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El acuerdo político alcanzado por las partes en conflicto en Kenya
no detuvo las acciones violentas que aún hoy ocurren en este país
del oriente africano, confirmaron fuentes de la policía.
Al menos 15 personas murieron anoche en un ataque en Kitale, en
el noroeste keniano, en la continuación de los disturbios iniciados
a finales de diciembre, cuando se conocieron los resultados de las
elecciones presidenciales.
La reelección del mandatario Emilio Mwai Kibaki fue calificada de
fraudulenta por la oposición que se lanzó a la calle a reclamar
nuevas elecciones, a lo cual se negaban las autoridades.
Según los agentes, seis de las víctimas de ayer fueron quemadas,
otra cifra similar asesinada a machetazos, y las tres restantes
perecieron por heridas de bala.
La fuente dijo desconocer la etnia de las víctimas y de los
atacantes, por cuanto nadie ha comentado acerca de un rebrote de los
antagonismos entre las comunidades seguidores del presidente Kibaki
y del opositor Raila Odinga, jefe del Movimiento Democrático Naranja
(ODM).
No obstante, Kitale se halla en el noroeste de este país, en el
Valle del Rift, a unos 300 kilómetros de esta capital.
Los medios de prensa comentaron que la violencia resurge tras
unas jornadas de relativa calma, pero que en su desarrollo murieron
unas mil 500 personas y más de 400 mil debieron huir de sus lugares
de origen para salvar sus vidas tanto de los combates como de
batidas con cariz racial.
Este lunes se reanudaron las negociaciones entre el gobierno y
los opositores, aunque sin el mediador y ex secretario general de
las Naciones Unidas Kofi Annan.