Pero esas cifras no pueden dejar complacencia. Sobre todo cuando
uno conoce que hoy día existen más plazas en oferta que cantidad de
desvinculados del trabajo.
Estudios recientes realizados por funcionarios de la Oficina
Nacional de Estadísticas señalan que un 20% de la población de la
provincia en edad laboral no trabaja.
A juicio de Odalys González López, directora de Trabajo en la
capital, la contradicción fundamental se da en que actualmente las
plazas vacantes existentes abarcan todas las categorías laborales.
Partimos —explica— de que todos los empleos son dignos y en el
presente se revisan los sistemas de pago de cada uno de ellos, pero
llama la atención que más allá de los puestos en servicios
comunales, construcción y agricultura, permanecen sin ocuparse otros
considerados de más calificación.
La respuesta repetida en el momento del pesquisaje realizado por
trabajadores sociales de "no trabajo porque no me pagan bien", "mi
mamá y mi papá me mantienen" o el "negocio¢
me da más", invita a meditar.
¿Cómo resolver el complejo problema de la doble moneda y el
desarrollo del país sin producir ni elevar la calidad de los
servicios?
Durmiendo mañanas y estando "ociosos" en las aceras y portales no
es el camino. Duele pensar que el Estado se esmera en brindar, sin
límites, niveles educacional y de instrucción a los individuos y
luego la sociedad no recibe la adecuada compensación de buena parte
de estos.
Solo un ejemplo: de los 17 610 graduados de la enseñanza
técnico-profesional en Ciudad de La Habana el pasado año, 3 015 no
se presentaron a la ubicación determinada y un número cercano a 200
se retiró del puesto de trabajo a los pocos meses de iniciarse en
él.
El hecho se hace más lamentable si tomamos en cuenta que la
capital posee una fuerza de trabajo calificada. Entre la población
económicamente activa, el nivel medio superior representa el 54,2%,
mientras el superior alcanza el 19, 4%.
Al cierre de enero se reportaba un total de 3 494 técnicos de
nivel medio sin trabajar. Entre tanto 7 301 plazas relacionadas con
la economía esperan en los centros laborales, y así en otras
especialidades. En cuanto a obreros, el Ministerio de la
Construcción en la Ciudad demanda unos 6 000, número que con
seguridad se multiplicaría si nos proponemos darle un impulso real a
la construcción y el mantenimiento de viviendas, y asumirlo con
personal propio.
La historia del insuficiente número de capitalinos en sectores
como la educación, la construcción y la policía, se repite ahora con
los choferes necesarios para cubrir los ómnibus metropolitanos que
comienzan a reanimar el transporte en el territorio.
Llama la atención que ante tal reclamo, ni siquiera buenas
ofertas se completan. La plaza de choferes de ómnibus articulados
concibe un salario básico de 315,00 en moneda nacional, con un monto
adicional si se cumple con el plan de viajes y de recaudación y
otros requisitos, así como por concepto de antigüedad en la función.
Además de recibir 13,00 CUC.
Odalys y Arián Piñero Álvarez, subdirector de empleo en Ciudad de
La Habana, coinciden en la necesidad de eliminar trabas establecidas
por organismos e instituciones que impiden otorgar plazas por no
cumplir un requisito perfectamente soluble a partir de una
oportunidad de superación y de habilitación una vez empleada la
persona.
Los especialistas entienden que si se crean condiciones y
motivaciones, el número de empleados crece, porque entre los
desvinculados, alrededor de un 45% realiza gestiones para trabajar,
lo cual indica que la realidad no es apocalíptica.
A los renuentes al trabajo, porque plantean que son remunerados
de manera insuficiente, cabe preguntar: ¿puede lograrse
productividad con varitas mágicas? Para estos, y como principio
general, tendrán que idearse fórmulas que hagan del trabajo una
necesidad imperiosa.
Aquellos que exigen resultados sin aportar desconocen el tremendo
desafío por sustituir importaciones, sobre todo en el terreno
alimentario, pues el constante aumento de los precios de estos
productos en el mercado internacional llevó a nuestro Estado a
erogar más de 1 000 millones de dólares durante el año 2007.
Una vez más está planteado el dilema ¿quién llegó primero: la
gallina o el huevo? En este caso todo está claro. Tiene que llegar
primero la fuerza ocupada para luego impulsar la producción, mejorar
los servicios... Entonces, en el terreno, y no desde las gradas,
resolveremos los esenciales problemas económicos y financieros que
nos agobian.
Si no se trabaja, y se hace bien, nunca será posible.