La sensible baja en la producción cañera y los deprimidos precios
del azúcar crudo en el mercado mundial son algunas de las razones por
las cuales el Ministerio del Azúcar orientó entonces, tras el visto
bueno de la provincia, el cese temporal de esa empresa.
Fue un periodo que probó el sentido de pertenencia de dirigentes,
técnicos y trabajadores, y la disposición de impedir que el robo, el
desvío y el descontrol se apoderaran de sus recursos.
La ingeniera Mayra de la Cruz, directora de la fábrica del ingenio
y una de las artífices en la custodia y preservación de esos bienes,
recuerda que "ni un tornillo podía salir de la fábrica sin la
autorización del organismo superior, con acta firmada".
Esa actitud generó discusiones e incomprensiones. No pocos trataron
de convertir al Panamá en un "almacén" donde buscar piezas y equipos
para solucionar problemas de otras entidades y hasta personales. El
canibalismo no pudo romper el cerco.
En esta crucial batalla siempre estuvieron acompañados por la
dirección del Partido en Camagüey, el Grupo Empresarial Azucarero, el
Sindicato y el resto de las organizaciones.
Todos coincidían, en especial vecinos y dirigentes del municipio,
en que desmantelar la industria alejaba el retorno a la vida
productiva e incluso podía decretar el cierre definitivo, algo que
nadie deseaba.
A la vez existía otra preocupación no menos grave: perder la
vinculación con los técnicos y trabajadores reubicados en otras
labores. Esto, afortunadamente, no ocurrió. El presupuesto para los
ingenios paralizados contribuyó a que las fuerzas estuviesen
atendidas. El 23% de esos hombres y mujeres apoyó al Batalla de las
Guásimas —el otro central del municipio de Vertientes— y regresó en
pleno al reanudarse las operaciones en el 2004. Igual hicieron los
movilizados en otros frentes.
Aunque por estrategia nacional y del territorio recesó de nuevo en
el 2005 (era muy poca la caña), la normalidad dejó el camino para las
campañas siguientes. Al ser superiores los métodos organizativos y
ganar espacio la disciplina técnica y la estimulación, que beneficia
al trabajador según sus resultados, la actual zafra puede marcar
distancia sobre las anteriores.
Pese a la prolongada inactividad —siempre deja su secuela
negativa—, el Panamá aparece hoy entre los 15 centrales de mejores
resultados en el país, escalón que de incrementarse el abasto de caña
debe mejorar.
Yolexis Guerra Gómez, la directora general, califica de meritoria
la actitud de la brigada que se encargó de mantener y cuidar la
maquinaria. Ese celo permitió que, sin acudir a suministros
adicionales externos, el Panamá hiciera zafra de nuevo y creara
condiciones para, en un futuro cercano, convertirse en puntal
azucarero de la provincia.
Elevar los rendimientos cañeros, hoy inferiores a las 35 toneladas
por hectárea es, para agrícolas e industriales, el mayor desafío.
Aunque los estimados auguran ligera tendencia al alza, todavía falta
mucho para aumentar los días de molienda y cubrir la norma potencial
de 6 900 toneladas diarias (600 000 arrobas).
El aumento gradual de la producción azucarera es hoy el compromiso
supremo del colectivo. Los sistemas organizativos y de estimulación
son mecanismos en franca etapa de perfeccionamiento, explica la
directora. La reacción de los trabajadores es favorable en su puesto y
área, y cada quien lleva sus controles y se interesa por el
comportamiento integral del ingenio, los gastos, la marcha del
presupuesto y cómo se administran los recursos.
Esto precisa, en zafras cortas, más agilidad informativa y de
controles, a fin de disminuir el tiempo que media entre el reporte de
los jefes y la entrega del estímulo económico.
Es, afirma Mayra, como si los jefes se hubiesen multiplicado. La
modalidad de los cambios de turno lo demuestra. Durante una rápida
ceremonia, en un punto de la fábrica, los integrantes del turno que
termina actualizan a los que entran. Todo es muy rápido y operativo.
Nada queda a la improvisación. Las incidencias, negativas o positivas,
facilitan la gestión de los que se hacen cargo del ingenio.
Defender y preservar sus bienes en seis años sin moler (a los cinco
primeros se le sumó después el 2005), y hacer zafra hoy con absoluta
normalidad operacional, demuestran el elevado sentido de
responsabilidad del colectivo del central Panamá.