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Jardín Botánico Nacional
Un sueño inconcluso
Golpeado por el periodo especial y los fenómenos
naturales que lo azotaron, el JBN parece estancado en el tiempo con
obras sin terminar o en franco deterioro
LISANKA GONZÁLEZ SUÁREZ
EL Jardín Botánico Nacional (JBN) de Cuba se abrió 17 años después
de iniciada su construcción, cuando crecieron los árboles plantados y
fructificaron las semillas traídas desde todas partes de la Isla y de
muchos países de varios continentes. Por eso a su directora, doctora
Ángela Leiva Sánchez, no le falta razón cuando sentencia: " Es una
obra muy a largo plazo que nos trasciende a todos".
Desde
su apertura la institución ha recibido la visita de más 2,5 millones
de personas.
Al triunfar la Revolución en 1959 solo existían, en la capital
cubana, el Jardín Botánico de Carlos III y en la central ciudad de
Cienfuegos el Jardín Botánico Atkins, manejado por la Universidad
estadounidense de Harvard, para uso exclusivo de estudiantes y
profesores norteamericanos.
En 1967, de los contactos sostenidos entre Fidel Castro y el doctor
Johannes Bisse —un joven botánico alemán que desde 1966 se convirtió
en gran conocedor de la flora cubana— surgió la idea de crear un
jardín botánico de proyección nacional, con una extensión de unas 500
hectáreas.
SOLDADO DE LA NATURALEZA
Cuando a la joven bióloga Ángela Teresita Leiva Sánchez le
comunicaron que dirigiría el Jardín Botánico Nacional, no solo se
sorprendió, sino que con el desenfado característico de sus 24 años,
soltó un ¡pero ustedes están locos!, que debe haber escandalizado a
los profesores universitarios responsables de tal selección. "Para mí
fue una decisión aplastante, pues solo hacía 24 meses que me había
graduado". Desde entonces, unida a un colectivo que la ha acompañado
en las buenas y en las malas, ha visto nacer, crecer y extinguirse a
muchos de los primeros árboles plantados hace casi 40 años.
Los
especialistas realizan su labor de manera minuciosa.
Una parte del Jardín Botánico Nacional está sobre lo que fuera una
hacienda ganadera plagada de rocas y marabú, propiedad de un individuo
muy vinculado al presidente Carlos Prío. Especialistas, dirigentes,
trabajadores y estudiantes laboraron duramente en su acondicionamento
y finalmente se abría al público el 24 de marzo de 1984.
Ampliado hoy a 600 hectáreas extendidas a lo largo y ancho del
municipio habanero de Boyeros, en el JBN están representadas la
mayoría de las más importantes formaciones vegetales y la diversidad
de paisajes de la Isla, así como ejemplares de la flora tropical y
subtropical de América, África, Asia, Australia y Oceanía, muchos de
los cuales se lograron gracias al intercambio de semillas con más de
500 instituciones internacionales. Al aire libre o bajo techo, pueden
observarse alrededor de 4 000 especies de plantas, de ellas entre 800
y 900 de la flora cubana. En su entorno han sido sembradas colecciones
especiales como la de palmas y el bosque arcaico. En los pabellones se
exhiben diferentes tipos de vegetación de zonas desérticas y
semidesérticas y de bosques tropicales.
Más de 361 personas, 141 mujeres y 220 hombres trabajan aquí como
especialistas, técnicos, jardineros, guías, gastronómicos, operarios,
en todas aquellas tareas que requiere un centro de este tipo. Varios
de sus más de 30 profesionales se desempeñan como profesores en la
enseñanza de nivel superior y en la investigación científica.
La
doctora Ángela Leiva lleva más de tres décadas en el JBN.
Acerca de los visitantes extranjeros, se están recibiendo muy
pocos. Antes del periodo especial hubo años en que alcanzaron la cifra
de 20 mil, pero en el 2007 no llegaron a 3 mil. En lo que va de 2008
han visitado el Jardín 706. Al centro no le resulta fácil competir con
importantes polos turísticos del país."El turismo que prima en esta
Isla caribeña, afirma su directora, es básicamente de playa y sol.
