Entre reinas, obreras y zánganos tuvo que aprender el difícil arte
de la miel y gota a gota se convirtió en el mejor apicultor del país
si de eficiencia y propóleos se trata. Sus manos, renuentes al guante,
sufren más de 100 picadas de abeja en cada castración cuando las
flores escasean y el celo las vuelve más furiosas. Aun así, no desiste
de su laboreo y el año pasado logró un rendimiento de 155 kg de miel
por colmena, y desde el 2000 no baja de los 110 kg.
Para muchos entendidos, 70 kg es un resultado aceptable; pero
Mangano ha ido más lejos y hasta bromean con ponerle una planta de
beneficio en las afueras de su casa, allá en Cambao (Yaguajay), pues
las 27 toneladas de miel entregadas a la industria en el 2007, con
solo 170 colmenas, lo catalogan como el "rey de las abejas".
A ese ritmo, los 64 mejores productores de la provincia hubiesen
podido casi cuadruplicar la miel entregada al país. Eliseo dice que
hay que trabajar más que las abejas, pero la sabiduría y el extremo
cuidado han de acompañar también a los apicultores. Si a ello se añade
el apoyo de los directivos, el resultado parece sencillo: mucha miel y
poca abeja.
Poseemos suficiente campanilla y aguinaldo que inciden en el color
y la humedad, indicadores muy importantes en la calidad de la miel.
Ocho centros formadores de colmenas y uno de reinas tributan también a
la permanencia de colmenares fuertes, y anualmente, comenta Bruno,
trasladamos a las costas unas 6 000 colmenas para su abundante
alimentación.
Pero no solo la reproducción y el alimento garantizan la
permanencia y el crecimiento de los colmenares. Muchos son los retos
que los apicultores han de enfrentar. Eliseo, quien con 15 años
rodeado de panales y sus logros productivos es considerado un experto,
revela "secretos", aunque él asegura que le falta mucho por aprender.
"Cada 10 días un apicultor debe visitar la colmena para ver si la
reina está bien (debe poner entre 2 500 y 3 000 huevos diarios). Esto
es imprescindible porque una abeja nace a los 21 días y demora 21 en
volar, su vida promedio es de dos a tres meses. Si no visitas el
apiario frecuentemente y la reina está muerta, en ese periodo dejan de
nacer muchas abejas y en lo que traes otra y esas obreras están listas
para producir, el colmenar se te demora unos 6 meses en volver a
levantar".
Por eso Mangano recorre frecuentemente sus 170 colmenas (cada una
tiene entre 60 000 y 90 000 abejas) y antes de castrarlas las
alimenta, pues los primeros días suelen ser difíciles para ellas si no
tienen la comida suficiente. Se pillan unas a otras y hasta se matan.
Entre tanta cámara de cría (donde la reina pone), alza (segunda
caja) y media alza (tercera), Eliseo logra el crecimiento vertical
requerido, al tiempo que le sigue la pista a cada panal para no
colocarlo en la colmena equivocada. Así mantiene la barroa (plaga) a
raya.
Detallista en sus manejos, evita el guante que le resulta incómodo
para extraer propóleo; un factor de limpieza que señala además cómo
está la producción de miel. En este indicador, la apicultura cubana lo
reconoce como el mejor.
Sus labores trascienden los apiarios. Dos veces al año, las abejas
tratan de reproducirse y abandonan su casa. Para impedir que las
colmenas "boten enjambres", cambia la reina, y las nuevas obreras que
nacen se mantienen en producción y posponen esa necesidad. "Si no
evito la enjambrazón, obtengo la mitad de la miel", cuenta Eliseo.
Pudiera parecer una locura, pero cuando la prevención falla, soga
en mano, y núcleo (pequeña caja) al hombro, Mangano sale a cazar
abejas. Explora los alrededores, a veces distantes, localiza el
enjambre y sube a la mata o tira una soga que cuelgue del gajo. Amarra
su núcleo y lo hace subir hasta las cercanías de las abejas. Cobija
segura y miel abundante, logran convencerlas y este apicultor recupera
sus "hijas" extraviadas y no afecta la producción.
Sin fórmulas mágicas transcurren los días. El amor al trabajo y el
empeño son los verdaderos "trucos", pues aunque el humo del fuelle
controla los enjambres y nos permite un asomo cercano, es sin dudas
Mangano quien logra hacer de ellas las abejas más eficientes.