Si bien en el mundo han sido utilizadas sobre todo en la reparación
del músculo cardíaco en personas aquejadas de infarto y cardiopatía
isquémica, y en la terapia de oclusiones del flujo sanguíneo, hoy sus
perspectivas son promisorias para tratar enfermedades degenerativas
del sistema nervioso, diabetes, problemas ortopédicos, de urología y
en la recuperación de órganos vitales con fallos funcionales.
Investigaciones recientes demuestran su existencia en diferentes
puntos del cuerpo, como es la médula ósea, la sangre del cordón
umbilical, tejido conjuntivo, córnea, médula espinal, hígado, pulmón,
piel y páncreas, entre otros.
A partir de la experiencia internacional acumulada en tan
apasionante tema durante las dos décadas finales del siglo XX, en el
año 2002 nuestro país comienza a desandar en la terapia celular, pilar
básico de la llamada medicina regenerativa, por aquel entonces más
ficción que realidad.
El primer paso, precisa el doctor Porfirio, fue la creación de un
grupo de trabajo formado por especialistas del Instituto de
Hematología, el Hospital Nacional Enrique Cabrera, el Cardiocentro
William Soler, y el CIMEQ, para emplear tan revolucionario proceder en
personas aquejadas de isquemias severas de los miembros inferiores,
que al no responder a los tratamientos convencionales, estaban
próximos a sufrir de manera inmediata algún tipo de amputación mayor (
cortar el pie completo hasta la mitad de la pierna, o por encima de la
rodilla).
Nosotros, destacó, usamos las células madre adultas obtenidas de la
médula ósea o de la sangre periférica de la propia persona, pues más
allá de no presentar los problemas de bioética y posibilidades de
rechazo que tiene el trabajar con células madre embrionarias de
organismos vivos, la ciencia demostró que las primeras son capaces de
adquirir características muy similares a estas últimas y formar
células de diferentes tipos de tejidos.
Ya en marzo del 2004 se hicieron las primeras aplicaciones, las
cuales incluyeron posteriormente algunos casos críticos de lesiones
del pie diabético y determinadas patologías vinculadas también a la
angiología.
La muestra inicial comprendió un total de 30 pacientes con isquemia
severa de miembros inferiores. Con el uso de los implantes de células
madre evitamos la amputación mayor en el 67% de los enfermos que la
tenían indicada como último recurso, indicó el doctor Hernández.
Según precisó el también miembro titular de la Academia de Ciencias
de Cuba, posteriormente incorporamos otros pacientes en estados menos
críticos, es decir con dolores intensos en los miembros inferiores,
pero sin indicios de cangrena, ni úlceras isquémicas. En ellos el
dolor desapareció en un periodo de cuatro semanas.
Las células madre adultas son introducidas directamente en los
sitios donde aparece la lesión a través de múltiples inyecciones
aplicadas de una vez en los gemelos y el músculo tibial. De ser
necesario también pueden aplicarse en el dorso del pie o el muslo,
según el tipo de daño existente.
Quizás uno de los aportes más notables de este proyecto es el haber
logrado diseñar un método sencillo y mucho más económico para obtener
las células madre, que no requiere utilizar las costosas máquinas
separadoras.
Para ello se inyecta en el paciente una sustancia estimuladora que
hace salir las células madre de la médula ósea hacia la sangre
periférica. A las pocos días estas pueden sacarse mediante una
extracción de sangre de volumen variable, directamente de una vena del
brazo.
Lo anterior permitió extender la aplicación de la terapia celular
regenerativa a las provincias de Pinar del Río, Villa Clara y
Cienfuegos, donde los resultados son promisorios. En la actualidad se
dan los primeros pasos para su introducción en Matanzas.
Es oportuno destacar que la citada sustancia estimuladora es un
fruto del desarrollo de la biotecnología cubana. De no producirse en
el país habría que comprarla a precios muy elevados en el mercado
internacional, y eso limitaría de manera significativa las
posibilidades de generalización del procedimiento, indicó el doctor
Hernández.
Para beneplácito de la salud del hombre, la terapia celular
regenerativa es hoy ciencia constituida, aunque todavía falte mucho
camino por desandar.