Habrá
jolgorio hoy en la manigua y hasta los centinelas que se mantienen
atentos ante un posible ataque del general Resóplez se darán un salto
al centro del campamento para intercambiar abrazos con Elpidio Valdés,
su novia María Silvia y el caballo Palmiche. No faltarán vampiros
habaneros rezumando glóbulos rojos entre tanta contentura, ni las
miraditas traviesas de la Mafalda llevada al celuloide, ni la galería
de personajes que a lo largo de más de 50 Quinescopios fueron capaces
de arrancar risas a las mandíbulas más endurecidas.
Juan Padrón acaba de recibir por unanimidad del jurado el Premio
Nacional de Cine 2008 y el veredicto hará que la manigua se quede
pequeña ante el desbordamiento de abuelos, padres y niños; un pueblo
dispuesto a felicitar al maestro del dibujo animado por la
significación de su obra, en especial ese Elpidio Valdés que para no
pocos muchachos significó la primera puerta hacia la comprensión de
nuestras luchas independentistas y, por ende, el sentido de una
soberanía que hoy nos identifica.
En tiempos en que no sobraban las cartulinas y el dibujo animado en
computadoras era un sueño por llegar, Juan Padrón —fogueado en el
humorismo impreso—, da a conocer en 1974 un corto de apenas siete
minutos titulado Una aventura de Elpidio Valdés. El joven
insurrecto había venido a la vida como personaje secundario en la
historieta de samurais titulada Kashibashi, pero al pasar a la
pantalla se convirtió en uno de esos fenómenos de empatía que dejan
con la boca abierta a teóricos y semiólogos.
Cuando en 1979 aparece el largometraje Elpidio Valdés, las
simbologías allí presentes, humorísticas, fundamentadas en lo
histórico, de un patriotismo expuesto sin tonos altisonantes, ya eran
abrazadas con verdadero fervor por nuestros niños, que juntos a sus
padres desbordan los cines y piden más y más.
Padrón crea no solo una estirpe mambisa con protagonistas muy
familiares, sino también establece un estilo basado en el colorido de
las imágenes, el ritmo dinámico de la narración y una banda sonora de
multiplicidades a tono con la hilaridad de unos personajes
perfectamente construidos. Un estilo que resulta fundamental a la hora
de referirse a una Escuela cubana del dibujo animado y que le reporta
infinidad de premios y reconocimientos en Cuba y allende los mares.
Porque aunque Elpidio Valdés es el súmmum de una cubanía, los
valores humanos que encierra el personaje (sus personajes) lo
universaliza y le hace cruzar fronteras sin perder en efectividad
comunicativa.
Elpidio Valdés y toda la obra de Juan Padrón honra a generaciones
de espectadores.
De ahí que, llegado el momento, nadie quiera perderse esa fiesta de
abrazos en medio de la manigua.
(Nota de la Redacción: El jurado del Premio Nacional de Cine
2008 lo presidió Julio García Espinosa y lo integraron Camilo Vives,
Rolando Pérez Betancourt, Francisco Prats, Nelson Domínguez, José
Galiño y Jorge Fuentes).