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Annapolis murió en Gaza tras embestida israelí

GAZA, 3 de marzo (PL).— La reciente escalada israelí contra la Franja de Gaza, que dejó más de 450 muertos y heridos palestinos, echó por tierra la llamada conferencia internacional de paz de Annapolis.

Para los que allí acudieron, el 27 de noviembre pasado, era una nueva oportunidad de encontrar una solución a uno de los más extendidos conflictos internacionales de la era moderna, pese al descrédito de eventos similares anteriores.

La cita, convocada, promovida y organizada por Estados Unidos, despertó esperanzas, pero fueron muchos más los escépticos, que creyeron que Washington y su socio Israel tenían más fines espurios que voluntad política para resolver el enmarañado problema.

A todo bombo y platillo terminó la reunión con el compromiso de israelíes y palestinos de relanzar las negociaciones de paz apenas días después del cierre del encuentro, y alcanzar acuerdos antes de finalizar el 2008.

El primer ministro de Israel, Ehud Olmert, el presidente palestino, Mahmoud Abbas, y el mandatario estadounidense, George W. Bush, sostenidos de las manos y amplias sonrisas, posaron en una instantánea que recorrió el mundo como un presunta mensaje de paz.

La conferencia abrió interrogantes en torno a la adopción de decisiones de cómo implementar mecanismos que conduzcan a romper la madeja de entuertos que atenazan al pueblo palestino en los últimos 60 años y que Israel ha sido remiso a solucionar.

Resolver asuntos como la creación de un estado palestino independiente, el status de Jerusalén, el regreso de los refugiados, la definición de las fronteras, la disolución de los asentamientos, el agua, la seguridad y otros, son esenciales para avanzar.

Pero antes, Tel Aviv debía cesar la ocupación de los territorios palestinos, la construcción del muro segregacionista que se expande a lo largo de Cisjordania, terminar con el asedio económico a la Franja de Gaza y liberar la totalidad de los miles de prisioneros.

Solucionar tales objetivos constituye una carga de mucho peso para los israelíes, por lo que desde los primeros momentos comenzaron a torpedear las reuniones entre los equipos negociadores sin que hasta la fecha se haya obtenido resultado alguno.

Los acontecimientos devenidos durante y después de Annapolis dejaron al descubierto la falsedad y el juego político de Estados Unidos e Israel en la ciudad norteamericana.

Contrario a lo pactado allí, Tel Aviv licitó la construcción de nuevas viviendas en los asentamientos de la ocupada Cisjordania, arreció el bloqueo y las medidas de restricciones, e incrementó las agresiones terrestres y aéreas contra la Franja.

Washington, por su parte, continuó con su política de apoyo incondicional a su aliado e impidió nuevas resoluciones condenatorias en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, por su criminal asedio económico y de cerco.

En medio de ese panorama, los grupos de la resistencia palestina, apelando al derecho de autodefensa, prosiguieron los disparos de cohetes hacia los territorios israelíes de Netivot y Sderot, en el sur, donde el miércoles último murió un hombre de 42 años.

La muerte del ciudadano israelí despertó la furia de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), y fue usado como justificación para dar la orden de arrasar con la depauperada autonomía de 1,5 millones de habitantes.

En apenas seis días de intensos ataques aéreos y de artillería 112 palestinos perdieron la vida, entre ellos 17 niños, uno de apenas seis meses, y más de 300 sufrieron heridas, a la par que fueron bombardeadas instalaciones hospitalarias y oficinas de Hamas.

El pasado sábado ocurrió la embestida más violenta de los últimos ocho años al morir 54 palestinos y decenas resultar heridas, a la par que dos militares israelíes caían también en los combates.

Ante los acontecimientos, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas, responsabilizó a Israel por la ruptura del proceso de paz y puso fin a todo contacto hasta tanto no se suspenda la agresión, afirmó ayer su portavoz, Nabil Abu Rudeina.

Este lunes, las FDI se replegaron de Gaza con el argumento de que detuvo el lanzamiento de cohetes contra su territorio, mientras entre los residentes prevalecía la opinión de que los invasores fueron derrotados.

La amenaza y el peligro del uso desproporcionado de la fuerza, sin embargo, penden como espada de Damocles sobre la Franja en las palabras de Olmert, quien el domingo en una reunión del gabinete dijo que no detendrá las operaciones.

Seré claro, no tenemos intenciones de detener la lucha y actuaremos de acuerdo con el plan diseñado por el gobierno con las fechas y la intensidad que nosotros decidamos, manifestó.

 

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