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Más de 108 millones de rusos con derecho al sufragio están hoy a menos
de una semana de su definición crucial para el futuro político del
país con la elección del próximo presidente el 2 de marzo.
Los cuatro candidatos presidenciales también se acercan a la hora
cero, cuando ya entró en vigor este lunes la prohibición de difundir
las encuestas de opinión sobre la presente campaña.
Aspiran a la sucesión en el puesto de Vladimir Putin (2000-2008)
Andrei Bogdanov, el líder del partido Liberal Democrático, Vladimir
Zhirinovski, el presidente del partido Comunista, Guennadi Ziuganov, y
el vicepresidente primero, Dmitri Medvedev.
En ese orden figuran los contendientes en las boletas que
circularán en las urnas el venidero domingo.
Los sondeos pronostican, sin embargo, resultados a la inversa:
Medvedev lidera las intenciones de voto con 72,9 por ciento, secundado
por Ziuganov con 15,0 por ciento, según una encuesta reciente del
Centro de Estudios de la Opinión Social.
El político liberal mantiene la tercera posición en el entorno de
los 10 puntos porcentuales, mientras el aspirante independiente
Bogdanov acapara sólo la preferencia de 1,1 por ciento del universo
electoral proclive a asistir a las votaciones.
Un estudio del Fondo de Opinión otorga a Ziuganov más de 16 por
ciento de respaldo electoral y unos 67 puntos porcentuales a Medvedev,
el llamado delfín del Kremlin, pero de manera general los resultados
sociológicos coinciden en cuanto a la posición de los candidatos.
Para el grueso de los expertos, según una encuesta a ese nivel, el
favorito de Rusia Unida y de Putin se alzará con más de un 50 por
ciento de las boletas, lo cual, desde este punto de vista, descarta
una segunda ronda como prevén el resto de los contrincantes.
La candidatura de Medvedev afloró apenas concluyó el fragor
electoral por las parlamentarias de la quinta legislatura de la Duma a
iniciativa del progubernamental partido Rusia Unida.
Otras tres agrupaciones, Rusia Justa, Agrario y Fuerza Cívica
respaldaron la propuesta del Kremlin a la continuidad de la línea
pautada por Putin en los últimos ocho años, tras dos mandatos
consecutivos.
De hecho el anuncio del gobernante de aceptar el cargo de primer
ministro en caso de una victoria del ahora vicepresidente primero
disparó inusitadamente el ranking de su virtual sucesor.
No pocos auguran que por efecto del "factor Putin" el resultado
electoral del pretendiente oficialista podría superar al del actual
estadista en 2000, e incluso su arrollador triunfo de 2004, cuando
obtuvo 71,31 por ciento de votos.
Parece visible también que la influencia política de Putin en Rusia
persistirá después de las votaciones del 2 de marzo y del traspaso de
la presidencia el 8 de mayo.
Su futuro en el tablero político ruso y la interacción Putin-Medvedev
en caso de confirmarse como jefe de gobierno están sujetos por
supuesto a los resultados de la presente contienda, aunque la prensa y
analistas sostienen que no existe ninguna intriga.
Un 74 por ciento de entrevistados asegura que Putin conservará su
influencia prácticamente en toda la vida política del país. También 76
de cada 100 interpelados confían en que Medvedev continuará la línea
de su antecesor.
Los politólogos deducen de los últimos discursos del estadista un
casi seguro monopolio de éste en la adopción de las decisiones
estratégicas.
Sin duda el desenlace del 2 de marzo conlleva una definición
crucial del electorado ruso en cuanto a la futura configuración del
poder en Rusia y el derrotero de la nación euroasiática.