El presidente Vladimir Putin partió hoy
hacia Bucarest para participar en el Consejo Rusia-OTAN al más alto
nivel, en un momento caracterizado por agudos antagonismos entre ambas
partes.
Durante la visita de dos días, el estadista expondrá el punto de
vista del Kremlin sobre problemas en los que discrepan Moscú y la
alianza como el despliegue de elementos del sistema de defensa
antimisiles (DAM) de Estados Unidos en Europa del este.
Asimismo, se referirá a otra cuestión considerada por Rusia una
amenaza para la seguridad nacional como la expansión hacia el este de
la agrupación noratlántica y el Tratado de Fuerzas Armadas
Convencionales en Europa (FACE), aún no ratificado por los miembros
del bloque.
El asesor de la Presidencia, Serguei Prijodko, informó que el mal
precedente creado por la independencia unilateral de Kosovo y la
violación del derecho internacional que ese hecho representa figura en
el temario del líder ruso.
La reunión del Consejo sesionará mañana y el programa de visita no
prevé encuentros por separado con gobernantes de otros países, subrayó
Prijodko.
Acompañan al jefe de Estado en el viaje a Bucarest el ministro de
Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov, el de Defensa, Anatoli Serdiukov,
y Prijodko.
Al final del Consejo será emitida una declaración conjunta, según
la fuente.
La tirantez predominante hoy en los nexos de Moscú y la OTAN quedó
reflejada en recientes declaraciones del secretario general de la
alianza, Jaap de Hoop Scheffer, al mencionar como inútil retórica
antioccidental las críticas que pueda contener el discurso que
pronunciará Putin en Bucarest.
Por su parte, la Voz de Rusia calificó de incomprensible el plan de
la OTAN de que la prensa no tenga acceso a la intervención en el
Consejo del jefe del Kremlin.