Para atraer a los segmentos de personas de la tercera edad y a
naturalistas, hay que hacer un trabajo que todavía no hemos hecho".
Sobre las visitas de la población cubana, la situación del
transporte nacional ha incidido en su afluencia. En este momento solo
están acudiendo unas 250 personas diarias, cifra que se eleva durante
los recesos escolares o en la temporada de verano, pudiendo llegar a 1
000.
INSTALACIONES PROVISIONALES CASI 40 AÑOS DESPUéS
Pero con todo y lo que tiene en su haber, el JBN nunca ha podido
terminarse y en cierta medida en la actualidad es un reflejo de las
difíciles circunstancias enfrentadas por Cuba desde finales de la
década del ochenta, cuando la Isla de vio obligada a vivir en una
situación que los cubanos denominamos periodo especial. De esta etapa,
aún inconclusa pero atenuada, se derivaron problemas como los que aquí
se aprecian: instalaciones sin terminar o que nunca pudieron
emprenderse, el herbario entre ellas, donde cientos de miles de tipos
de plantas están en peligro de contaminarse por falta del equipamiento
necesario; deterioro de los pabellones de exhibición, lamentable
estado del transporte que mueve a los visitantes en el recinto y del
que traslada a los trabajadores, baches en sus calles interiores, etc.
A los problemas que se fueron acumulando por las dificultades
económicas, en el 2004 se añadieron los estragos causados por el
huracán Charlie, que de un zarpazo derribó 400 árboles. Apenas
eliminados los destrozos se presentó un segundo ciclón, cuyos vientos
segaron la vida de algunos valiosos ejemplares. No obstante es hermoso
y conserva verdaderos tesoros naturales.
"Muchos proyectos se vieron interrumpidos durante esta etapa,
reflexiona la doctora Leiva, entre ellos el centro científico y todas
esas construcciones que quedaron sin hacer, también porque teníamos
unas instalaciones provisionales que daban la talla, pero esa
provisionalidad ya casi tiene 40 años, como el herbario, base
fundamental para el estudio actual de la flora del país, donde no
caben más muestras. Ese es un sueño que fue frustrado. También nos
hemos visto limitados en las expediciones de colectas de plantas y
semillas".
Todavía la institución tiene por delante muchos problemas, entre
ellos un refuerzo de botánicos y de jardineros con mayor calificación,
aunque se han tomado medidas para resolver esta última situación y
elevar la baja estima que tienen los jardineros, quienes aquí son,
según Ángela Leiva para decirlo en buen cubano, el "pollo del arroz
con pollo".
"Otro problema, continua diciendo, es la modernización tanto del
transporte como de la maquinaria agrícola de que disponemos. El
primero se ha deteriorado y la segunda ha envejecido muchísimo. Ese es
un reto enorme, sin eso tampoco hay jardín, independientemente de que
el mantenimiento no es óptimo, además hay que reparar y pintar las
calles, colocar todas las señales, pero sabemos que el país tiene que
priorizar otros apremiantes problemas.
LA MANO LARGA DEL BLOQUEO EN EL JARDÍN
Sin pretender achacarle el peso de las dificultades al bloqueo
impuesto por Estados Unidos, no es menos cierto que su recrudecimiento
ha afectado el intercambio de experiencias, financiamiento de
proyectos y otras actividades. "La flora de la Isla siempre fue
estudiada por norteamericanos, observa la doctora Leiva. Las
restricciones actuales no les permiten hacer eso. Inclusive se han
interrumpido totalmente las relaciones con algunos jardines, como el
Jardín Botánico Tropical de Fairchild, de Miami."
Pero el rosario de calamidades, dificultades y frustraciones
consecuencias de la etapa o de los fenómenos naturales desgranados
como un rosario por la Doctora en Ciencias Biológicas, no han sido
capaces de apagar su sueño. Como lo percibo no puedo abstenerme de
saber si el actual JBN, donde ha dejado 36 años de su vida, es con el
que soñó "Sí, afirma, pero con el que soñó, en primer lugar, Fidel." |