La gira de McCain

Israel no vota…pero cuenta

ELSON CONCEPCIÓN PÉREZ
elson.cp@granma.cip.cu

El programa televisivo de sátira Eretz Nehederet (tierra maravillosa, en hebreo), de Jerusalén, dejó constancia del hecho con la siguiente cita: "Israel no vota pero vive intensamente los comicios norteamericanos".

Foto: ReutersQuiero el voto judío…imploró en el Muro de las Lamentaciones.

Tal afirmación explica, de manera sencilla, qué buscaba por aquellos parajes el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, John McCain, quien, por cierto, lo primero que dejó claro a su llegada fue el apoyo a esa urbe como capital israelí.

Otro tiro de gracia —si es que haría falta más— al proceso de paz con los palestinos. La negativa a que la llamada ciudad santa sea capital de los dos estados, como se recoge en resoluciones y demandas internacionales, es prueba fehaciente del pensamiento imperante en las dependencias de poder de Washington.

McCain, a la caza del voto judío y de las multimillonarias prebendas del lobby que vive en EE.UU., se ha convertido con esta visita en el primer candidato, en varias décadas, que viaja a Israel en plena campaña electoral.

Durante su estancia fue llevado por los anfitriones hasta el Muro de las Lamentaciones, en Jerusalén. Allí, en el tradicional ritual, depositó un papelito pidiendo un deseo. La prensa y quienes vieron la ceremonia, creen adivinar que el mismo decía: quiero el voto judío.

En el Museo del Holocausto, en la propia ciudad, aclaró que iba a Israel como miembro de una delegación oficial y no como candidato, pues "estamos preocupados con los misiles que lanzan los palestinos contra los israelíes y por las operaciones militares en Gaza¼ "

Ni una palabra se le oyó al republicano McCain sobre la matanza diaria de palestinos por parte del ejército israelí, y mucho menos en cuanto al derecho de esa sufrida población a tener su propio Estado.

Antes de arribar a Israel, de paso por Jordania, cometió un garrafal error —de esos a los que nos tiene acostumbrado el actual presidente Bush—, al confundir ante la prensa a los chiitas con los sunitas, y pronunciar la peligrosa afirmación de sentirse "preocupado porque los iraníes llevan a los hombres de Al Qaeda a Irán, los adiestran, y luego los mandan a combatir a Iraq".

Ahora anda por Londres defendiendo esa injusta guerra, mientras el vicepresidente Cheney fue a Afganistán con similar propósito.

Cuando regrese a Washington, McCain informará a Bush de la "exitosa" gira, y quizás, cuente sobre los bushismos cometidos, algo que de seguro resultará simpático al halcón mayor.

 

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