La afirmación fue sustentada en argumentos presentados por Ariela
Ruiz, consultora de la Comisión Económica Para América Latina y el
Caribe (CEPAL) y Alberto Arroyo, profesor de la UAM-Iztapalapa, de
México, en un panel que debatió la connotación y estrategia de estos
acuerdos durante la tercera jornada del X Encuentro Internacional de
Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo, que
sesiona en el Palacio de las Convenciones.
Apoyada en los elementos en que se basó la negociación del TLC
Perú-Estados Unidos (concluida a finales del pasado año), requisitos y
objetivos, la delegada de la nación andina anticipó el saldo negativo
del impacto en la economía y la sociedad peruanas:
Porque crea una ruptura de los encadenamientos productivos, exige
la liberalización de los servicios, aumenta la brecha del
conocimiento, posibilita incrementar las exportaciones pero de poco
valor agregado, está disociado de un enfoque integral de desarrollo
humano y social, profundiza las desigualdades y no establece
mecanismos de protección de los precios de los productos agrícolas.
Igualmente, crecerán las pérdidas fiscales a la par que restringe
la capacidad del Estado para modificar la legislación tributaria
nacional; afecta los recursos naturales y amplía la vulnerabilidad de
la economía ante las crisis financieras internacionales.
Y, como tratado internacional, mientras Perú no puede modificarlo,
los EE.UU. sí pueden dejar de aplicarlo por razones de seguridad
nacional.
Arroyo señaló que a 14 años del primero de estos tratados, entre
México, Canadá y los Estados Unidos, es posible afirmar que no hay
forma de negociar un TLC positivo.