Con
un sonido que podría remitirnos a los relatos de Howard Phillips
Lovecraft o de Edgar Allan Poe, Mephisto es el primer nombre que
viene a la mente si alguien pronuncia las palabras black metal
cubano.
Y es que durante diez años esa banda holguinera ha hecho votos a
favor de uno de los llamados géneros extremos del rock, cuyo origen
se remonta a mediados de la década del ochenta, cuando salieron al
ruedo en Europa bandas como Hellhammer, Venom y Bathory. En este
lapso han publicado de forma independiente los demos Seven dead
cities, Knowledge of necronomicon, Creation of the
magnificient, Carpathians tales, entre otros. Y desde
luego, en sus pistas se esconde una colección de criaturas
sobrenaturales: fantasmas, vampiros, orcos y elfos, así como otras
entidades del inframundo subidas al imaginario popular por la
literatura fantástica y por algún que otro director de cine gore.
La presencia de los gritos y susurros de esta caravana de
personajes mitológicos, salidos, principalmente, de las leyendas de
los países nórdicos, acelera la furia de su puesta en escena, pero a
la vez enciende el debate sobre la reproducción de un discurso
propio o de la imagen de sus ídolos a escala internacional.
"No copiamos lo que hacen otros, solo somos jóvenes cubanos con
inclinaciones hacia ese tipo de sonoridad", dice Amílcar Israel,
director de la banda, quien llegó hace poco a nuestra redacción,
donde defendió la validez de mantener una estética propia dentro de
la rica diversidad de la música cubana.
"Nuestros textos reflejan una amplitud de temas que van desde la
denuncia a las torturas que se cometen en la Base Naval de
Guantánamo por los soldados estadounidenses hasta la ocupación de
Cuba por los conquistadores españoles. Además abordamos temas de la
literatura como El señor de los anillos, los relatos de
vampiros, orcos, y de origen místico", explica el líder de Mephisto,
agrupación que también participará en el rock más largo de Cuba,
este sábado a partir de las 12 p.m. en el Salón Rosado de la
Tropical y en el concierto del 29 en la Tribuna Antimperialista José
Martí, junto a la popular banda argentina Mancha de Rolando,
invitada a Cuba por el ICRT, la Casa de Iberoamérica de Holguín y el
programa Cuerda Viva, cuyo festival comenzó anoche en las
instalaciones de Pabexpo.
Amílcar confía en la posibilidad de llevar adelante su propuesta,
aun cuando no han tenido con las disqueras lo que se llama una
relación feliz: "Nosotros queremos hacer música desde Cuba sin caer
en concesiones de ninguna índole. Le debemos fidelidad al público
cubano y, sobre todo, a la historia de este país. Ahora estamos
incursionando en la elaboración de textos en español para que más
personas entiendan lo que queremos expresar. A pesar de contar con
seis demos, hasta ahora ninguna casa disquera se ha interesado por
nuestro trabajo. Sin embargo, han venido compañías extranjeras a
fijarse en nuestra música y no hemos grabado con ellas porque no han
existido las condiciones legales". Explica y cita entre sus
principales satisfacciones la de pertenecer a las filas de la
Asociación Hermanos Saíz y al Catálogo de Excelencia del Centro
Provincial de la Música de Holguín.
¿Cuál es su opinión sobre la situación del rock en Cuba?
Una de las dificultades que conspiran contra la consolidación del
género es la deficiente promoción. Algunas veces cuando se hace un
spot educativo, el condenable consumo de drogas va acompañado de la
música rock. Eso influye negativamente en la percepción de las
personas que no conocen todas las aristas de esa música. Hay muchos
jóvenes y adolescentes que dicen ser seguidores del rock, pero
solamente ven ese género como una moda más. Yo pienso que el rock
podría ser más fuerte si todos nos unimos, tanto las bandas como el
público. Si eso pasara se podría hablar de un verdadero movimiento
de rock cubano.