En
la élite mundial de su instrumento, Gidon Kremer ocupa un lugar
prominente. Sus presentaciones, ya sean en Alemania o Estados
Unidos, Japón o México, generan justificadas expectativas. Varias de
sus grabaciones están valoradas por los melómanos como discos de
culto.
Estas consideraciones deben ser más que suficientes como para
fijar una cita el próximo jueves 28, a las 8:30 p.m., en el teatro
Amadeo Roldán. El notable violinista letón compartirá su música esa
noche con el público cubano, acompañado por la no menos célebre
Kremerata Báltica.
Un día antes de su concierto habanero Kremer cumplirá 61 años.
Era un niño cuando se apasionó por la música en su Riga natal. Su
talento fue cultivado primero en el entorno familiar, y luego de
estudios elementales llegó al Conservatorio de Moscú para ponerse en
manos del más importante violinista de la era soviética, David
Oistraj.
Pronto sobrevino una cadena de premios: tercero en el Reina
Elizabeth, de Bruselas (1967); segundo en el Concurso Internacional
de Montreal (1969); primero ese mismo año en el certamen Paganini
efectuado en Génova; y la consagración con el primer lugar en
Concurso Internacional Chaikovski, de Moscú (1970).
Todo estaba listo para una carrera profesional de fondo, como la
que ha llevado hasta hoy. Debutó en el Festival de Salzburgo en
1976, conquistó al público neoyorquino a partir de 1977, y
estremeció a los medios musicales europeos cuando en 1981 se hizo
cargo del Festival de Música de Cámara de Lockenhaus con una clara
apuesta por la creación contemporánea.
Dos importantes compositores del siglo XX le han dedicado obras a
Kremer: Sofia Gubaidulina (Offertorium) y Luigi Nono (La
lejanía nostálgica utópica del futuro).
Es difícil que alguien permanezca impávido ante las magníficas
interpretaciones que Kremer ha hecho del Concierto no. 1, de
Dimitri Shostakovich, o de las sonatas de Beethoven que ha grabado
junto a la gran Martha Argerich. Pero también ha sido capaz de
rendir a los más ortodoxos con sus versiones de tangos tradicionales
y de Piazzolla.
En 1996 fundó la orquesta de cámara Kremerata Báltica, integrada
por músicos jóvenes de esa región.