A pesar de los percances y traspiés encontrados en
el camino durante el transcurso de este mes, Barack Obama se va
acercando paso a paso a conquistar la nominación como candidato
demócrata a la presidencia de Estados Unidos. Marzo le ha traído
diversos episodios negativos que afectaron su desempeño en las
primarias de Ohio y le causaron una baja en la preferencia en las
encuestas de opinión, pero a partir de su discurso del 18 de marzo
sobre el problema racial en Estados Unidos su imagen y su situación
electoral se ha ido recuperando.
La mayor repercusión negativa para Obama fue la
difusión en televisión y en Internet de clips de sermones donde el que
fuera pastor de la Iglesia Trinity de Chicago y mentor espiritual de
Obama, Jeremiah Wright, hace declaraciones y críticas muy severas
contra la actuación del gobierno de Estados Unidos y sobre la
discriminación contra la población negra. Obama tuvo que separar al
pastor de su equipo de campaña presidencial, y hacer el discurso a que
nos referimos anteriormente sobre el tema de las diferencias y
conflictos entre blancos y negros en Estados Unidos, repudiando las
declaraciones de Wright. De hecho el incidente puso sobre el tapete en
la campaña electoral el tema y las consecuencias de ese dilema en las
elecciones generales de noviembre, caso de que Obama sea el candidato
republicano, son aún impredecibles.
La situación pudiera complicarse para Obama con la
aparente inconsistencia de unas declaraciones hechas el jueves 27
durante una grabación para el programa "The View" de ABC a ser
transmitido al día siguiente en que afirmó: "Si el reverendo no se
hubiese retirado y si él no hubiese reconocido que lo que dijo ofendió
profundamente a las personas y fueron inapropiadas y mal caracterizan
lo que creo es la grandeza de este país… entonces no me hubiese
sentido cómodo manteniéndome en esa iglesia".
Sin embargo, el análisis del panorama político de
esta etapa final de las primarias da un resultado decididamente a
favor de Obama frente a Clinton.
Obama ha incrementado su ventaja en cuanto a
delegados comprometidos, al obtener más que su rival en aquellos casos
en que faltaban por designar en convenciones estaduales y de condados
algunos delegados de la cuota que corresponde a cada estado. Según
estimados de la AP, Obama contaba en los últimos días de marzo con
1406 delegados electos frente a 1249 de Clinton. Si se agregan a Obama
el estimado de 212 superdelegados que lo apoyan, su total es de 1618,
mientras que Clinton, con los 250 superdelegados captados, alcanza
1499 delegados.
Clinton tendría que ganar el 60% de los 566
delegados que aún faltan por elegir para poder igualar a Obama. Es una
tarea virtualmente imposible, tomando en cuenta que Obama es fuerte en
dos estados, donde se celebraran primarias, con 167 (30%) delegados
por elegir: North Carolina y Oregon.
Por si acaso y para evitar que sean los delegados
de Puerto Rico (55) los últimos en contarse en la disputa, la comisión
de reglas del Comité Nacional Demócrata expresó su acuerdo de cambiar
los caucuses programados para el 7 de junio en ese territorio colonial
por primarias que se celebrarán el 1º de junio. (La justificación fue
que hubo un error tipográfico en un inicio y que el 1 se confundió con
un 7).
También Obama ha ido acercándose a Clinton en
cuanto a los superdelegados que han comprometido sus votos. Desde el 5
de febrero, la campaña de Obama ha anunciado haber recibido el apoyo
de unos 60 nuevos superdelegados; Clinton solo ha captado dos nuevos
superdelegados. La última victoria para Obama y derrota para Clinton
fue la decisión de Bill Richardson, gobernador de Nuevo México (el
político de origen hispano de mayor rango electo en Estados Unidos),
de apoyar a Obama, a pesar de que Richardson había ocupado dos cargos
de nivel ministerial bajo el gobierno de Bill Clinton.
