La ley limitaba a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) al uso
de 19 métodos menos agresivos, descritos en un manual del ejército, e
implicaba el fin del uso del submarino ("waterboarding" en inglés),
tortura empleada por las dictaduras latinoamericanas de los años
setenta y ochenta que consiste en someter al interrogado a la
sensación de ahogo con agua.
El Congreso no parece contar con la mayoría de dos tercios de los
votos necesaria para dejar sin efecto el veto de Bush, quien cuenta
principalmente con el apoyo de senadores del oficialista Partido
Republicano, entre ellos John McCain, el candidato presidencial para
las elecciones de noviembre de este año.
McCain fue uno de los impulsores de la Ley de Tratamiento de
Detenidos del 2006, que prohibió el uso de la tortura por parte del
ejército, pero no incluyó a los interrogatorios de la CIA. Bush la
aprobó, pero con la aclaración explícita de que se adjudicaba la
facultad de ignorarla en los casos en que la "seguridad nacional" lo
hiciera necesario.
"Escenificar una ejecución, a través de la percepción de la
asfixia, es una clara violación a la ley", señaló McCain en aquella
oportunidad.
Pero se alineó con Bush respecto al uso del submarino por parte de
la CIA. Consideró que no correspondía aplicar a la agencia de
inteligencia los mismos criterios empleados para el ejército.
Activistas de derechos humanos criticaron duramente la posición
adoptada por McCain, quien el 4 de marzo se aseguró la candidatura
presidencial republicana.
"Su voto contra la ley que ponía fin a la tortura demuestra que
miente cuando dice que se preocupa por los derechos humanos
fundamentales. Es un oportunista y, lo que es peor, cómplice del
empleo de la tortura", dijo Michael Ratner, del Centro para los
Derechos Constitucionales, quien ha defendido a detenidos en la
prisión de la base naval de Guantánamo, Cuba.
El empleo del submarino se ha convertido en paradigma de los
poderes especiales que reclama el gobierno de Bush. Luego de la
Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Washington llevó a juicio a
soldados japoneses que utilizaron esa forma de tortura con prisioneros
estadounidenses.
"Es una tragedia de dimensiones históricas que el presidente de
Estados Unidos, luego de repetir una y otra vez que ‘nosotros no
torturamos’, haya vetado una ley que hubiera obligado al Poder
Ejecutivo a respetar ese principio", dijo el constitucionalista David
Cole, a la Facultad de Derecho de la Universidad de Georgetown.
Entre los críticos de Bush por su posición respecto a la tortura se
encuentran más de 30 generales retirados, quienes destacaron que su
empleo es poco aconsejable e inefectivo.
"Escuchamos muchos argumentos que tratan de justificar las
‘técnicas intensificadas de interrogatorio’, pero sabemos exactamente
de qué están hablando. Se trata de tortura con un envoltorio
diferente", dijo el brigadier general retirado James Cullen.
Por su parte, el general David Petraeous, máximo comandante militar
estadounidense en Iraq, sostuvo que los métodos contemplados en el
manual del ejército constituyen una forma "efectiva y humana" de
obtener información del enemigo.
Otro punto de discrepancias tiene que ver con la autorización
otorgada por Bush a la Agencia Nacional de Seguridad, la mayor de las
16 organizaciones de inteligencia de Estados Unidos, para que controle
el contenido de las conversaciones telefónicas y los correos
electrónicos sin orden judicial.
En 1978, el Congreso aprobó una ley que creó un tribunal especial
al que debía recurrir el gobierno para pedir autorización si quería
realizar ese tipo de espionaje. Pero Bush, luego de los ataques del 11
de septiembre del 2001 en Nueva York y Washington, lanzó un programa
de "vigilancia antiterrorista" sin solicitar su aprobación e involucró
en él a las compañías telefónicas y proveedores de servicios de
Internet.
Un intento de los legisladores para poner límites a esas prácticas
está actualmente empantanado en un debate sobre si esas empresas deben
recibir "inmunidad retroactiva" ante posibles demandas judiciales,
aunque Bush asegura que no violaron ninguna ley. (Tomado de un
artículo publicado por IPS)