Que Santiago haya llegado a la semifinal oriental no es sorpresa
para nadie. Las Avispas de Pacheco son, sin duda, el seleccionado
más completo de la pelota cubana hoy por hoy. Y que Villa Clara
salga el viernes a la grama del Guillermón en busca del boleto para
la final tampoco lo es. Los Azucareros de Víctor no son una
"guerrilla", como los califican en ocasiones, sino un conjunto bien
plantado, con una garra que ya quisieran para sí otros aparentemente
más calificados.
Funcionó la lógica en la zona oriental, no hubo casualidades, a
pesar de la fuerte resistencia de los Tigres avileños, quizás
imbuidos por la filosofía de su nuevo mentor, Roger Machado: la de
"yo sí puedo" que ojalá les brinde superiores resultados en la
venidera contienda.
Todo lo contrario ocurrió en el oeste. Aunque no quiero calificar
de "sorpresa" el contundente éxito de los Mediasverdes vueltabajeros
porque —a pesar de ver complicada su clasificación en los días
finales ante el empuje de los Toronjeros pineros—, los Azules
capitalinos llegaron maltrechos al enfrentamiento en el San Luis,
con un pitcheo vacilante, apabullado por 28 carreras habanistas en
los tres últimos días de la etapa clasificatoria.
Era obvio que, al menos en el papel, Urgellés, Malleta, Yasser y
compañía tienen más nombre, más oficio, que David Castillo, Reinier
León, Rafael Valdés y los demás. Pero sin pitcheo no se gana en la
pelota.
Como este deporte es tan complicado —quizás más que ningún otro,
no quiero ser absoluto—, es válido el viejo refrán: no solo de pan
vive el hombre. Traducido: no solo de pitcheo vive un equipo. A los
Vaqueros habanistas se les olvidó batear. Una carrera en diecisiete
entradas, ninguna en el cuarto juego. Los Gallos espirituanos, aun
sin el aporte de sus principales figuras, consiguieron un mejor
balance ofensiva-pitcheo. Ese es el secreto del éxito en este
deporte.
Rompe mañana la semifinal oriental y un día después vendrá la
occidental. ¿Se invertirán los papeles o la lógica seguirá su curso?
El béisbol, la pelota, seguirá siendo siempre un enigma en cada
partido.