o es difícil imaginar a
Nicolás Guillén, con los oídos abiertos, el semblante gozoso y la
noble melena blanca de poeta mayor, ante el enorme, criollo y
deslumbrante caudal de música que inundó el espacio de la sala Che
Guevara, de la Casa de las Américas, durante la jornada inicial del
Coloquio y Festival Internacional que saluda en La Habana el medio
siglo del nacimiento de su poemario La paloma de vuelo popular.
Allí, frente al Árbol de la Vida, estaban José Luis Cortés y NG
la Banda, convocados por la Fundación Nicolás Guillén y huéspedes de
una institución que bajo la presidencia de Roberto Fernández Retamar,
quien desde el fondo del recinto siguió con fervor el concierto,
continúa el mandato de Haydée Santamaría, una mujer que siempre tuvo
el tino de juntar las esencias de la culturas populares con las de
sofisticadas elaboración intelectual.
Justamente ese fue el signo predominante en la entrega del Tosco
y su gente. Desde hace más de diez años ha venido trabajando en la
musicalización de versos de amor de Guillén. Pero a ello, y ya era
bastante, no limitó el repertorio, sino aventuró sendas
insospechadas —aunque para él habituales— en la factura de un
discurso musical donde las trazas de identidad se potencian mediante
sonoridades actuales avecindadas al jazz.
La apuesta guilleniana de José Luis alcanzó elevadas cotas con la
versión de las Glosas que el bardo camagüeyano hiciera a una
cuarteta del venezolano Andrés Eloy Blanco ("No sé si me olvidarás /
ni si es amor este miedo. / Yo sólo sé que te vas, / yo sólo sé que
me quedo".) Sazonada por el rigor de los sones más bravos, esta
pieza, de difundirse como dios manda, está en condiciones de pelear
por el favoritismo de los públicos del más ancho mundo.
Mucho más especulativas, por lo que corresponde a la concepción
melódica y el ropaje armónico, resultaron las versiones del clásico
A veces ("A veces tengo ganas de ser cursi / para decir: la
amo a usted con locura¼ ") y del muy
interesante y menos conocido Mundos de fantasía ("Jugabas con
un lápiz / callada y pensativa / sobre la virgen hoja / donde nada
escribías¼ ").
José Luis redondeó la ofrenda con la presencia de la orquesta
juvenil de flautas que auspicia y ha entregado a su colega Antonio
Pedroso, Pero antes y después se desató en el territorio del jazz
latino, con una manera de transformar la Danza ritual del fuego,
de Manuel de Falla, hasta niveles paroxísticos, y de reinventar el
emblema del bebop Night in Tunisia, de Dizzy Gillespie.
¿Y el flautista? A todo tren. El Tosco desmiente su apelativo
cada vez que explora y explota su instrumento.