El acontecimiento Francesco Belli

LEONARDO GELL FERNÁNDEZ-CUETO

En los últimos años, nuestro ambiente musical se ha visto matizado con la presencia del director de orquesta y clarinetista italiano Francesco Belli, quien ha sido invitado por la Filarmónica Nacional de Cuba (FNC) para ofrecer conciertos al frente de su organismo rector, la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), y su homóloga en la ciudad de Matanzas.

Inicialmente dichos encuentros sucedieron a manera de bosquejo, mas hoy se han convertido en una fraternal unión entre el artista y nuestros músicos y público en general. No en balde se le confirió, en abril del 2006, la condición de Huésped de Honor de la FNC.

Durante este periodo han sido memorables sus interpretaciones de La consagración de la primavera, de Igor Stravinski; Los pinos de Roma, de Ottorino Respighi; o los programas dedicados a Maurice Ravel y Wolfgang Amadeus Mozart, donde ha actuado además en su doble función de solista y director, por solo citar algunos ejemplos.

Interesado en acrecentar la valía de sus presentaciones y con el afán de vincular a otros colegas con nuestro país, se ha hecho acompañar, indistintamente, por el oboísta Paolo di Cioccio, el flautista Francois Dolmetsch, el clarinetista Iván Petruzziello y el cornista Angelo Agostini.

Por todo ello, es habitual una feliz reacción cuando sabemos que el maestro Francesco Belli vendrá nuevamente a Cuba para intervenir en varios conciertos de la temporada sinfónica habanera. De antemano somos conscientes de que serán un regalo de buena música. Sí, porque Belli posee ese don inexplicable de la comunicación, cosa que aplica en el trabajo diario con los músicos y tiene como resultante una depurada interpretación.

Precisamente, siempre ha sido una incógnita para este cronista la capacidad que posee al enfrentarse a programas tan comprometidos en los contados ensayos de que dispone con la OSN para los conciertos dominicales.

Su especial manera de fundir timbres de instrumentos diversos, de lograr una amplia gama de colores e intensidades sonoras o de independizar cada una de las líneas orquestales a través de la flexibilidad del fraseo y las articulaciones —según el momento lo requiera—; son algunos de los artificios técnicos que mucho ayudan a hilvanar la música en aras de alcanzar una ejecución sólida y bien construida.

Quizás esa sea su mejor herramienta: el conocimiento de la partitura y, sobre todo, saber lo que quiere con ella. Solo así se justifica el hecho de que la música hable con la misma espontaneidad con que sus propios gestos advierten a los músicos del atril, con los cuales muestra ya una gran empatía que se pone de manifiesto en todo momento.

Recientemente fuimos testigos de cinco conciertos en los que Francesco Belli intervino. Primero como solista y luego como director invitado de la OSN y el Conjunto Instrumental Nuestro Tiempo. En estos programas colaboró con los pianistas cubanos Patricio Malcolm y Marlon Bordas, y el violinista Augusto Diago; ocasión en que una vez más le dimos el calor que se merece ante tan alta entrega artística.

Solo nos resta esperar a que un nuevo acontecimiento musical suceda con sus próximas visitas, porque solo así podemos llamarle al hecho que él representa para la música cubana en nuestros días.

 

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