Los reportes de bajas
estadounidenses en los últimos días demuestran el activismo de la
resistencia en Iraq, y ponen en duda la efectividad del plan táctico
de incrementar e intensificar las operaciones contrainsurgentes de
hace un año.
Luego de 12 meses multiplicando las acciones armadas contra los
insurgentes en las septentrionales provincias de Al Anbar, Salahedin,
Nínive y Dahud, y en las centrales Al Anbar, Bagdad y Diyala, el
tablado no ha cambiado, la inestabilidad perdura.
Un comunicado del mando norteamericano confirmó la muerte de un
soldado cuando un proyectil de bazuca impactó el vehículo en el cual
patrullaba en la norteña ciudad de Mosul. En el hecho otros tres
militares recibieron lesiones.
Otro soldado también perdió la vida por la explosión de una carga
bajo su carro de combate en el cual atravesaba una zona de la región
central iraquí, de la que el comando no quiso dar detalles.
Esa batalla continúa y además de afectar a los soldados
abiertamente invasores, también toca a los encubiertos bajo cobertura
de empresas de seguridad privada y a los socios iraquíes.
La seguridad prometida por el presidente norteamericano, George W.
Bush, con el envío de 30 mil soldados a las zonas de mayor complejidad
es un tema pendiente, pese a la campaña mediática que persiste en
demostrar lo contrario.
Cuando la guerra cumple cinco años, Washington no puede asegurar
que el país está bajo control y que la autoridad se extiende.
El panorama se contrapone a la supuesta recomposición post-Saddam
prometida por la administración, costeada por el contribuyente
norteamericano y regada con sangre de miles de sus jóvenes.
Pocas horas antes de concluir este material, cinco militares
estadounidenses perecieron por ataques de los comandos insurgentes,
con lo que ascendió a tres mil 968 la cifra de los militares perdidos
por Estados Unidos en este país árabe.
Pese a alquilar a nuevos socios en Iraq -como es caso de los
destacamentos del Despertar, que enfrentan a los insurgentes y sirven
de parapeto al soldado extranjero- las tropas norteamericanas
continúan siendo blancos de las acciones de los rebeldes.
El proceso de trasladar la responsabilidad de la seguridad nacional
a las fuerzas iraquíes permanece en un marasmo, por lo cual los
soldados estadounidenses no pueden replegarse a un segundo escalón,
que les retire de la línea de fuego.
Tampoco arrojó los resultados apetecidos el empleo de mecanismos de
guerra sucia que pretendieron entronizar patrón de exclusión y
enfrentamientos entre comunidades distintas confesional o étnicamente.
Pero hay más, la insurgencia planteó desde el principio que todo
elemento cercano a la fuerza foránea era considerado traidor y, como
tal, enemigo de los intereses de emancipación.
A quienes actúan como mercenarios, como les identifica la
resistencia, al final del camino les esperan sentencias similares a
las de sus empleadores.
Uno de los casos que argumentan lo anterior es el del comandante de
la brigada de Faluya del Ejército Nacional, Abdel Jabar al Yaburi,
quien recientemente murió por la explosión de una carga que los
rebeldes le colocaron bajo su vehículo.
Según la policía, Al Yaburi es el oficial de mayor nivel que perece
en la occidental provincia de Al Anbar en poco más de un año.
El militar murió exactamente en Ameriyat Faluya, cerca de Faluya,
la ciudad que las fuerzas conjuntas trataron en por lo menos dos
ocasiones de convertir en una tumba de la resistencia, para lo cual no
se midieron ante la probabilidad de cometer masacres.
La muerte del jefe de brigada ocurrió tres días después de que las
tropas estadounidenses entregaron a las iraquíes el control del sector
norte de Faluya.
En un balance de los cinco años de la invasión contra Iraq tampoco
puede obviarse lo que de peligro entraña para el área la presencia de
un ejército extraregional, dispuesto a operar más allá del escenario
al que fue asignado.
El nivel de inseguridad en el que Estados Unidos colocó a este país
árabe, con la errada percepción de que sería un caos controlable, es
actualmente una pistola apuntando a las sienes de la zona del Golfo
Pérsico.