos con frecuencia en el conejito, señalan que las caras se reiteran.

Uno de los que actúa como especie de guía, alertó sobre la presencia del fo-torreportero. Funcionó la señal de aviso y enseguida varios crearon un tipo de pared para ocultar detalles y rostros.

Es que no sabemos el destino de esas fotos, apuntó uno de ellos. Tal actitud demuestra la agilidad y la agudeza para moverse y burlar, incluso, sorpresivas inspecciones y operativos de las autoridades.

Este no es un fenómeno nuevo. La historia demuestra que los cierran en un lado y reaparecen en otro. En la autopista nacional se mueven en determinados tramos, pero cada vez menos, vendedores ilegales. Tabletas de maní y productos agrícolas han sido sus ofertas fundamentales. Ahora, en cambio, el negocio adquiere otra dimensión e incorpora artículos de oscura procedencia. Evitar que esto prolifere exige atención directa de los organismos y autoridades competentes y el máximo control para impedir los robos y desvíos que sostienen esta "candonga por la libre".

 

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