Tal afirmación explica, de manera sencilla, qué buscaba por
aquellos parajes el candidato republicano a la presidencia de Estados
Unidos, John McCain, quien, por cierto, lo primero que dejó claro a su
llegada fue el apoyo a esa urbe como capital israelí.
Otro tiro de gracia —si es que haría falta más— al proceso de paz
con los palestinos. La negativa a que la llamada ciudad santa sea
capital de los dos estados, como se recoge en resoluciones y demandas
internacionales, es prueba fehaciente del pensamiento imperante en las
dependencias de poder de Washington.
McCain, a la caza del voto judío y de las multimillonarias
prebendas del lobby que vive en EE.UU., se ha convertido con esta
visita en el primer candidato, en varias décadas, que viaja a Israel
en plena campaña electoral.
Durante su estancia fue llevado por los anfitriones hasta el Muro
de las Lamentaciones, en Jerusalén. Allí, en el tradicional ritual,
depositó un papelito pidiendo un deseo. La prensa y quienes vieron la
ceremonia, creen adivinar que el mismo decía: quiero el voto judío.
En el Museo del Holocausto, en la propia ciudad, aclaró que iba a
Israel como miembro de una delegación oficial y no como candidato,
pues "estamos preocupados con los misiles que lanzan los palestinos
contra los israelíes y por las operaciones militares en Gaza¼
"
Ni una palabra se le oyó al republicano McCain sobre la matanza
diaria de palestinos por parte del ejército israelí, y mucho menos en
cuanto al derecho de esa sufrida población a tener su propio Estado.
Antes de arribar a Israel, de paso por Jordania, cometió un
garrafal error —de esos a los que nos tiene acostumbrado el actual
presidente Bush—, al confundir ante la prensa a los chiitas con los
sunitas, y pronunciar la peligrosa afirmación de sentirse "preocupado
porque los iraníes llevan a los hombres de Al Qaeda a Irán, los
adiestran, y luego los mandan a combatir a Iraq".
Ahora anda por Londres defendiendo esa injusta guerra, mientras el
vicepresidente Cheney fue a Afganistán con similar propósito.
Cuando regrese a Washington, McCain informará a Bush de la
"exitosa" gira, y quizás, cuente sobre los bushismos cometidos, algo
que de seguro resultará simpático al halcón mayor.