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El peaje no beneficia
Ventura de Jesús
VARADERO.— El chofer empujó el vehículo hasta casi el borde de la
vía. Sospechaba que el repentino fallo del carro residía en un mero
asunto de bujías. Luego de intentarlo repetidamente se dio por
vencido. El problema era más serio; la solución no estaba en sus
manos. Ante la desalentadora situación buscó entonces ayuda en la
soledad de la carretera, distante a varios kilómetros del poblado más
cercano.
Por
el peaje circulan diariamente unos 8 000 vehículos.
"Me he quedado botado muchas veces en esta vía, en una ocasión,
bien cerca del peaje. Para salir del apuro tuve que pagar a un
particular. Nunca llegó la grúa que supuestamente debe auxiliar a los
vehículos parados en este tramo de la carretera. Todo el mundo da por
sentado que si uno paga el peaje tiene derecho a ciertos beneficios.
Pero no es así".
Similar suerte tuvieron ese día Braudilio Horta y Yoel Suárez,
"atascados" también en otros puntos de la carretera luego de pagar el
peaje en viaje a Matanzas. Tampoco ellos recibieron el tan añorado
socorro. "Un día el carro se me rompió muy cerca de la Universidad de
Matanzas y tuve que ir hasta Cárdenas en busca de un amigo", recuerda
Horta.
Los
conductores no entienden por qué el peaje no se revierte en auxilio a
vehículos, vías en buen estado y seguridad.
Ambos lamentan además el estado de la vía, que aunque no es ni con
mucho la peor del país debería encontrarse en mejores condiciones. "No
hay explicación para eso. Incluso, a escasos metros del peaje puede
apreciarse el gran desnivel en el asfalto, dice Yoel".
Para el chofer Michel Alain Cardoso, a quien encontramos a la
deriva a poca distancia de la entrada al Aeropuerto, el servicio del
Peaje sencillamente no existe. Otra preocupación suya es la presencia
de animales en la vía, debido al mal estado de la cerca que delimita
el territorio de la Empresa Henequenera.
Yo ayudo a mejorar un poco algunos tramos de la cerca casi a
diario, pero con remiendos no se soluciona el problema, comentó
Francisco Santana, jubilado de la Henequenera, empeñado en reforzar el
alambrado de púa en un tramo próximo a Boca de Camarioca. "El alambre
está envejecido, podrido por el salitre, y requiere de un cambio
total".
De acuerdo con la información ofrecida por José Luis Montenegro
Ortega, oficial de información y análisis en la Dirección Provincial
de Tránsito, no es en esta porción de vía donde más accidentes se
reportan en el territorio matancero, aunque advirtió sobre el peligro
de animales sueltos en la carretera, el no completamiento de las
señales de tránsito verticales y horizontales, así como algunas
dificultades en la pavimentación. "No es una situación crítica, pero
tiene deficiencias".
Muchos conductores toman el abono del peaje como un castigo. No
entienden por qué no se revierte en su propio beneficio y seguridad.
LA GRÚA CAMBIÓ DE DUEÑO
La estación de Matanzas-Varadero comenzó el cobro de la tasa por
peaje en mayo de 1996. Abarca los tramos de carretera gravados desde
Peñas Altas, en la ciudad capital, hasta el puente del balneario, una
vía multicarril de 32 kilómetros.
El sistema de peaje constituye un moderno método utilizado en el
mundo, que en el caso nuestro nació como fuente para el mantenimiento
y construcción de obras viales y mejorar el estado de los elementos de
la vía. Eso supone que los trechos de vías comprendidos en ese sistema
se encuentren en perfectas condiciones.
En los primeros años, un 4% de la recaudación se invertía en el
mejoramiento de la carretera, mientras otro 10% cubría inversiones y
mantenimiento del propio peaje y otros insumos.
Ello permitió que en el 2001 se llevara a cabo un remozamiento
integral de la instalación por valor de unos 40 000 dólares: montaje
de nueva estructura, sistema de señales e iluminación; cambio de todo
el laminado; se forraron las columnas y se ubicaron semáforos más
efectivos.
Paralelamente se utilizaron unos 180 000 dólares y aproximadamente
400 000 pesos para mejorar la vía, asfaltaron cuatro kilómetros de la
carretera vieja y se pintó la totalidad de la vía Matanzas-Varadero.
Pero una resolución del Ministerio de Finanzas y Precios dio otro
rumbo al objeto social del peaje. Desapareció la grúa. Lázaro Núñez y
Armando Guerrero, dos choferes fundadores, recuerdan que en mayo del
2003 recibieron la orientación de suprimir dicho servicio por parte de
la actual Empresa de Administración Vial y Diagnóstico Automotor (FICAV).
"La grúa estuvo unos seis meses en el patio de mi casa, hasta que
decidieron venderla a la Dirección Provincial de Transporte, que a su
vez la asignó a Cubataxi", rememora Lázaro.
Asegura Armando que nunca entendió el cambio. "Fue una decisión
nacional. Nos fuimos para Cubataxi en contra de nuestra voluntad y con
la esperanza de volver pronto".
"Creímos que se formaría un caos en la carretera, donde los
choferes con averías en sus autos deben acudir al paso de un amigo o
pagarle a otro chofer. Justo antes de llegar la orientación habían
ubicado un teléfono público a la entrada del Aeropuerto, y estaba
previsto ubicar uno cada dos kilómetros a lo largo de toda la vía en
beneficio de los conductores".
LA VANA ILUSIÓN DE LOS CONDUCTORES
Por el peaje circulan diariamente unos 8 000 vehículos. La Estación
recauda cada año como promedio unos 6 500 000 pesos, de ellos, algo
más de 700 000 en moneda convertible. La directora por sustitución
reglamentaria, Odalys Siska, observa que a partir de la puesta en
vigor de la Resolución 359, el Sistema de peaje es únicamente un
impuesto sobre la vía gravada, y no está concebida para prestar
servicio alguno.
Subraya que desde entonces el ciento por ciento de lo recaudado va
a la caja central, y según lo establecido deben recibir cierta
cantidad para la reparación del centro, aunque admite que durante el
2007 allí no se invirtió ni un solo centavo. "Desde el 2005 no se pone
un solo peso para el mejoramiento de la vía. Esa es una preocupación
de todos nosotros".
El colectivo de la Estación se enorgullece por la rapidez en el
cobro en un tiempo de entre 6 y 7 segundos. Siempre entregan el
comprobante de pago y reclaman que los conductores lo exijan. Hace un
año, sin embargo, colapsaron las barreras automatizadas, lo cual
supone un control más riguroso por parte de la administración sobre
los cobradores y da lógico margen a la "fuga" de una parte de lo
recaudado.
Odalys está satisfecha con los resultados de este pequeño colectivo
que agrupa a unos 50 trabajadores, pero le remuerde la conciencia el
abandono absoluto a los conductores, el estado actual de la
instalación y un cierto olvido por la vía Matanzas-Varadero.
"Esta es la carretera más cara de Cuba", se lamentó quizás
exageradamente un chofer que sobrellevaba a solas la desgracia de su
auto y pedía a gritos el auxilio de una grúa que nunca llegó. |