.— Los monopolios de la
desinformación engañan a muchos y se afanan, con la mentira y la
falsificación de los hechos, por debilitar la solidaridad que el
pueblo cubano necesita y merece, denunció Ricardo Alarcón.
El recién reelecto presidente de la Asamblea Nacional del Poder
Popular de Cuba planteó que a ese infame juego se prestan algunos
gobiernos y políticos carentes de entereza, sumisos a la voz de mando
del gran genocida.
Bajo el título de Las Dos Cubas, el presidente del parlamento
cubano escribió un artículo sobre las elecciones del pasado 24 de
febrero en la isla para la revista chilena Punto Final, que circulará
mañana.
Sobre las distintas versiones de prensa acerca de los comicios
cubanos, Alarcón planteó: Tampoco nos sorprendió el desconcierto de
algunos autotitulados analistas y expertos en Cuba".
Su especialidad, dijo, se limita a fabricar una Cuba imaginaria y a
imponérsela a audiencias cautivas de los grandes consorcios
manipuladores de la información.
Es comprensible que a fuerza de inventar mentiras —y tonterías, y
de repetirlas sin pausa—, lleguen a creérselas, comentó el dirigente
cubano.
Alarcón tomó el título de su artículo del sociólogo norteamericano
C. Wright Mills, quien en su libro Escucha, Yanqui (1960) sostuvo que
había dos Cubas: la nuestra, la real, la de los cubanos y aquella que
otros fabrican con prejuicios alimentados por el engaño y la
distorsión de los medios de comunicación .
Tras explicar en detalle todo el proceso de debate y participación
popular en los comicios cubanos, denunció la política agresiva de
Estados Unidos contra la isla.
La amenaza que pesa sobre Cuba, recordó, es muy grave. El pueblo
cubano enfrenta el genocidio más prolongado de la historia y que nadie
tiene derecho a ignorar.
Respecto a las recientes elecciones, Alarcón afirmó que el 24 de
febrero triunfó la unidad de los patriotas, de las varias generaciones
actualmente activas en la sociedad cubana.
Se imaginaban que podrían dividirnos con su sarta de especulaciones
baratas, que serían capaces de separarnos entre veteranos y jóvenes,
entre conservadores y reformistas. Les demostramos que todos somos
uno, subrayó Alarcón.
Lo hicimos —agregó-—desafiando, además, la insólita amenaza de
George W. Bush, irresponsable y belicoso personaje, quien había
proclamado que no aceptaría un gobierno presidido por Raúl Castro y
que actuaría ágil y decisivamente para impedir su instalación.
Alarcón dijo: Otra vez nos levantamos juntos los pinos viejos y los
pinos nuevos, según la metáfora martiana, para asegurar la continuidad
de la Revolución, para renovar y fortalecer su institucionalidad, para
cambiar todo lo que haya que cambiar, siempre sobre la base del
consenso más amplio y firme, para salvar la Patria y perfeccionar el
socialismo.