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Con las drogas no se juega
Freddy Pérez Cabrera (Foto)
RAMÓN BARRERAS VALDÉS
ISABELA DE SAGUA.— Tremendo susto se llevó Andrés Córdova Samuell
al chocar con un bulto extraño tirado en el manglar que rodea la playa
Lanzanillo, cercana al centro de acopio de langostas de igual nombre,
ubicado a varias millas del poblado de Isabela de Sagua.
De
izquierda a derecha, Yordanis, Adrián y Andrés, protagonistas de un
hecho que los enaltece ante la sociedad.
"Esto tiene que ser droga", dijo Samuell. Ni corto ni perezoso,
protegió el lugar y salió como un bólido a informar lo observado a las
tropas guardafronteras del lugar, tal como está establecido. Era la
primera vez, en 14 años de trabajo en la pesca, que tenía aquella
experiencia.
Mientras remaba en el bote rumbo al lugar donde está el equipo
transmisor, por su mente circulaban las imágenes de sus hijas Lensy,
Lisleydy y Yunisleidy, de 15, 14 y 10 años, respectivamente, quienes
crecen sanas y felices rodeadas del amor de la familia. Ellas le daban
más fuerza y razón para entregar el nocivo cargamento.
"No quiero que ningún joven cubano, o de cualquier rincón del
mundo, caiga en brazos de las drogas. Ellas destruyen al ser humano y
lo convierten en un guiñapo. Hace poco observé un programa de
televisión que mostraba a niños norteamericanos inyectándose cocaína,
y sentí mucha repugnancia", expresa Andrés.
Con la prontitud que caracteriza a los combatientes del MININT, en
breve tiempo se personaron en el lugar indicado por Andrés y
comprobaron que, efectivamente, era una paca de marihuana.
Allí, en pleno océano, el trabajador de la pesca recibió las
primeras felicitaciones, las que luego resultaron extensivas en la
cuadra y en el seno de la familia.
Jóvenes
de ley
Muy temprano comienza la faena en la cooperativa pesquera de
Isabela. El ronroneo del motor anuncia la partida. Sin prisa,
relajados, viajan sobre cubierta Adrián y Yordanis Morales, jóvenes
tripulantes del barco escamero LP 292, quienes van acompañados de
Jesús Cuadrado, de mayor experiencia en estos trajines.
"El día no pinta bueno", comenta Adrián a sus amigos. Mientras
observan el ir y venir de las olas que baten muy fuertes, los
marineros van adentrándose en las áreas de pesca en busca de la
preciada captura.
Casi al caer la tarde, mientras bordean la playa El Obispo,
Yordanis lanza una voz de aviso a sus compañeros. "Miren, allí hay una
cosa que brilla; vamos a acercarnos", y así lo hacen.
"Eso es droga, muchachos", sentencia Cuadrado. Al no tener medios
de comunicación para avisar a las tropas guardafronteras, deciden
cargar la paca y entregarla a las autoridades competentes.
Ya en tierra, los pescadores contaban orondos a los vecinos y
amigos lo ocurrido, y hasta lucían más alegres que de costumbre por el
gesto realizado.
Según Yordanis, alguien en la cuadra comentó que eso en cualquier
lugar del mundo valía miles de dólares, a lo que él respondió que era
verdad, pero que con las drogas no se jugaba.
Por su conducta ejemplar, estos dos jóvenes de 30 y 26 años,
respectivamente, y su acompañante, recibieron en fecha reciente el
reconocimiento de sus compañeros, de las autoridades del MININT y de
la comunidad.
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En el 2007 se produjeron en
Villa Clara 12 recalos de drogas, que contenían 132,93 kilogramos
de estupefacientes. De ellos, 32,12 eran de cocaína, los que
resultaron encontrados por Elier Manso Llanes, trabajador del
contingente Campaña de Las Villas. El resto era marihuana.
Respecto al 2006, el pasado
año hubo 11 hechos menos.
La principal vía de llegada
de drogas a nuestras costas son los "bombardeos" de paquetes desde
aeronaves sobre la costa o "abandonados" por lanchas rápidas
operadas por narcotraficantes internacionales que violan las aguas
cubanas. |
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