En la disputa por la Presidencia de Estados Unidos, demócratas
(cuyo símbolo es el burro) y republicanos (elefante como logotipo)
caminan por sendas diferentes ante el status alcanzado por John McCain,
virtual candidato republicano a la presidencia, mientras que Hillary
Clinton y Barack Obama pelean encarnizadamente los delegados, en una
lucha trinchera por trinchera que podría prolongarse hasta las
primarias de Puerto Rico el 7 de junio.
Los resultados de las primarias del 19 de febrero constituyeron una
clara victoria para John McCain; una "operación de limpieza" más
contra las huestes de la "derecha religiosa evangélica" de Michael
Huckabee. Con los 56 delegados alcanzados en Wisconsin y Washington,
McCain acumula 964 y puede llegar el próximo cuatro de marzo a los
1191 necesarios para garantizar su nominación, sin contar con los
delegados de Romney que se le pueden sumar.
Por eso en los días previos y posteriores a estas primarias los
ataques de McCain se concentraron en las figuras de Clinton y de Obama,
sobre todo contra este último, al tiempo que los aspirantes demócratas
se dedicaron a intercambiar ataques, concientes de que cada delegado
es fundamental para alcanzar la nominación en la Conferencia
El martes pasado Obama amplió su racha de victorias a diez,
ganandole a Hilary Clinton por amplios márgenes las primarias de
Wisconsin (58%-41%) y los caucuses de Hawai (76-24%). Tan importante
como los delegados ganados por Obama (al menos 38 en Wisconsin y 9 en
Hawai) que lo coloca claramente delante de Clinton en el total de
delegados acumulados, incluyendo los superdelegados, fue que Obama
continuó erosionando el apoyo de Clinton en las bases donde había
tenido anteriormente el mayor apoyo: Las mujeres blancas, los obreros
industriales, las personas de medios y bajos ingresos y los
campesinos.
El enfrentamiento se traslada ahora a las trincheras del 4 de marzo
cuando se celebrarán primarias en Ohio, Texas, Rhode Island y Vermont
con 370 delegados no comprometidos en juego. Los expertos señalan que
Clinton está obligada a parar el paso arrollador de Obama, ganando la
votación y con ello la mayor parte de los delegados en Texas y Ohio
(son 333 delegados comprometidos entre ambos estados). De no hacerlo,
estaría en entredicho su viabilidad como candidata demócrata y corre
el peligro de que sus bases y hasta los superdelegados que ya se han
comprometido con ella la abandonen.
Por ejemplo, entre los superdelegados afroamericanos, algunos de
los cuales le habían dado su apoyo desde meses atrás, hay una
tendencia a recapacitar la decisión y al menos uno, el representante
por Georgia John Lewis decidió retirar su respaldo a Clinton y pasarse
al bando de Obama, según el New York Times. Hasta el prestigioso
congresista afroamericano por New York, Charles Rangel, presidente del
Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes y de la
Junta del Comité de Campaña Congresional Demócrata y uno de los
primeros en alentar a Hillary Clinton para que aspirase al cargo de
senadora por New York, ha dejado abierta la posibilidad de un
replanteo del apoyo a la candidatura de Clinton.
En el lado republicano, con el camino despejado hasta la nominación
en la Convención a comienzos de septiembre próximo, la más importante
actividad realizada por McCain desde las primarias del 12 de febrero
fue la reunión de estrategia que celebró el pasado fin de semana con
cinco de los principales funcionarios de su campaña electoral. En esa
reunión discutieron cómo captar fondos adicionales, cuál sería el
clima político en el país en el momento de la Convención republicana y
el tipo de organización de la campaña que se requerirá en lo adelante.
Según informaciones filtradas a la prensa, se aumentará el equipo
de campaña con elementos vinculados a sus anteriores rivales por la
nominación, se buscará captar fondos adicionales con nuevos donantes y
se crearán oficinas en los estados que se consideren cruciales ganar
en la elección del próximo noviembre. Un escollo en los planes es la
permanencia de Huckabee en la campaña porque hasta su retiro no es
posible unir bajo la dirección de McCain los recursos con que cuenta
el Comité Nacional Republicano, a quien se espera encargar de la
identificación, captación y registro de votantes.
Clinton y Obama, por su parte, luchan con denuedo por cada
delegado. En los eventos restantes faltan por elegir 945 delegados no
comprometidos (incluyendo los 9 del territorio de Guam que tiene un
proceso particular. Además, se calcula que hay unos 321 superdelegados
no comprometidos. Hay que tomar en cuenta si se revierte la decisión
de despojar a Michigan y Florida de sus delegados (y es posible que se
llegue a un compromiso), lo cual representaría 213 delegados no
comprometidos más, para un gran total de 1479 delegados aún por
decidir a quien apoyarían.
Como la asignación de delegados en las primarias y caucuses
demócratas se rige por el principio de proporcionalidad, el cálculo es
que ni Hillary ni Obama alcanzarán para el final de los eventos el 7
de junio los 2025 delegados necesarios para la nominación en la
Convención.
Los líderes demócratas tampoco desean que sean los superdelegados
quienes inclinen la balanza hacia uno u otro lado en forma que esté
reñida con la cantidad de delegados que cada candidato haya ganado en
los caucuses o primarias. En este escenario, la idea es que Obama
sacará ventaja en los delegados comprometidos, mientras que Hillary lo
superará en cuanto a superdelegados. Y como esos superdelegados están
integrados, según las reglas del Partido Demócrata, por todos los
integrantes del Comité Nacional Demócrata, todos los representantes y
senadores del Congreso Federal, todos los gobernadores de los estados,
todos los expresidentes y exvicepresidentes del país y todos los
líderes y exlíderes del Senado y de la Cámara de Representantes
federales y los expresidentes del Comité Nacional Demócrata surgen el
temor de que se tache la nominación como "carente de democracia.
(Hacen un total de 796 superdelegados).
Ante esa eventualidad y a pesar de los numerosos e intensos
abordajes de parte de Clinton y de Obama para lograr el apoyo de
superdelegados, hay una fuerte corriente entre estos, encabezada por
el ex vicepresidente y Premio Nobel, Al Gore, la presidenta de la
Cámara de Representantes, Nancy Pelosi y ex aspirantes a la nominación
como los senadores John Edwards, Christopher Dodd, Joseph Biden y el
gobernador Bill Richardson de mantenerse neutrales y reservarse para
una "mediación" o "negociación" previa a la Convención con ambos
candidatos que facilite el retiro de uno de ellos. Es lo que se conoce
en la terminología política de Estados Unidos como una "brokered
convention".
El futuro dirá, pero las estrellas parecen inclinarse por Obama.