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Iraq: fracasa táctica contrainsurgente norteamericana

BAGDAD, 21 de febrero (PL).— Los reportes de bajas estadounidenses en los últimos días demuestran el activismo de la resistencia en Iraq, y ponen en duda la efectividad del plan táctico de incrementar e intensificar las operaciones contrainsurgentes de hace un año.

Luego de 12 meses multiplicando las acciones armadas contra los insurgentes en las septentrionales provincias de Al Anbar, Salahedin, Nínive y Dahud, y en las centrales Al Anbar, Bagdad y Diyala, el tablado no ha cambiado, la inestabilidad perdura.

Un comunicado del mando norteamericano confirmó la muerte de un soldado cuando un proyectil de bazuca impactó el vehículo en el cual patrullaba en la norteña ciudad de Mosul. En el hecho otros tres militares recibieron lesiones.

Otro soldado también perdió la vida por la explosión de una carga bajo su carro de combate en el cual atravesaba una zona de la región central iraquí, de la que el comando no quiso dar detalles.

Esa batalla continúa y además de afectar a los soldados abiertamente invasores, también toca a los encubiertos bajo cobertura de empresas de seguridad privada y a los socios iraquíes.

La seguridad prometida por el presidente norteamericano, George W. Bush, con el envío de 30 mil soldados a las zonas de mayor complejidad es un tema pendiente, pese a la campaña mediática que persiste en demostrar lo contrario.

Cuando la guerra cumple cinco años, Washington no puede asegurar que el país está bajo control y que la autoridad se extiende.

El panorama se contrapone a la supuesta recomposición post-Saddam prometida por la administración, costeada por el contribuyente norteamericano y regada con sangre de miles de sus jóvenes.

Pocas horas antes de concluir este material, cinco militares estadounidenses perecieron por ataques de los comandos insurgentes, con lo que ascendió a tres mil 968 la cifra de los militares perdidos por Estados Unidos en este país árabe.

Pese a alquilar a nuevos socios en Iraq -como es caso de los destacamentos del Despertar, que enfrentan a los insurgentes y sirven de parapeto al soldado extranjero- las tropas norteamericanas continúan siendo blancos de las acciones de los rebeldes.

El proceso de trasladar la responsabilidad de la seguridad nacional a las fuerzas iraquíes permanece en un marasmo, por lo cual los soldados estadounidenses no pueden replegarse a un segundo escalón, que les retire de la línea de fuego.

Tampoco arrojó los resultados apetecidos el empleo de mecanismos de guerra sucia que pretendieron entronizar patrón de exclusión y enfrentamientos entre comunidades distintas confesional o étnicamente.

Pero hay más, la insurgencia planteó desde el principio que todo elemento cercano a la fuerza foránea era considerado traidor y, como tal, enemigo de los intereses de emancipación.

A quienes actúan como mercenarios, como les identifica la resistencia, al final del camino les esperan sentencias similares a las de sus empleadores.

Uno de los casos que argumentan lo anterior es el del comandante de la brigada de Faluya del Ejército Nacional, Abdel Jabar al Yaburi, quien recientemente murió por la explosión de una carga que los rebeldes le colocaron bajo su vehículo.

Según la policía, Al Yaburi es el oficial de mayor nivel que perece en la occidental provincia de Al Anbar en poco más de un año.

El militar murió exactamente en Ameriyat Faluya, cerca de Faluya, la ciudad que las fuerzas conjuntas trataron en por lo menos dos ocasiones de convertir en una tumba de la resistencia, para lo cual no se midieron ante la probabilidad de cometer masacres.

La muerte del jefe de brigada ocurrió tres días después de que las tropas estadounidenses entregaron a las iraquíes el control del sector norte de Faluya.

En un balance de los cinco años de la invasión contra Iraq tampoco puede obviarse lo que de peligro entraña para el área la presencia de un ejército extraregional, dispuesto a operar más allá del escenario al que fue asignado.

El nivel de inseguridad en el que Estados Unidos colocó a este país árabe, con la errada percepción de que sería un caos controlable, es actualmente una pistola apuntando a las sienes de la zona del Golfo Pérsico.

 

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