La irritación y desesperación de los partidarios de
Clinton por las dificultades prácticamente insalvables para obtener la
nominación demócrata, se reflejan en la carta que el 26 de marzo
dirigieran un grupo de 20 importantes contribuyentes financieros a la
campaña de Clinton a la presidenta de la Cámara de Representantes
(este es el cargo electivo de más rango en Estados Unidos después del
Presidente y del Vicepresidente), Nancy Pelosi. Los signatarios
demandan que Pelosi retire sus declaraciones de que los superdelegados
deben respetar la decisión de los electores en las primarias (lo que
en las condiciones actuales se interpreta como un respaldo disimulado
a Obama), calificando dicha posición como indefendible y contraria al
espíritu con que el Partido Demócrata creo la categoría del llamado
superdelegado en 1984.
Sin embargo, otro importante superdelegado, el dos
veces gobernador de Tennessee, Phil Bredesen adoptó posición similar a
la de Pelosi y hasta ha propuesto celebrar en junio una especie de
primarias de superdelegados para definir de una vez por todas la
nominación y ahorrar al Partido el desgaste que representa la lucha
entre Hillary y Obama.
Otro elemento favorable a Obama es haber obtenido
la mayor cantidad de votos en las primarias y caucuses celebrados. Hay
consenso entre observadores de la campaña electoral de que Hillary
necesitaría de un "milagro electoral" para poder equipararse con Obama
en votos electorales durante los restantes nueve eventos electorales.
Tambien Obama se fortalece con el fracaso de
Hillary en lograr que se haga una nueva votación en Michigan y en
Florida, lo que espera pudiera ayudarla a obtener un número superior
de delegados que Obama. Por el momento todo indica que la decisión de
admitir los delegados de Michigan y de la Florida en la Convención
Nacional será posterior a un eventual acuerdo entre Obama y Hillary,
aunque las gestiones para un acuerdo de solución aún están en marcha.
En cuanto a las finanzas, Obama es el candidato con
más fondos disponibles. Según los datos de la Comisión Federal
Electoral, Obama recaudó en febrero cerca de $2 millones de dólares
diarios, como promedio, y tenía en sus cajas al inicio de marzo $50
millones de dólares. Hillary recaudó $34,5 millones de dólares (su
mejor mes en recaudación), pero concluyó febrero con solo $3 millones
de dólares, después de descontar las deudas a los suministradores y
aún no ha recuperado los $5 millones de dólares que prestó a la
campaña de sus fondos personales.
Es decir, mientras Hillary financieramente mantiene
su campaña con los que recauda diariamente, Obama cuenta con fondos
suficientes para proyectarse para el día a día y en contiendas futuras
como las primarias de Pennsylvania el 22 de abril, estado donde ya
lanzó desde el 21 de marzo una campaña de publicidad con un anuncio
por televisión de 60 segundos con sus datos biográficos y otros dos de
30 segundos cada uno sobre su enfrentamiento a intereses económicos
especiales y su habilidad para trabajar con ambos partidos.
El objetivo de Obama no es ganar las primarias de
Pennsylvania, donde Hillary cuenta con una sustancial ventaja, sino
negarle la mayor cantidad posible de delegados y de voto popular.
Por estas razones, algunos analistas ya hablan de
que se aproxima el momento de administrar la "extremaunción" a las
aspiraciones de Hillary, y así evitar que la decisión sobre el
candidato sobrevenga en la propia Convención Nacional.
Solo un cataclismo político y electoral podría
cerrar el camino de Obama hacia la nominación como candidato
presidencial demócrata, pero la lucha en las primarias podría
continuar hasta el 3 de junio. A Obama le será suficiente mantener la
estrategia seguida que hasta el momento le ha dado buenos resultados.
Tan es así que el 23 de marzo dio muestras de
contar con apoyo hasta en las filas conservadoras republicanas cuando
logró el respaldo de un académico constitucionalista, Douglas W. Kmiec,
quien sirvió como consejero legal de los presidentes Reagan y Bush,
padre, y fue vicepresidente del comité que asesoraría sobre asuntos
constitucinales y designaciones de jueces federales al ex aspirante
conservador republicano Mitt Romney. Kmiec dio como razones que el
presidente Bush "ha involucrado a la nación en un comprometimiento
militar sin suficiente justificación u objetivo claro" y "ha causado
tanto trágicas pérdidas de vida como en una extraordinaria deuda que
pone en riesgo la economía y el bienestar del ciudadano norteamericano
promedio".
