El alto vuelo popular de José Luis Cortés

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Foto:JORGE LUIS GONZÁLEZNo es difícil imaginar a Nicolás Guillén, con los oídos abiertos, el semblante gozoso y la noble melena blanca de poeta mayor, ante el enorme, criollo y deslumbrante caudal de música que inundó el espacio de la sala Che Guevara, de la Casa de las Américas, durante la jornada inicial del Coloquio y Festival Internacional que saluda en La Habana el medio siglo del nacimiento de su poemario La paloma de vuelo popular.

Allí, frente al Árbol de la Vida, estaban José Luis Cortés y NG la Banda, convocados por la Fundación Nicolás Guillén y huéspedes de una institución que bajo la presidencia de Roberto Fernández Retamar, quien desde el fondo del recinto siguió con fervor el concierto, continúa el mandato de Haydée Santamaría, una mujer que siempre tuvo el tino de juntar las esencias de la culturas populares con las de sofisticadas elaboración intelectual.

Justamente ese fue el signo predominante en la entrega del Tosco y su gente. Desde hace más de diez años ha venido trabajando en la musicalización de versos de amor de Guillén. Pero a ello, y ya era bastante, no limitó el repertorio, sino aventuró sendas insospechadas —aunque para él habituales— en la factura de un discurso musical donde las trazas de identidad se potencian mediante sonoridades actuales avecindadas al jazz.

La apuesta guilleniana de José Luis alcanzó elevadas cotas con la versión de las Glosas que el bardo camagüeyano hiciera a una cuarteta del venezolano Andrés Eloy Blanco ("No sé si me olvidarás / ni si es amor este miedo. / Yo sólo sé que te vas, / yo sólo sé que me quedo".) Sazonada por el rigor de los sones más bravos, esta pieza, de difundirse como dios manda, está en condiciones de pelear por el favoritismo de los públicos del más ancho mundo.

Mucho más especulativas, por lo que corresponde a la concepción melódica y el ropaje armónico, resultaron las versiones del clásico A veces ("A veces tengo ganas de ser cursi / para decir: la amo a usted con locura¼ ") y del muy interesante y menos conocido Mundos de fantasía ("Jugabas con un lápiz / callada y pensativa / sobre la virgen hoja / donde nada escribías¼ ").

José Luis redondeó la ofrenda con la presencia de la orquesta juvenil de flautas que auspicia y ha entregado a su colega Antonio Pedroso, Pero antes y después se desató en el territorio del jazz latino, con una manera de transformar la Danza ritual del fuego, de Manuel de Falla, hasta niveles paroxísticos, y de reinventar el emblema del bebop Night in Tunisia, de Dizzy Gillespie.

¿Y el flautista? A todo tren. El Tosco desmiente su apelativo cada vez que explora y explota su instrumento.

 

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