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A la luz de la historia
Ortelio González
CIEGO
DE ÁVILA.— Larry Morales (Morón, 1957) tiene una memoria excelente,
que le permite hablar con precisión asombrosa de personajes,
situaciones y hechos históricos. Recuerda el día en que entrevistó al
asesino de Enrique Varona, el líder ferroviario; las jornadas
interminables junto al documentalista Santiago Álvarez, la
conversación con Celia Sánchez Manduley, la canción que Víctor Jara
dejó inconclusa y él terminó de componer, los elogios que en varios de
sus discursos el Comandante en Jefe Fidel Castro le hiciera al libro
Medio Milenio por Morón, del cual la doctora María Dolores
Ortiz dijo que "es una bien cubana manera de escribir la historia
local, y de hacerla conocer a la infancia y la juventud", y muchos
otros pasajes en los recovecos del escritor que comenzó de forma
espontánea e individual.
—¿Por qué el interés en divulgar la vida de héroes bien atados al
pueblo: Roberto Rodríguez —El Vaquerito—, Enrique Varona, Santiago
Álvarez o, más recientemente, Evelio Capote¼
? ¿Algo le enseñan?
Son héroes que si no quedan en la memoria histórica a través de la
literatura, se corre el riesgo de que permanezcan en el olvido. Al
Vaquerito, antes del libro que lo proyectó como una leyenda, casi
nadie lo conocía fuera de Cuba. Lo mismo ocurría con Enrique Varona
González, el líder obrero, a quien confundían con el Varona filósofo.
Esa ha sido mi premisa a la hora de seleccionar los temas: revelarle
al pueblo la vida de esos héroes y rendirles homenaje a quienes
hicieron la historia, hombres de carne y hueso, como tú y yo. El caso
de mi último libro, Tirarle piedras al mar, demuestra cuán
importante es recrear esos temas. Evelio Capote, el protagonista, es
un hombre vivo, real, común, humilde, un Héroe del Trabajo de la
República de Cuba: mi libro les muestra sus proezas a las nuevas
generaciones. Esos héroes enseñan la verdadera dimensión de los
valores humanos.
—¿Predilección por el testimonio; la narración histórica por sobre
la poesía y otros géneros?
—El testimonio me permite revelar un acontecimiento o un personaje
sin tener que renunciar a la poesía, a la narrativa artística. Ese es
el centro neurálgico de mi estilo. Cada contenido trae su forma, como
cada tema su libro. La narración histórica es un género muy apropiado
para el tipo de obra que suelo escribir, para contar una vida o un
hecho acontecido.
—¿Cuál es el libro amado?
—Si yo fuera en un barco con mis libros y me dijeran que hay que
echar lastre al agua para que no se hunda, prefiero tirarme yo al mar
y dejar que se salve mi obra. Me resulta difícil señalar uno amado o
preferido. Los quiero a todos por igual, como uno quiere a los hijos.
—Usted fue fundador del periódico avileño Invasor. ¿El periodismo
le sirvió de algo para transitar los caminos de la literatura?
—Aunque no fui plantilla fija, me considero un fundador del
periódico Invasor. Comencé a escribir artículos históricos desde que
salieron los primeros números. Llegué a tener un espacio fijo que se
llamaba Estampas añejas. En mi caso, el proceso ha sido a la
inversa. Fue la literatura la que me sirvió para transitar los caminos
del periodismo.
—¿Le agrada el periodismo?
—Me gusta porque es dinámico, conciso y por su frescura, pero no me
considero un periodista. Me aterra tener que escribir una crónica o un
artículo casi diariamente.
—¿De la fuente de cuál autor usted ha bebido más?
—Del escritor colombiano Germán Arciniegas. Muchos rasgos de mi
estilo se los debo a él. También he bebido sin descanso de la fuente
de Ernest Hemingway, García Márquez, José Martí, Emil Ludwig y Stefan
Zweig.
—Usted ama a Morón, ese pueblo, largo y debilucho, tan estrecho que
casi se puede abrazar con las manos. ¿Qué es lo que más le marca de su
ciudad?
—Decirte que la amo puede parecer novelesco. He demostrado con mi
obra que la quiero. Le he dedicado casi todos mis libros. La he
llevado conmigo a todas partes, al punto que a veces, sin darme
cuenta, estando en Italia, España, en Moscú o en el lugar más
recóndito, no digo que soy de Cuba, sino de Morón.
—Memorias para un reencuentro obtuvo recientemente el premio
de testimonio de la UNEAC.
—Ese libro se lo escribí al gran documentalista Santiago Álvarez.
Narra las vivencias del cineasta, las personalidades que a lo largo de
su vida él conoció y que de cierto modo influyeron en su obra.
—¿Y el Gallo aún canta?
—Esa es otra historia que un día contaré. Para que el Gallo cantara
tuve que investigar mucho y escribir un libro. Así es la literatura de
poderosa: hizo que ese símbolo se empinara y despertara al pueblo,
después de veinte años de silencio. |