Limón, limonero, lo mío primero

Freddy Pérez Cabrera

Hace unos años, cuando Rigoberto Pérez conoció que Cuba debía comprar pimientos, tomates y otros productos del agro en el exterior para poder abastecer al turismo, no lo podía creer. Él, que ha dedicado toda su vida a labrar la tierra, se preguntaba una y otra vez cómo era posible que eso sucediera si aquí tenemos suelos bendecidos por la naturaleza.

“Un solo hombre es capaz de producir en una casa de cultivo tapado cinco toneladas de pimiento”, asegura Rigoberto Pérez.

Esa constituyó una de las razones por las cuales este campesino santaclareño no dudó en incorporarse como trabajador de una casa de cultivo protegido en la Empresa de Cultivos Varios Valle del Yabú, a pesar de frisar los 75 abriles.

Allí, entre las frondosas plantaciones de pimiento labora Rigoberto, orgulloso de producir hermosos ajíes para que el país no tenga que salir a comprarlos al exterior.

"En cada ciclo, que puede durar alrededor de 150 días, yo puedo cosechar hasta cinco toneladas del vegetal, lo que demuestra la eficacia de esta forma de cultivo", asegura el incansable trabajador.

La calidad del producto es determinante en materia de sustitución de importaciones.

Jorge Luis Tartabull, jefe del módulo de cultivo protegido y semiprotegido del Yabú, pondera esta forma productiva, dedicada en su mayor parte a la exportación en frontera y fuera de estas, lo que permite autofinanciar el proyecto y ahorrar al país importantes sumas de divisas.

"Las siembras fundamentales en las casas de cultivos tapados son de tomate, pepino y pimiento; y en las semiprotegidas: berro, lechuga, acelga, remolacha, apio, zanahoria y perejil, entre otras", refiere el directivo.

Esta empresa y La Cuba, de Ciego de Ávila, son las únicas de la Isla que han logrado materializar ventas por encima del millón de CUC. En el caso de la entidad villaclareña, el crecimiento ha sido sostenido. En el 2003 lograron vender 297 000 CUC y tres años después rebasaron el millón 32 000.

Un reto de la entidad es garantizar la estabilidad de los suministros, para lo cual han concebido el escalonamiento de las siembras, de modo que haya ofertas todo el año con el apoyo de los frigoríficos, donde son guardadas algunas cantidades con el objetivo de que no falte en el verano, que es la etapa más compleja, añade Tartabull.

Voluntad de integración

Santiago Oliva Núñez, director de Agrotur en Villa Clara, reconoce que los problemas derivados del periodo especial conspiraron contra la voluntad de abastecer a la industria sin chimenea de productos frescos creados en el territorio, pero lo que más golpeaba eran las barreras en la mente de los hombres.

"Era más fácil salir a buscar tomate, ajo, cebolla, pimiento y hasta lechuga al exterior que producirlas aquí. Esa era la mentalidad que imperaba en muchos directivos, tanto del Ministerio de la Agricultura como del Turismo, refiere Oliva.

La necesidad de sustituir importaciones llevó a integrar todas las fuerzas y luchar por revertir esta situación. Para ello fue necesario emplear tecnologías y recursos, y, sobre todo, cambiar el concepto de que no se podía lograr ese objetivo, señala el funcionario.

Tomás Vázquez Enríquez, delegado del MINTUR en el territorio, reconoce la sensible mejoría que ha experimentado el sector en materia de abastecimiento de productos derivados de la agricultura.

"Aquí coordinamos todos los meses las necesidades de nuestras instalaciones, y un día a la semana nos sentamos los directivos del MINTUR y el MINAGRI para concebir las ofertas. Incluso, si es imprescindible una fruta, un vegetal o un cárnico, por citar un ejemplo, que no exista en el territorio, a través de Agrotur o Frutiflora se gestionan en otra provincia y llega en tiempo a la instalación", explica Vázquez.

Hoy más del 80% de lo que consumen las instalaciones turísticas es de producción nacional, refiere el delegado del sector en la provincia, algo que hace unos años parecía imposible.

A pesar de los avances en la sustitución de importaciones, persisten las insatisfacciones de uno y otro lado. Urge elevar la calidad de algunas ofertas para que sean competitivas; el embalaje y la presentación de las muestras deben ser reconsideradas, teniendo en consideración que el cliente siempre busca lo mejor y paga por recibir un buen servicio.

Aún quedan renglones como el ajo, la cebolla, algunos cárnicos y el limón, entre los más significativos, que se adquieren en el exterior porque los creados aquí no tienen la calidad necesaria o no se producen en las cantidades requeridas.

En materia de frutas, el déficit más revelador es el de la fruta bomba, una de las más demandadas, la que no siempre llega a su destino con las condiciones idóneas para su consumo, debido a que los clientes la compran madura y en ese estado es más propensa a adquirir hongos.

Hoy existe una voluntad en el país para solucionar estos problemas. Al respecto, Santiago Oliva pone como ejemplo la experiencia de Villa Clara para sustituir las importaciones de ajo a partir de la entrega de un paquete tecnológico a campesinos de los municipios de Camajuaní, Ranchuelo y Cifuentes, los que comprometieron sus cosechas con el Estado.

Y así existen otros programas para ubicar en el lugar que le corresponde a la producción nacional, con la idea de aportar al turismo, que significa incrementar esa vital fuente de ingresos en divisas, para garantizar otros planes de la economía y necesidades de la población, pero también con el objetivo de crear bases para tener mucho más en el Mercado Agropecuario.

 

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