En
medio de este último invierno, un cubano llegó a Salzburgo con una
ofrenda en sus manos.
Ulises Hernández, quizá el pianista más audaz y aventurado de su
generación, presentó en el Mozarteum, institución austriaca que
atesora y promueve la obra del indiscutido genio de la escuela clásica
europea, un estuche de tres discos, editados por el sello Colibrí,
donde quedó registrada la totalidad de la producción pianística
solista de quien inauguró un estilo reconocible y perdurable a escala
universal.
Son tantos los homenajes a Mozart que la casa museo apenas da
cabida a una parte de ellos. Ya el solo hecho de acceder a una
presentación en el santuario salzburgués denota respeto. Pero ese día,
coincidiendo con el aniversario del natalicio de Wolfgang Amadeus,
sucedió algo singular: no solo estaban presentes las máximas
autoridades de la ciudad y los organizadores de los festivales que
hacen de ese lugar una meca internacional de la música de concierto,
sino que literalmente volaron los ejemplares puestos a disposición de
un público.
El crítico de arte vienés Werner Esemblum acotó al respecto: "No
hay en los últimos tiempos precedentes de tanta avidez por adquirir
una grabación mozartiana. Que se hayan agotado los ejemplares que Cuba
trajo hasta aquí es índice de dos cosas: la sorpresa ante la calidad
del material reunido y el hecho de que haya provenido de un país al
que se le conoce por la salsa y sin embargo tiene grandes logros
académicos".
Johannes Honsig-Erlenburg, presidente de la Fundación Mozarteum,
había dado en la diana. Meses atrás, en una acción conjunta de la
Oficina del Historiador de la capital cubana y de la Embajada de
Austria en La Habana, había viajado a la Isla para inaugurar el
monumento que la ciudad de Salzburgo donó para ser instalado en la
casa de Carmen Montilla, frente a la Basílica Menor de San Francisco
de Asís, a la vera de la Avenida del Puerto.
En esa ocasión supo cómo a lo largo de un año, un grupo de músicos
cubanos, liderados por Ulises Hernández, se había propuesto, por
primera vez en la Isla, repasar las 26 sonatas y fantasías escritas
para piano por Mozart, hazaña que fue grabada en audio y video por
Producciones Colibrí, bajo la dirección ejecutiva de Marta Bonet.
A un conocedor como Honsig-Erlenburg le llamó la atención esta
empresa. En aquella oportunidad, este cronista le arrancó una
confesión: "En formato de DVD esto es primera vez que se hace en el
mundo. No tengo noticias de algún antecedente. Los fieles de Mozart
deben conocer esta noticia".
Pero lo extraordinario de este caso no pasa solamente por la
novedad del hecho, sino por los resultados artísticos. Sin perder de
vista (ni de oído) las aportaciones individuales lo conseguido por
Víctor Rodríguez, Ulises Hernández, Ileana Bautista, Roberto Urbay,
Elvira Santiago, María Victoria del Collado, Marita Rodríguez, Pedro
Rodríguez, Yanet Bermúdez, Leonardo Gell, Fidel Leal —registrados con
fidelidad profesional en vivo por Julio Pulido y Argeo Roque en el
2006 en el Amadeo Roldán y la Basílica y con la eficaz puesta en
imágenes de René Arencibia—, la producción Mozart en La Habana
denota el fundamento de un ejercicio artístico y pedagógico de alto
vuelo, que para suerte nuestra respira el aire de la creación
colectiva y marca la pauta de una regla y no de una excepción.
Ulises fue el abanderado. A Mozart le puso de compañía a nuestro
Cervantes en el recital de presentación. Pero junto a él estaban una
escuela, una política cultural y la vocación universal de nuestra
cubanía.