Mientras que los demócratas siguen enfrascados en
una estéril lucha, el que será consagrado por los republicanos como su
candidato a la presidencia, John McCain, sigue batiendo los tambores
de la guerra en tándem con el binomio presidente Bush-vicepresidente
Cheney. Bush y Cheney, con el concurso ocasional de Condolezza Rice,
siguen con su "jingoism" (término inglés empleado para identificar un
chovinismo extremo caracterizado por una política exterior
beligerante, según el diccionario Merriam-Webster´s), pero las
aventuras no le han salido bien al duo (o trio, o cuarteto
norteamericano) en el intento de azuzar el espíritu patriotero y
alentar las acciones guerreristas.
El quinto aniversario de la guerra en Iraq el 19 de
marzo, fue seguido el 24 con la simbólica cifra de 4.000
norteamericanos muertos en la guerra, según estimados oficiales del
Pentágono. Esas muertes tuvieron lugar en el contexto del
recrudecimiento de los enfrentamientos armados en Iraq.
Alrededor de estos hechos, las declaraciones de
Bush, de Cheney y de McCain apoyando la continuación de la guerra en
Iraq no han sido bien recibidas en el medio electoral.
El pasado 20 de marzo, en una entrevista en ABC
News, la periodista preguntó a Cheney que opinaba de la oposición a la
guerra por la mayor parte de la población norteamericana. La respuesta
de Cheney dejó atónitos a muchos: "¿Y qué? La política no debe
ajustarse a las fluctuaciones en la actitud pública". Entre los
ofendidos por las palabras de Bush se encuentra Mickey Edwards,
congresista federal a 1977 a 1993 y cercano colaborador de Cheney,
quien dos días después publicó un artículo anunciando su ruptura el
Presidente y el Vicepresidente.
Declaraciones de Bush sobre las bajas habidas entre
los norteamericanos fueron consideradas insensibles, obligando a la
Casa Blanca a darle un "giro" (spin).
El 24 de marzo, durante una visita al Departamento
de Estado, en una referencia indirecta al arribo a los 4.000 muertos,
Bush declaró: "He prometido solemnemente, y lo prometeré
solemnemente mientras sea presidente, asegurarme de que esas vidas no
se perdieron en vano; que, de hecho, habrá un resultado que amerite el
sacrificio que han hecho tanto civiles como de militares; que nuestra
estrategia de seguir adelante estará dirigida a asegurarnos que
obtendremos la victoria".
El 27 de marzo, al hablar ante una audiencia de
invitados en el Museo Nacional de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en
Dayton, Ohio, Bush dedicó la parte esencial de su discurso a defender
las acciones norteamericanas en Iraq, argumentando que la "creciente"
de fuerzas militares norteamericanas ha significado sensibles mejoras
en la situación militar y política. Mientras Bush hablaba así en Ohio,
funcionarios de su gobierno se reunían en Washington para examinar el
deterioro de la situación militar en Basora, Mosul y otras partes del
territorio iraquí, incluyendo enfrentamientos armados en Bagdad entre
tropas norteamericanas y el Ejército Mahdi.
McCain, montado en el mismo carro de la guerra,
respaldó incondicionalmente las posiciones de Bush y de Cheney en un
discurso sobre sus concepciones en política exterior pronunciado el 26
de marzo en una reunión del Consejo de Asuntos Mundiales (World
Affairs Council) en Los Angeles. Las palabras de McCain parecían
anticipar lo que al dia siguiente afirmaría Bush en Ohio. Dijo McCain:
"Tenemos una responsabilidad moral en Iraq… Los que reclaman que
debemos retirarnos… están cometiendo un error peligroso… una retirada
arriesgada y prematura sería una derrota terrible para nuestros
intereses de seguridad y nuestros valores".