En el central Panamá hay historia por contar

Los trabajadores de esa industria, empeñados hoy en convertirse de nuevo en los líderes azucareros de Camagüey, enfrentaron durante seis años de inactividad el reto de preservar sus instalaciones e impedir que el robo, el desvío y el descontrol se adueñaran de sus recursos

Juan Varela Pérez

El colectivo del central Panamá, uno de los que hoy producen azúcar en Camagüey, enfrentó entre 1999 y el 2003 quizás los años más tensos, amargos y difíciles de una historia por contar.

Los cambios de turno devienen ceremonia de intercambio que informa al que entra sobre incidencias fundamentales de la fábrica.

La sensible baja en la producción cañera y los deprimidos precios del azúcar crudo en el mercado mundial son algunas de las razones por las cuales el Ministerio del Azúcar orientó entonces, tras el visto bueno de la provincia, el cese temporal de esa empresa.

Fue un periodo que probó el sentido de pertenencia de dirigentes, técnicos y trabajadores, y la disposición de impedir que el robo, el desvío y el descontrol se apoderaran de sus recursos.

La ingeniera Mayra de la Cruz, directora de la fábrica del ingenio y una de las artífices en la custodia y preservación de esos bienes, recuerda que "ni un tornillo podía salir de la fábrica sin la autorización del organismo superior, con acta firmada".

Esa actitud generó discusiones e incomprensiones. No pocos trataron de convertir al Panamá en un "almacén" donde buscar piezas y equipos para solucionar problemas de otras entidades y hasta personales. El canibalismo no pudo romper el cerco.

Foto:Otmaro RodríguezLa directora general del central Yolexis Guerra Gómez (izquierda) y Mayra de la Cruz, directora de la fábrica, encabezan un equipo donde predominan las mujeres en los cargos de mayor responsabilidad.

En esta crucial batalla siempre estuvieron acompañados por la dirección del Partido en Camagüey, el Grupo Empresarial Azucarero, el Sindicato y el resto de las organizaciones.

Todos coincidían, en especial vecinos y dirigentes del municipio, en que desmantelar la industria alejaba el retorno a la vida productiva e incluso podía decretar el cierre definitivo, algo que nadie deseaba.

A la vez existía otra preocupación no menos grave: perder la vinculación con los técnicos y trabajadores reubicados en otras labores. Esto, afortunadamente, no ocurrió. El presupuesto para los ingenios paralizados contribuyó a que las fuerzas estuviesen atendidas. El 23% de esos hombres y mujeres apoyó al Batalla de las Guásimas —el otro central del municipio de Vertientes— y regresó en pleno al reanudarse las operaciones en el 2004. Igual hicieron los movilizados en otros frentes.

Aunque por estrategia nacional y del territorio recesó de nuevo en el 2005 (era muy poca la caña), la normalidad dejó el camino para las campañas siguientes. Al ser superiores los métodos organizativos y ganar espacio la disciplina técnica y la estimulación, que beneficia al trabajador según sus resultados, la actual zafra puede marcar distancia sobre las anteriores.

Pese a la prolongada inactividad —siempre deja su secuela negativa—, el Panamá aparece hoy entre los 15 centrales de mejores resultados en el país, escalón que de incrementarse el abasto de caña debe mejorar.

Yolexis Guerra Gómez, la directora general, califica de meritoria la actitud de la brigada que se encargó de mantener y cuidar la maquinaria. Ese celo permitió que, sin acudir a suministros adicionales externos, el Panamá hiciera zafra de nuevo y creara condiciones para, en un futuro cercano, convertirse en puntal azucarero de la provincia.

Elevar los rendimientos cañeros, hoy inferiores a las 35 toneladas por hectárea es, para agrícolas e industriales, el mayor desafío. Aunque los estimados auguran ligera tendencia al alza, todavía falta mucho para aumentar los días de molienda y cubrir la norma potencial de 6 900 toneladas diarias (600 000 arrobas).

El aumento gradual de la producción azucarera es hoy el compromiso supremo del colectivo. Los sistemas organizativos y de estimulación son mecanismos en franca etapa de perfeccionamiento, explica la directora. La reacción de los trabajadores es favorable en su puesto y área, y cada quien lleva sus controles y se interesa por el comportamiento integral del ingenio, los gastos, la marcha del presupuesto y cómo se administran los recursos.

Esto precisa, en zafras cortas, más agilidad informativa y de controles, a fin de disminuir el tiempo que media entre el reporte de los jefes y la entrega del estímulo económico.

Es, afirma Mayra, como si los jefes se hubiesen multiplicado. La modalidad de los cambios de turno lo demuestra. Durante una rápida ceremonia, en un punto de la fábrica, los integrantes del turno que termina actualizan a los que entran. Todo es muy rápido y operativo. Nada queda a la improvisación. Las incidencias, negativas o positivas, facilitan la gestión de los que se hacen cargo del ingenio.

Defender y preservar sus bienes en seis años sin moler (a los cinco primeros se le sumó después el 2005), y hacer zafra hoy con absoluta normalidad operacional, demuestran el elevado sentido de responsabilidad del colectivo del central Panamá.

Algunos datos de esta zafra

La molienda en el Panamá debió comenzar el 23 de enero, y realmente lo hizo el 11 de febrero. El no completarse los medios para el balance de corte y tiro, originó el atraso que también se refleja en la producción de azúcar, cuyo plan se acerca a las 36 000 toneladas¼ Hay dificultades con las 45 combinadas que asumen la mayor parte de la tarea. Los reportes muestran que por roturas están en baja, como promedio diario entre 6 y 7 máquinas¼ El corte mecanizado y su incumplimiento impiden que la norma potencial sea superior al 63%. En cambio el rendimiento en azúcar de 11,09 rebasa el plan de la etapa y permite ahorrar caña por tal concepto. El potencial en ese indicador se aprovecha por encima del 91%... La industria se autoabastece de energía eléctrica y el sobrante se lo entrega al sistema nacional. La eficiencia en esa área permite ahorrar caña y hacer más económico cada kw¼

 

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