Es
la mañana del 2 de abril del 1948. En la tabaquería La Corona se viven
momentos de tensión. Miguel Fernández Roig llega más temprano que de
costumbre. Se mantiene sereno, inalterable, confiado en la unidad de
los trabajadores que el día anterior habían rechazado a elementos
reaccionarios cuando intentaron ocupar el local del Sindicato de
Torcedores.
Cerca de las 11:00 de la mañana entra una decena de esbirros
armados de pistolas, en actitud de abierta provocación. El traidor
Manuel Campanería Rojas avanza hacia la mesa del lector. Su objetivo,
apoderarse del micrófono; pretende anunciar la destitución de la
dirigencia sindical y la intervención oficial del sindicato.
La amenaza no intimida al líder obrero, sino que se opone a esta
acción y encabeza a los trabajadores. El primer disparo de los
delincuentes no logra detenerlo, el segundo, le atraviesa el tórax.
Herido de muerte, Fernández Roig tiene fuerzas para tomar un pedazo de
hierro y descargarlo sobre la cabeza del asesino. Muere así, en
defensa de los principios de la clase obrera, el destacado líder
sindical tabacalero y luchador comunista.
Miguel Fernández Roig se había desempeñado como Secretario de
Organización del Sindicato de Torcedores de La Habana, sin abandonar
su labor como torcedor; luego, fue Secretario General de la
organización sindical en la fábrica.
En numerosas huelgas estuvo en primera fila. Compartió prisión con
compañeros de lucha por defender las demandas económicas y políticas
del proletariado. Se destacó en la reorganización del movimiento
sindical.
Fue un firme combatiente por la unidad de los obreros y propulsor
de la fundación de la Central de Trabajadores de Cuba.