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Chad: paupérrimo modelo neoliberal
ARNALDO MUSA
musa.amp@granma.cip.cu
El más reciente y fracasado levantamiento de grupos opositores al
gobierno de Chad, es otro episodio del drama en que vive el pueblo
de una de las naciones más pobres del mundo.
A
pesar del petróleo.
¡Qué decir de los combates que estuvieron a punto de derrocar al
actual presidente Idriss Deby, el primero electo en elecciones al
estilo de la democracia occidental hace 12 años, y que va y viene en
el poder! La acusación de que Sudán apoyó la más reciente acción
armada antigubernamental no es muy creíble, cuando otros elementos
extranjeros utilizan todo tipo de métodos para controlar la riqueza
petrolífera de la nación.
En esta ocasión, Francia respaldó una fuerza militar europea para
mantener el status quo, lo cual dio pie a quienes aseguran que
"mientras Chad no avanza y la pobreza es cada vez mayor, París
continúa levantando y destronando presidentes, a ritmo de
conspiraciones y golpes de Estado". Pero los intereses galos no son
los que predominan totalmente en su ex colonia y en zonas
adyacentes.
El MAL OLOR DEL PETRÓLEO
El petróleo es junto con el gas natural el principal combustible
de cuantos ponen en marcha al mundo contemporáneo. Ningún imán atrae
tanto como el "oro negro" a los capitales transnacionales, ni existe
otra fuente de tan fabulosas ganancias, en tanto es el más
monopolizado de todo el sistema neoliberal.
La norteamericana Exxon Mobil es la más notoria en el saqueo a
los pueblos de la región. Así, "santificada" por el Banco Mundial,
encabezó las inversiones del oleoducto Chad-Camerún, de 1 050
kilómetros, el mayor del África subsahariana —del puerto chadiano de
Doba al camerunés de Kribi—, que transporta desde hace cuatro años
unos 225 000 barriles de petróleo diarios.
Exxon Mobil y la también norteamericana Chevron aportaron casi el
65% del capital total, 3 500 millones de dólares, en tanto la
ruinosa situación de los dos países africanos hizo necesario el aval
del Banco Mundial, que dio 130 millones, solo el 3%, algo simbólico,
porque lo que predomina es su capacidad de presionar a los gobiernos
para que mantengan las beneficiosas condiciones de explotación de
las grandes compañías.
El propio Banco Mundial clasificó el oleoducto como de proyecto
de clase A, categoría la cual, en este caso, no califica excelencia,
sino riesgo; avaló planes que desprotegen zonas de gran valor
ambiental y cultural, y propició la destrucción de lugares sagrados
para sus habitantes, principalmente los pigmeos de Camerún, quienes
fueron desplazados mediante coacción, con grave daño para la salud.
DUDOSOS BENEFICIOS
Los beneficios para la población de Chad, cuyo 80% vive en la
pobreza, son dudosos. Por ejemplo, en Doba, la escuela que Exxon
Mobil había "regalado" hace tres años, tiene un enorme agujero bajo
la pizarra y el centro de salud carece de las condiciones
elementales de higiene y equipamiento. También los métodos
utilizados por la compañía estadounidense propiciaron el surgimiento
de mafias, que se quedan con la mitad del salario del trabajador.
Ese oleoducto, terminado en el 2004, mostró el mayor desprecio de
Exxon Mobil y demás entes explotadores hacia las poblaciones
afectadas. Los beneficios que iba a aportar a Chad se estimaron en 3
800 millones de dólares en los primeros 10 años, pero se
convirtieron en una pesadilla para la parte más pobre de la
población.
El abuso llegó a tal grado, que se obligó a los campesinos, como
André Deoutal, a vender las tierras de la que vivía toda la familia,
por un buey pequeño. Se queja: "Somos más pobres que antes, los
precios han subido, las familias pierden sus vínculos", cuenta EFE.
En fin, el Banco Mundial dio el aval a un proyecto que demostró
la hipocresía de su discurso sobre el buen gobierno, la corrupción y
la reducción de la pobreza. Impulsó contra viento y marea la
construcción de un oleoducto que solo condujo al mayor
enriquecimiento monopólico y de los gobernantes de turno.
Mientras los combates entre ejército y opositores ya son
historia, hasta un próximo capítulo, queda el desangre de la
población chadiana, que tiene que rembolsar una deuda colosal, sin
aprovechar una riqueza natural que le pertenece. |